7 marzo, 2021

Eduardo Duhalde: "no descarto un acuerdo con Mauricio Macri

Por Magdalena Ruiz Guiñazú

Frase. “Por lejos, nuestro país es el principal productor de alimentos per cápita en el mundo. Además, somos poquitos ¡40 millones! Producimos un poco menos soja que Brasil, pero ellos son 200 millones de habitantes.”
Indudablemente, la fotografía que agrupó al Justicialismo Federal causó un enorme revuelo político.
Llueve a cántaros sobre Buenos Aires y Eduardo Duhalde apura los preparativos para el vuelo que lo llevará esa noche hacia Sudáfrica. Hay mucha actividad en el enorme búnker que, desde las alturas de un piso 11, contempla el imponente fresco de la cúpula del Congreso Nacional.
—El mensaje parecería indicar que ustedes han comprendido que, divididos, no van a alcanzar ningún resultado.

—Así es. Sí. Además, esto es una necesidad para los que estamos oponiéndonos al kirchnerismo. Debemos lograr una unidad que nos permita ganar las elecciones. En mi caso en particular (porque no me gusta hablar por el conjunto), creo que este gobierno ha hecho una tarea extraordinaria en cuanto a la degradación de la institución en la Argentina. Tenemos que decidir si queremos ser Brasil o queremos ser Venezuela. Y yo creo que con Kirchner o con la señora Cristina vamos hacia un sistema chavista en Argentina.
—Volviendo a la foto, Dr. Duhalde, no podemos tampoco dejar de pensar en el Pacto de La Moncloa, del cual usted ha hablado tantas veces.
—Bueno, esto es parcial. En realidad en el documento establecimos que no solamente habrá acuerdos parlamentarios aquí enfrente (y señala la mole del Congreso) sino que buscaremos acuerdos con las demás fuerzas políticas. En este caso, la buena noticia para los argentinos es que con una tarea, yo diría protagónica, de Rodolfo Terragno, con quien hemos trabajado mucho (él se mueve todo el día, más que yo, con relación a este tema), hemos logrado que, con el documento del otro día, tanto el socialismo con Binner, todo el radicalismo, PRO con Macri y el Peronismo Federal hayamos planteado la necesidad de trabajar sobre políticas públicas a mediano y largo plazo, cosa que es imprescindible para salir de esta gravosa situación. Y hemos avanzado mucho. En este lugar, sede del Movimiento Productivo Argentino (que, es bueno recordar, hemos creado en 2001), han comenzado las tareas. Y no será el único porque hemos federalizado también el trabajo de las comisiones que se ocupan de las políticas de Estado. Mire, en el mes de abril nos dedicamos íntegramente al tema energía. Si estamos con reservas sólo para nueve años, era crucial desarrollar un programa para diez o veinte años, y nos pareció lógico empezar por allí. Reunimos entonces a los últimos ocho secretarios de Energía del Estado y hemos llegado a conclusiones que, seguramente, configuran una política de Estado. Eso fue, le repito, durante el mes de abril. Luego, dedicamos todo el mes de mayo al campo, empezando por el tema lechería, con un plan 2010/2020 para duplicar no solamente la producción lechera y derivados sino también la cantidad de productores. Teníamos allí un doble problema: seguimos produciendo 10 mil millones de litros de leche, como hace diez años, pero antes lo hacíamos con 17 mil tambos y hoy lo hacemos con 10 mil. En el mismo período de tiempo, Brasil, que logró su autoabastecimiento, creció en 80 mil productores.
Y Argentina tiene un doble problema: no sólo de producción sino de quién produce. Además, nos hemos ocupado de economías regionales y reunimos a los hombres más destacados de los partidos para tratar el tema. También vino Alfredo De Angeli y terminamos el mes con las cuatro entidades del agro haciendo lo que yo llamaría los primeros palotes. Es un tema muy complejo también para llegar a acuerdos y sentar una política de Estado. Debemos darle a la Agricultura un tratamiento adecuado y la idea que yo he expresado es que tenemos que liderar el campo y quitarle las trabas que tiene por todos lados y que, diría yo, se manifiestan muy claramente. Fíjese que, por ejemplo, es una vergüenza que Paraguay esté vendiendo más carne vacuna que nosotros.

—Y Uruguay también exporta más carne que nosotros.

—Uruguay ya nos pasó y ahora es Paraguay también. Es decir que este gobierno es un gobierno con mentalidad municipal.
—¿Municipal?
—Sí, claro. Tienen esa mentalidad porque han estado siempre allí, en Río Gallegos, y no entienden nada de lo vinculado con la producción. Nosotros le dejamos un modelo productivo que se basaba en primer lugar en el diálogo. El Diálogo Argentino que fue permanente con seis mil personas interviniendo en él y además creando las estructuras imprescindibles para explotar nuestra diversidad productiva. Y no es “nada más” que agricultura y ganadería: necesitamos liberarlos y bajarles las retenciones progresivamente. Las primeras deberían ser este año y por lo menos 5%. Tenemos que dejar que se capitalice el sector primario si es que queremos que explote la agroindustria. Pero aquí se ha hecho lo contrario. Y este mes es el mes del Mundial, pero seguimos trabajando con la misma dinámica y aun con distintos pensamientos. El tema económico es prioritario para el año que viene.

—¿Ustedes irían con un candidato único?

—Sí. Con una fórmula única que se resolverá por consenso o de otra manera; lo ideal sería un consenso pero también es proyectivo poder hacerlo para una elección. Esto no es tan fácil.
—¿La idea de una primaria sería un plan B?
—¿Una elección previa? Sería un plan alternativo. Yo creo que al llegar a fin de año ya estará claro qué fórmula (de lo que hoy representa el Peronismo Federal) enfrentará al kirchnerismo. Ahora no es necesario. Lo importante sería presentar a fin de año no sólo la fórmula sino anunciar quién va a manejar Relaciones Exteriores, quién será el jefe de Gabinete… Es necesario plantear un equipo porque hoy necesitamos equipos formados para darle certidumbre a la gente.
—A propósito de equipo, Dr. Duhalde, sáqueme de una duda: ¿por qué Reutemann se sacó, después, una foto solo con De Narváez?
—Todos nos sacamos fotos individuales. No las habrán publicado pero fue así. Ese día la reunión estaba prevista para las 16 y Busti, el ex gobernador de Entre Ríos, tenía urgencia en volver a su provincia por el tema del puente. Entonces, hicimos las cosas desordenadamente a medida que fuimos llegando en forma escalonada. De aquí a fin de año es importante no generar ningún conflicto por el posicionamiento. Que cada uno haga lo que crea que tiene que hacer y que no haya ningún cruce entre nosotros. Estos acuerdos deben consolidarse y la forma de consolidarlos es muy clara: a los adversarios (ni siquiera hablo de enemigos) los tenemos enfrente y, en todo caso, ocupémonos de plantear qué haríamos cada uno de nosotros. Y ese “qué haríamos” está muy vinculado con lo que estamos trabajando junto al resto de los partidos políticos.
—Por ejemplo, ¿ustedes irían a una interna dentro del Partido Justicialista? ¿O lo harían por afuera?
—Esto la gente no lo tiene muy en claro porque se habla como si hubiera una interna previa del justicialismo y no la hay. El justicialismo tiene autoridades hasta fines del año que viene. Por lo tanto, a las elecciones vamos con estas autoridades. No podemos cambiarlas. Otra cosa es cuando me preguntan si vamos a ir a la interna que convoca la nueva ley de partidos políticos o si vamos a ir por afuera del justicialismo. Y eso es lo que todavía no se ha decidido porque con razón Felipe Solá desconfía de que se produzcan cambios, pero si se dieran todas las garantías… sería fruto de un acuerdo. Un acuerdo en el que tendría que estar incluida la posibilidad de que los partidos chicos pudieran presentarse. A ellos los han trampeado. Los han ayudado a sacar la ley y después la han vetado; si podemos modificar (entre toda la fuerza política) por lo menos este tema tan importante y llegar a un acuerdo serio que se plasme en la modificación de la legislación, yo creo que sería un paso adelante para que cada uno vaya dentro de su partido.
—No sé si me equivoco, pero la nueva ley de reforma electoral (redactada por Kirchner) habla de internas abiertas recién para agosto de 2011. Es un plazo ínfimo frente a las elecciones.
—Lo que usted dice es correcto: no hay elecciones antes de esa fecha pero esto tiene una doble lectura: en primer lugar, quizá lo hayan hecho porque hay que mantener el poder hasta último momento y si las elecciones son muy previas puede ser que quede un gobierno debilitado. Y puede ser, también, porque… tengan intenciones de cambiar sorpresivamente en algún momento porque todas estas cosas son dables de esperar en quienes no han respetado ninguna norma electoral hasta ahora. Por eso digo yo que tenemos que ser muy cuidadosos, que no debemos ser imprudentes pero tampoco ingenuos.

—¿Si van por afuera es porque piensan que Kirchner prepara un fraude
?
—Si se va por afuera es porque la ley electoral que se votó de apuro, a los empujones, se hizo como un traje a medida para este gobierno. Dificulta en extremo la presentación de candidatos contrarios al oficialismo. Por Carta Orgánica del partido exigen que por lo menos cuatro presidentes de distrito autoricen que se presente un afiliado como candidato. Y luego también establecen un serio inconveniente para que el partido (antes del 14 de agosto) elija las alianzas. Allí quedan comprometidas todas las líneas internas. Ergo: nuestro sector va a elecciones y después tiene que aliarse con el partido de la victoria. Esto tampoco se puede permitir. Nosotros queremos hacer nuestras propias alianzas e ir con ellas a la elección. Y el que gane va con las alianzas que hizo antes de las elecciones.
—¿Ustedes integrarían a Macri?
—Por más que, recientemente, hemos estado trabajando juntos en la provincia de Buenos Aires con De Narváez y con Solá, no es improbable que también logremos algún acuerdo con Macri. No es para nada improbable, ya hemos estado juntos en la interna de la provincia pero… habrá que esperar. El tiempo dirá… no podemos adelantarnos y mostrarles las cartas a nuestros adversarios.
—No sabemos si es cierto, pero hay quien dice que el Justicialismo Federal quiere, en cambio, reformar la ley electoral para las internas en los primeros meses de 2011, ¿es así?
—Claro, para reformarla. Para darles seguridad a todos. Un acuerdo global de los partidos políticos para que sean elecciones transparentes. Si esto se hace en marzo, luego no queda tiempo. Hay que hacerlo antes porque esta ley, que ya ha sido votada, tiene exigencias. Por ejemplo, que los que se quieran ir del partido y afiliarse a otro tienen que hacerlo antes de marzo. Todo lo que se haga tiene que ser a fin de este año. Es una fecha límite.

—Hace algunos días la encuestadora Management & Fit le dio a Kirchner el 40,9% de imagen negativa, pero a usted le asignó el 42,2% también de imagen negativa. ¿Usted piensa que se debe al desgaste de mando que tuvieron los dos al ser presidentes?

—En el caso mío, no. Y le explico por qué: me fui de la presidencia con el 52% de imagen positiva pero, en 2005, cuando mi esposa decide ser candidata a senadora, lo primero que hace la Dra.Kirchner desde la cúspide del poder es denunciar un complot y enviar a su filósofo (como siempre digo) ¡D’Elía! a fatigar las radios y los canales acusándome a mí y a todos los que me acompañaban de ser una especie de mafia que manejaba la droga y que esto y que lo otro… pero siguiendo una tradición personal, jamás contesté esos agravios. Sobre todo si venían de esos niveles de pobreza espiritual que caracteriza a este gobierno. Ellos mandan decir cualquier cosa. Pero yo voy a la Justicia, como lo he hecho siempre, y en la Justicia quedaron desenmascarados. Poco a poco la verdad emerge y la gente se dará cuenta de que lo que me hicieron a mí después se lo hicieron al campo. Los arados eran tanques de guerra. Estas cosas de un lenguaje bélico que, debo decir, es la vieja política. Todo lo que tiene que ver con el enfrentamiento es la vieja política. La política que, en la Argentina, a mediados del siglo pasado, cuando el peronismo completaba una revolución irigoyenista incorporando todos los sectores a la clase media, también se hizo a los empujones. Se hizo mal. Se hizo a las trompadas. Preso Balbín. Preso Palacios. Cuando Perón vuelve de su exilio en España observa algo extraordinario y es que los europeos, después de cincuenta millones de muertos, se dan cuenta de que las peleas no sirven. Y comienzan los acuerdos. Se cambia el lenguaje bélico por el lenguaje del entendimiento, de la integración, del acuerdo. Y Perón vuelve con eso. Es lo que no entiende este gobierno. El abrazo de Perón con Balbín (su máximo adversario en aquellos años) venía a clausurar una etapa de enfrentamientos y el mismo Perón, dos meses antes de morir, hizo cosas muy importantes. El mismo decía que era un verdadero milagro poder dialogar con los adversarios políticos y tener posiciones distintas y, sin embargo, llegar a puntos de acuerdo. Y califica el discurso ante la Asamblea Legislativa del 1º de marzo de 1974 como una revolución en sí misma por el solo hecho de decir que “para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”.
Perón vino con el mensaje europeo. El mensaje de la paz y del entendimiento que concluye con la construcción institucional sin comparaciones en la historia de la humanidad que es la Comunidad Económica Europea. Entonces, esta gente no lo entendió. Y siguen con la pelea. Durante siete años no han recibido a los partidos políticos de la oposición. Y cada vez que un partido político exhibe a un dirigente, lo que hacen es denostarlo, criticarlo… es increíble que esto ocurra en esta época. Ahora es el tiempo del ejemplo: miremos hacia otros países. Por ejemplo Brasil, que tiene un pensamiento estratégico. Este gobierno, en cambio, tiene un pensamiento retrógrado que no tiene nada que ver con el futuro. Tampoco con un plan o con un programa. Todo es retroceso. ¿Y sabe por qué subsiste este gobierno? Porque la Argentina es tan poderosa que este programa, este sencillo plan que yo puse en marcha con todos los condimentos indispensables para que lo productivo triunfara, hoy está agonizando. Y le digo más: está agonizando y se mantiene porque han echado mano a las cajas. ¡A la caja de los jubilados! A la Anses.
—Es todo un tema. ¿Qué van a hacer ustedes con los 9 mil millones de la Anses para impulsar el consumo y los 96 mil millones (tapa del diario “La Nación”, el 13-6-10) para hacer política en el gobierno de la presidenta Cristina Fernández?
—Esta es la irresponsabilidad de un gobierno que, como dije antes, tiene un criterio municipalista. Por ejemplo, en materia de productividad. En su provincia no había producción, no había productividad, y tanto Kirchner como su esposa son el ejemplo rentístico más claro. Jamás se les ocurre una idea vinculada con producir nada. ¿Por qué? Como decía, es una provincia que tiene esas características: empleados públicos, pesca en alta mar y poquitas cosas más. Entonces, es muy difícil que estas personas entiendan que la Argentina tiene una inmensa potencialidad. Pero no en un solo lugar ni solamente con el agro. Esto es lo que no entienden. Yo siempre pongo el ejemplo de San Luis: es una provincia que no ha sido beneficiada por la naturaleza. Es árida, sin grandes recursos. Pero al igual que otros países que no tienen recursos naturales, San Luis tiene dirigentes que han entendido que hay que aprovechar y explotar otro tipo de actividades que no están vinculadas con los recursos naturales. Y yo me pregunto si San Luis ha podido hacer eso… San Luis ya no es una provincia expulsora. Todas las provincias del NEA y del NOA son naturalmente más ricas que San Luis. Antes se quejaban porque estaban lejos del puerto y ahora están más cerca del Pacífico y del gran mercado consumidor que es Brasil. Por lo tanto, si nos damos políticas vinculadas con el desarrollo productivo de esa zona y Argentina crece armónicamente, yo creo que con cuatro o cinco gobiernos con políticas públicas de continuidad, no tenga duda de que Argentina nuevamente va a ser una preocupación para Brasil. Esto lo digo medio en serio y medio en broma porque a mí me tocó, cuando presidí el Mercosur, tener una oficina en Itamaratí porque me habían encomendado crear la Unasur.
—¡Ironías del destino! Kirchner es su presidente.

—Sí, ironías del destino, pero estando en esa oficina un día vino un secretario y me comentó: “¿Saben que pensábamos de ustedes en los años 60?”. Traía unas carpetas de papel amarillento por el paso del tiempo. Eran documentos secretos de Itamaratí en los que se insistía en la preocupación que significaba “el peligro del imperialismo argentino”. Fíjese usted lo que éramos y lo que somos hoy. Pero esto también pone en evidencia lo que este país puede llegar a ser si, teniendo una plusvalía en materia de naturaleza, también tiene una minusvalía dirigencial. Si no tuviéramos eso… La minusvalía dirigencial tiene una razón de ser. Nuestro país ha sido el único de Iberoamérica con una fortísima cultura rentística y es porque somos el país con mayor capacidad productiva. Mucho mayor que Brasil. A ellos les costó muchísimo. Hasta la década del 50 ellos vivían del precio del café en los mercados internacionales; del azúcar y del cacao.

—Y carecían de nuestra formación académica.

—Desde ya, pero tampoco tenían el problema de mentalidad rentística que constituye un grave inconveniente para los Estados. Esto viene desde principios del siglo XIX. Inglaterra decía: “Somos la industria del mundo y Argentina es el granero”. Por lejos, nuestro país es el principal productor de alimentos per cápita en el mundo. Siempre lo hemos sido. Además, somos poquitos: ¡40 millones! Producimos un poco menos soja que Brasil pero ellos son 200 millones de habitantes. Si nos comparamos con los EE.UU., producimos el 70% de soja que ellos producen… Pero los norteamericanos son 300 millones de habitantes. La potencialidad nuestra es tan grande que, por más que se quiera sofocar el crecimiento, seguimos creciendo tal como se ha dicho históricamente.
—Frente a todo lo que usted está diciendo, doctor Duhalde, ¿cómo explica la gestión de un secretario de Estado como es el señor Moreno?
—No es de Moreno. Estas son, como bien lo ha dicho en el Parlamento el señor jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, “las decisiones de la señora presidenta Cristina Kirchner”.

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