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Sábado 07 de Julio de 2018
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Precios, dólar, tasas y encima, el FMI

Por: Alcadio Oña para Clarín
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), una encuesta que el Banco Central realiza cada mes entre medio centenar de especialistas, acaba de ponerle un par de números al impacto de la crisis cambiaria. Desde luego poco estimulantes, uno de ellos calcula que la inflación anual terminará en el 30% y el siguiente, que la economía apenas crecerá un 0,5%.

Basta cruzar esos datos con los del REM de diciembre de 2017, para confirmar que la maxidevaluación no figuraba ni por casualidad en los papeles de los analistas. Podría agregarse: tampoco figuraba en los papeles de los funcionarios que en sólo seis meses el dólar subiese arriba del 50%, o que se les escapara olímpicamente de las manos.

Del mismo cruce de relevamientos surge justamente una medida vinculada a la magnitud del shock cambiario: donde hoy dice precios al 30% anual antes decía 17,4% y el crecimiento que ahora sería del 0,5% antes se pensaba en el 3,2%.

Todo eso, que ya es mucho, adquiere otro sentido cuando el foco va de la inflación al Fondo Monetario. Es que según el acuerdo esa variable representa “una parte crítica de cada revisión” que el organismo haga sobre el cumplimiento de los compromisos asumidos por el Gobierno.

Un índice de precios del 30% como el que se proyecta superará la “meta central” del 27% pactada con el FMI, pero la cuestión no está ahí sino en el hecho de que el registro también desbordará la banda clave del 29%. Y desbordar el 29% implica ingresar en un territorio resbaladizo.

Llegado ese punto, el convenio dice que “el BCRA discutirá con el staff del Fondo la respuesta política apropiada” para encarrilar el proceso inflacionario. Puesto de otra manera, los funcionarios de Washington encargados del caso argentino plantearán un endurecimiento de la estrategia antinflacionaria y los locales aceptarán.

De todos modos el riesgo mayor aparece en la estación siguiente. Si el índice pasa el 32%, el préstamo quedará suspendido a la espera de que correcciones obviamente más fuertes superen el examen de la Junta Ejecutiva del FMI, o sea, del directorio del FMI.

El 32% puede sonar a un número demasiado alto, solo que si es por eso algunas consultoras barajan más de 30%: un 31,8% dice la Fundación Capital que dirige Martín Redrado. Asoma evidente, por donde se mire, que al Gobierno le sobran motivos para preocuparse por los precios.

De vuelta a las proyecciones del REM, ahora la que anota crecimiento del 0,5%. Si eso luce a muy magro, el mismo 0,5% calculado por habitante vira de muy magro a menos de cero. Como parte del convenio con el Fondo, el Gobierno estimó entre 0,4 y 1,4% pero con una aclaración: para el manejo de las cuentas públicas aplicará el 0,4%, una forma de remachar el compromiso con el ajuste fiscal.

Las noticias del día a día, el juego de bonos, los retoques sobre la marcha, la misma fiebre financiera, dejan claro que hoy las preocupaciones del Banco Central no pasan ni cerca de la economía real. En sus planes la prioridad consiste en encontrarle una salida a la crisis del dólar y, sobre todo, alcanzar la estabilidad cambiaria.

Y es tanta la urgencia, que Luis Caputo, el jefe del BCRA, ha llegado a dispararle con tasas de interés del 48, del 50 y hasta del 75%. Eso es parte del plan estabilizador, como de hecho lo son sus efectos: los crujidos en las cadenas de pagos, el financiamiento inalcanzable y alguna línea crédito del tipo salvataje.

Pero como salta evidente que un remedio así de gravoso no puede ser para siempre, un analista del mercado aventura: “Van a reducir las tasas recién cuando estén recontra seguros de que la poda no hará revivir la corrida cambiaria. Pienso en unas tres semanas”.

Claro que previamente habrá que pasar por el tamiz de otra cláusula asumida ante el Fondo. Dice: “El BCRA se compromete a no relajar las condiciones monetarias (...), en particular bajando la tasa de política monetaria, hasta que se lleve adelante una discusión con el staff del FMI”. Es igual a pedir la venia de los controladores antes de tocar nada.

Además de supertasas, dentro del menú de Caputo hay depósitos inmovilizados que llegan al 26% del total y van camino del 28%; trueque de Lebacs en pesos por Letes en dólares, esto es, deuda pública en moneda nacional convertida en deuda dolarizada; más subastas de US$ 100 millones apalancadas por el préstamo del FMI.

Todo apunta a que una caída de la cantidad de pesos en circulación acote la demanda de dólares y de seguido le baje el precio. Como ocurre con tantas cosas, el operativo se medirá según sus resultados.

Sobre eso hablan precisamente dos datos bien recientes: el viernes de la semana pasada, cuando las súper tasas ya estaban lanzadas, el billete cerró a $ 29,66. Este viernes cotizó a 28,64, o sea, un peso menos.

Una interpretación crítica diría que es poco para semejante movida y otra, más o menos optimista, que se logró contener la suba. En las dos sobreviven los costos.

En tren de ejercicios, otro de estos días alude a la limitada cantidad de tenedores de Lebac que eligió canjearlas por Letes del Tesoro Nacional, pese a que había dólares de por medio. Para algunos analistas, eso estaría mostrando que muchos inversores prefieren mantenerse en pesos, o el triunfo de la tasa sobre el dólar o del 47% de las Lebac.

Puede ser, solo que la misma interpretación puesta al revés plantea el riesgo de bajar las tasas; si se prefiere, la necesidad de mantenerlas tal cual están por un tiempo aún indefinido. Eso sí, la economía real continuará esperando.

Lo concreto finalmente es que para colocar US$ 422 millones en Letes a sólo 379 días el Gobierno debió pagar 5,5%, un punto porcentual por encima de la licitación anterior.

El costo del financiamiento para el Estado, cuando no la ausencia de financiamiento, resulta la expresión más cruda de la vulnerabilidad argentina. Igual que la escasez de dólares y la posibilidad de que cualquier presión de la demanda pueda levantar el precio.

Según estimaciones privadas, las necesidades financieras del año próximo rondarían US$ 15.000 millones, adicionales a los fondos que provendrán del préstamo del FMI. Y si fuese inevitable acudir al mercado internacional, el costo andaría por el 9,5%.

Otro dato del mismo color: entre abril y mayo, salieron del país US$ 2.600 millones que habían ingresado y, luego de ser convertidos a pesos, fueron apostados a las Lebacs. Nada desconocido: inversiones volátiles, bicicleta financiera y, al fin, una muy limitada capacidad para generar divisas propias.
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