vie. Mar 22nd, 2019

Un revés para Nicolás Maduro que pone en evidencia su falta de palabra

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Línea Prensa). Quienes acusan al Papa Francisco de haber adoptado una posición débil ante el régimen chavista dirán que la gravedad de la crisis en Venezuela lo dejó sin margen para seguir ejerciendo una actitud conciliadora –animada por un presunto ideario populista-, que terminaba favoreciendo la continuidad del gobierno que encabeza Nicolás Maduro.

Quienes defienden la posición del pontífice dirán que no está haciendo otra cosa que seguir el manual de la diplomacia vaticana de ir moviendo las fichas con cautela, según la evolución de la situación, preservándose como actor de última instancia, porque el objetivo central no es volar los puentes sino lograr el fin del calvario de los venezolanos.

Lo cierto es que la carta de respuesta del Papa a Maduro ante el nuevo pedido de “mediación” que trascendió ayer constituyó un duro revés para el sucesor de Hugo Chávez. Es que, en otras palabras, Francisco le dijo que no estaba dispuesto a dejarse usar otra vez por él y sus secuaces, luego de que en 2016 una gestión de facilitación del diálogo que encabezó El Vaticano terminó en un rotundo fracaso, fundamentalmente por incumplimiento por parte del régimen de los acuerdos a los que se arribó.

Enfrentados. Juan Guainó, líder opositor, y el presidente Nicolás Maduro (AFP).
Enfrentados. Juan Guainó, líder opositor, y el presidente Nicolás Maduro (AFP).

“Por desgracia, todas (las iniciativas, no solo aquella gestión) se interrumpieron porque lo que se había acordado en las reuniones no fue seguido por gestos concretos para realizar acuerdos”, le señala el Papa.

Además de que prolongó las tremendas penurias del pueblo venezolano, El Vaticano vivió como una gran frustración aquella intervención que se desarrolló entre el 30 de octubre y el 6 de diciembre. Y de la que también participaron la UNASUR y los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá).

Mientras que las desinteligencias –todo hay que decirlo- de la contraparte -los miembros de coalición opositora nucleada en la Mesa de Unidad Democrática- tampoco ayudaron como lo hizo notar en su momento del Papa ante los periodistas en un vuelo de regreso de África, con lo que se ganó el disgusto de la dirigencia opositora.

Por lo demás, aquel fracaso derivó en una dura carta del secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, a Maduro por el incumplimento de los cuatro puntos básicos: medidas urgentes para aliviar el desabastecimiento de comida y medicinas, establecimiento de un calendario para elecciones libres y democráticas, restitución de los poderes quitados a la Asamblea Nacional y liberación de los presos políticos.

Poco después, esa misma carta derivó en una reacción destemplada del régimen chavista contra el purpurado. Y hasta un trasnochado intento de separar la actitud de Parolin con la posición supuestamente más comprensiva del Papa.

De todas formas, una nueva y reciente gestión del pontífice –que él mismo ofreció en el viaje de regreso de Panamá- carecía de destino si el régimen venezolano no dejaba de lado su intransigencia. La autoridad católica de mayor rango en Venezuela, el cardenal Baltazar Porras, a cargo del arzobispado de Caracas, lo dijo a los pocos días con todas las letras: la consideró “inviable” porque Maduro apela a ese tipo de recurso cuando “se ve con el agua al cuello” como ahora por la gran presión internacional y el cerco económico. En otras palabras, cualquier diálogo entre las partes en Venezuela debe derivar en elecciones libres lo antes posible. Lo dice el Papa en su carta: una salida “pacífica e institucional”.

No es un dato menor que en su carta Francisco tampoco se dirija a Maduro como “señor presidente”, sino como “excelentísimo señor”. Lo cual zanja la polémica –y quizá calme a los que lo criticaban por su indefinición- sobre su posición ante el conflicto institucional por la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino.

Con todo, se descuenta que El Vaticano está participando de gestiones reservadas con otras instancias diplomáticas para lograr la salida de Maduro. Como hace dos años cuando intervino para que La Habana lo asilara. Pero lo cierto es que no quiere hacerle el juego al líder chavista con otra mediación fallida

Fuente: Clarín

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