sáb. Dic 7th, 2019

Aborto no punible: la historia secreta del temblor que sacudió al Gobierno a tres semanas de dejar el poder

CIUDAD DE BUENOS ARIES (Compacto Político). “Nos enteramos por los diarios”, confió un miembro del Gabinete para revelar cómo se había iniciado la crisis política que causó la publicación del nuevo protocolo del aborto no punible realizado sin autorización por Adolfo Rubinstein, el secretario de Salud que aún está bajo las ordenes directas de Carolina Stanley, ministra de Acción Social y amiga personal del Papa Francisco.

La inesperada publicación decidida por Rubinstein exhumó las profundas diferencias ideológicas que provoca en Cambiemos la simple mención del aborto y su eventual despenalización. Referentes de los pañuelos celestes y verdes, con puestos poderosos en la Casa Rosada y el Parlamento, avanzaron sobre el Ministerio de Acción Social para exigir la cabeza del secretario de Salud o respaldar su decisión unilateral de publicar el protocolo de despenalización.

Rubinstein nunca informó a la ministra Stanley y aprovechó su peso político y administrativo para ordenar la publicación del Protocolo en el Boletín Oficial. Tras leer la noticia en los portales de noticias, Stanley llamó por teléfono al secretario de Salud para exigir explicaciones. Al otro lado de la línea, Rubinstein no perdió la calma pero tampoco pidió disculpas por semejante decisión unilateral.

Hace años que Mauricio Macri y Francisco tienen frías relaciones diplomáticas y el Presidente no tenía intenciones de terminar su mandato con otra escaramuza con el Vaticano. El presidente se comunicó con Stanley y le pidió que redactara otra resolución derogando la publicación inconsulta del secretario de Salud. Tras la instrucción presidencial, la ministra de Acción Social reunió a sus asesores y se puso a escribir contra reloj para derogar cuanto antes la inesperada autorización del Protocolo.

Francisco y Mauricio Macri durante su primer encuentro en el Vaticano
Francisco y Mauricio Macri durante su primer encuentro en el Vaticano

Mientras Macri instruía a Stanley para anular un Protocolo que no tenía consenso político, la Conferencia Episcopal Argentina se comunicó con la Secretaría de Culto para saber qué había sucedido para permitir semejante paso institucional a pocos días de entregar el poder. La respuesta fue simple, lacónica y contundente: “Rubinstein se cortó solo”, dijo un funcionario laico que minutos antes había hecho la misma pregunta a la ministra de Desarrollo Social.

Los miembros de la Conferencia Episcopal escucharon con atención a su habitual interlocutor del gobierno, pero no se quedaron tranquilos. A esa altura del día, Rubinstein seguía en su cargo, y la resolución habilitando el protocolo del aborto no punible continuaba vigente en términos legales y administrativos.

La publicación del Protocolo no sólo causó repercusiones palaciegas. En las redes sociales, la coalición de Cambiemos crujió sin eufemismos: los dirigentes radicales Emiliano Yacobitti, Ernesto Sanz y Martín Lousteau respaldaron la decisión de Rubinstein, mientras que el senador Federico Pinedo cuestionó con fiereza al secretario de salud.

Macri ordenó a Stanley que derogara el Protocolo, y todo el gobierno aguardaba que Rubinstein presentara su renuncia frente a la crisis que causó. Sin embargo, el secretario de Salud por ahora se mantiene en su cargo. “No lo vamos a convertir en un héroe ni en una víctima; no le vamos a pedir que se vaya. Se tiene que ir solo; se pasó de rosca”, advirtió a Infobae un miembro del gabinete que conoce los secretos de la casa Rosada.

Mauricio Macri y Adolfo Rubinstein, en otros tiempos políticos
Mauricio Macri y Adolfo Rubinstein, en otros tiempos políticos

La publicación del Protocolo agregó una cuota de tensión inesperada a la transición política. Stanley espera terminar con su propia resolución y publicar en el Boletín Oficial. De todos maneras, la situación es compleja y peculiar: cómo se hace para revertir una decisión administrativa legal por otra de la misma naturaleza y de sentido contrario. Macri, Peña y Stanley están muy contrariados por la situación: asumen que es una muestra del poder que ya no manejan ni administran.

El secretario Rubinstein jura que actuó de buena fe, y por ahora no piensa renunciar.

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