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Sábado 13 de Octubre de 2018
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Será el primer arquitecto criado en la Villa 31 y sueña con hacer un hospital para sus vecinos

César Sanabria tiene 34 años. Le quedan sólo tres materias. Pero el camino fue difícil.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). El equipo de Clarín arriba a la terminal de micros de Retiro. En el puente 5 espera César Sanabria. Está fumando. Tiene un casco blanco de obras bajo los brazos. Saluda. Dice que su mujer y su hija de tres años están en su casa, que queda en el barrio Padre Mugica, de la Villa 31. Se le plantea hacer la entrevista en su domicilio. "Pará que la aviso primero a mi mujer", responde. "No le gusta que lleve visitas sin avisar". La mujer no atiende la llamada. Sanabria decide ir igual.

En el camino cuenta cosas sobre su vida. Dice que le falta poco para recibirse de Arquitecto en la UBA. "Me faltan tres materias. Pero también tengo que dar un par de finales". comenta. "Espero que este fin de año me pueda recibir", agrega y ya palpita el sueño de tener un título universitario. Eso lo convertirá en el primer arquitecto de la villa.

César tiene un puesto de accesorios de celular en la feria de la villa. Atrás de la terminal de micros. Vive de eso. Un par de metros más adentro del asentamiento está su casa. En el camino va saludando a mucha de la gente que se cruza. "Tengo muchos amigos", comenta. Y el "viaje" hacia al interior del barrio continúa.

Se detiene frente a una puerta de chapa negra, sobre la cual hay un número escrito a mano que indica su dirección. Del otro lado se levanta una escalera caracol de acero que conduce hasta el hogar de César. "Suban con cuidado", pide.

La mujer de César, muy amable, y su hijita, que mira con curiosidad, reciben a los periodistas "¿Quieren hacer la nota en el estudio?", pregunta. En ese cuarto, César tiene un computadora con Internet y muchos de sus trabajos de la facultad. En ese mismo lugar es posible comprender el esfuerzo enorme que está haciendo para poder recibirse.

La terraza es un gran lugar para sacar fotos. Otra escalera caracol y todo el cielo de Buenos Aires. César muestra una de sus maquetas y saca el portafolio con su materiales de facultad.

Dice que tiene la idea, una vez que se reciba, de hacer un hospital adentro de la villa. "Uno de mediana complejidad. Porque acá es un problema la salud. Hay que abrir calles para que las ambulancias puedan entrar. Hay salitas de primera urgencia, pero se necesita un hospital", cuenta Sanabria como si ya tuviese todo el plano terminado en su cabeza.

César prácticamente nació en la villa. Tiene 34 años. Se crió en Retiro. "Mi viejo laburaba en la construcción. Falleció cuando yo era adolescente. Y creo que de él saqué la pasión por la arquitectura y la construcción", explica.

Su vida no fue nada fácil. Coartada por las carencias y las necesidades que aparecen en una situación de vulnerabilidad social. Trabaja desde los ocho años. "Ayudaba a mi viejo en las changas. Le lustraba los zapatos, le lavaba la indumentaria. Hacía lo que podía", recuerda. Mientras hacía esto, Sanabria estudiaba y trabajaba para terminar la escuela.

"Hay un colegio cercano, a 300 metros, donde hice jardín, primaria y secundaria", dice.

Cuando su padre muere, él tenía once años y tuvo que hacerse cargo de la familia. "Era menor de edad y me la rebuscaba con lo que sea. Cuando crecí empecé a trabajar en obras. Trabajé en el hospital Muñiz. Ahí aprendí muchísimo. Ese fue el primer disparador para elegir arquitectura. Yo veía a los ingenieros y arquitecto dirigir la obra. Y eso me inspiró para elegir esta carrera", confiesa César.

Tiene muy en claro qué le gusta de esta profesión. "Me encanta diseñar y la ejecución de obra", dice. Y aclara que le costó mucho estudiar. "No es una carrera fácil. Es mucho tiempo que le tenés que dedicar. Además los materiales son caros de costear".

"¿Cómo hacías vos para comprarte los materiales?", le pregunta este cronista. "Muchas veces me iba a los centros de estudiante y me daban una beca parcial o total. También tuve que hacer changas para poder pagarlos", cuenta.

César arrancó en el 2007 la facultad y confiesa que abandonó varias veces porque no podía cubrir los gastos. "Yo en el medio me casé, tuve una hija y la situación económica no alcanzaba. Fue una carrera bastante accidentada". Pero aún así, Sanabria siguió adelante y este año espera recibirse.

"No soy una persona de oficina. Me gusta estar en la construcción", comenta. "¿Y tu sueño cuál es?", le pregunta este cronista. "Recibirme y empezar a trabajar como arquitecto y hacer mi aporte el proceso de urbanización del barrio, que es muy importante", responde sin titubear.

Cuando terminan las fotos, Sanabria acompaña a Clarín hasta la salida. Una escalera caracol, otra más y las terrazas irregulares del Barrio Mugica van desapareciendo. Vuelve a surgir la laberíntica estructura de la villa. César, que además maneja la cooperativa Los Principitos de Retiro, saluda con mucha calidez y cuenta otro sueño suyo: "Hacerle un homenaje a Mugica junto al artista ‎Andrés Zerneri".
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