mié. Jul 24th, 2019

Tres años antes del pacto por AMIA, el gobierno de CFK intentó comprarle a Irán un rompehielos

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). El gobierno de Cristina Kirchner intentó entre el 2009 y el 2010 comprar un rompehielos ruso a Irán para reemplazar al incendiado buque polar “Almirante Irízar”, lo que muestra la flexibilidad política del kirchnerismo hacia el régimen iraní desde tres años antes de firmar el memorándum de entendimiento por el atentado a la AMIA.

Desde el ataque terrorista de 1994 contra la mutual judía, la Argentinahabía reducido sus relaciones diplomáticas de embajador a nivel de encargado de negocios y, también, sus relaciones comerciales directas, por la acusación de la Justicia contra ocho ex funcionarios iraníes acusados de ser los autores intelectuales del atentado perpetrado por un comando de la Jihad Islámica que respondía el Hezbollah del Líbano.

Dos años antes, el gobierno de Carlos Menem había suspendido el envío de una planta experimental de purificación de uranio de INVAP para Irán, lo que ya había perjudicado las relaciones bilaterales.

Sin embargo, en noviembre de 2009 la entonces ministra de Defensa, Nilda Garré, aceptó estudiar una propuesta para comprar el rompehielos ruso “Persian Pearl”, que estaba en manos de una empresa petrolera de Irán, anclado en un puerto de ese país donde sus usinas eran usadas para producir energía eléctrica.

Las relaciones con Irán habían estado, entonces, congeladas hasta enero de 2011 cuando, a pocos meses de la muerte de Néstor Kirchner, el entonces canciller Héctor Timerman, se reunió en Alepo, Siria, con su colega iraní Alí Akbar y comenzó el deshielo y las negociaciones que terminaron en 2013 con el pacto con Irán que dos años después denunciaría el ex fiscal de la AMIA Alberto Nisman.

Ante un pedido de acceso a la información pública presentado por Clarín, el Ministerio de Defensa, luego de una difícil búsqueda, encontró documentos de este expediente reservado que confirman el intento de compra.

Además, fuentes militares confirmaron el contenido de la documentación y dieron más detalles de la operación.

El expediente se abrió el 6 de noviembre de 2009 cuando el entonces jefe de la Armada, almirante Jorge Godoy, transmitió a la ministra Garré una propuesta de venta del rompehielos “Persian Pearl” por parte de Gustavo Nordensthal, apoderado de la empresa Surnav S.A., que hacía de intermediaría de la iraní Kito Enterprises LLC.

El “Persian Pearl” es el gemelo del rompehielos “Vasily Golovnin” que se alquiló para casi todas las campañas antárticas hasta 2017 cuando, con varios años de retraso, el Irízar terminó de ser reparado.

Ambos tienen una eslora de 159 metros y una manga de 22 lo que le permite tener siete grúas, cuatro bodegas, gimnasio, sauna y un hangar portahelicópteros, entre otras características.

Unos días después, Garré elevó una copia del informe -elaborado por el subsecretario de Planificación Logística, Gustavo Sibilla- al jefe de Gabinete de ministros y luego se decidió mandar un equipo de marinos a inspeccionar el buque, encabezados por el contralmirante Jorge González.

Para ello se acordó llevar al “Persian Pearl” frente a las costas del puerto de Dubai, donde fue revisado por los argentinos entre el 5 y el 10 de febrero del 2010. El informe “técnico operativo” de 18 páginas, elaborado por los especialistas argentinos, describe exhaustivamente las características del buque construido en 1987 en Ucrania. Antes, se habían reunido con el gerente comercial de la empresa iraní Kito, Amir Mirnateghi, en Dubai.

En el documento se puntualiza que el buque “tiene inconvenientespara dar potencia máxima por problemas en el sistema de propulsión” debido a la falta de repuestos por su “diseño militar” y ante las restricciones contra Irán por su programa nuclear.

El barco tenía en ese momento un permiso de navegación del Registro Italiano Navale (RINA) y un certificado de la autoridad marítima de Saint Vicent and The Grenadines.

Luego se analizó detalladamente el control de propulsión, los grupos de generadores, los tanques de combustibles, las bombas auxiliares, las calderas y otras partes. Sobre las tuberías el informe advierte que están recubiertas de asbesto, una variedad del amianto que produce el cáncer y otras enfermedades.

En la parte de las conclusiones, el informe precisa: “El buque ha perdido su clasificación para navegación en hielo y únicamente se lo utiliza como plataforma flotante para alojamiento de personal. Su reclasificación no es un mero trámite administrativo, sino que implica la ejecución de tareas de magnitud que deben ser observadas y aprobadas por el ente clasificador”.

Más adelante, dice que para operar el buque en la Antártida había que “crear un régimen de importación especial referente a los asbestos” y modernizar su sistema de máquinas y electricidad, entre otras modificaciones.

El informe concluye que “el estado general del buque es deficiente, no obstante es apto por su diseño y capacidades para realizar operaciones en la Antártida”.

Después el contralmirante González, entonces segundo comandante de operaciones de la Armada, hizo una exposición en el Ministerio de Defensa.

El expediente no dice que finalmente por qué fue rechazada esta oferta. Pero fuentes militares explicaron que se decidió “fundamentalmente por el problema con el asbesto y otros inconvenientes técnicos” en el marco de un deficiente estado general del rompehielos.

Fuente: Clarín

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