6 marzo, 2021

Clarín presiona con De Vido a Diputados por Sadous, y Néstor contraataca con la hija de Magnetto

La situacion es de violencia escrita sin límites. Vamos directamente a los recortes.
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
"(…) Julio De Vido pidió la cabeza de Sigal. Timerman navega a mitad de camino entre echarlo y mantenerlo en su puesto. El matrimonio presidencial no ha tomado una decisión, por ahora, sobre el destino del funcionario. Kirchner lo echaría ya mismo por traidor, según su vieja práctica.
A fin de cuentas, ordenó despedir a un hombre leal como Jorge Taiana porque osó atravesar la línea con la que el santacruceño divide a réprobos y adulones, al revelar, ante dos periodistas, algunos detalles de la estrategia para encarar el conflicto con Uruguay por la pastera UPM de Fray Bentos.
La idea que gana adeptos en el gobierno y en las alcobas de Olivos es dejar a Sigal en su puesto. Creen haber advertido en aquella actitud del funcionario segundas intenciones, como la de actuar como lo hizo para preparar su salida del gobierno y desmarcarse de la creciente ola de denuncias que envuelven los negocios entre los Kirchner y Hugo Chávez, de final impredecible. Esa misma impresión, la de un escándalo que se parece mucho a una bola de nieve imparable y destructiva, habría desgranado el propio Sigal en conversaciones reservadas mantenidas antes de haber emitido aquel cable.
La imagen de un Sigal despedido del cargo y liberado, por lo tanto, de cualquier traba que le impida contar incluso más de lo que ha dicho, con probable desembarco en las filas del peronismo disidente o de sus viejos compañeros de ruta de la Alianza que hoy conviven en el Acuerdo Cívico y Social, aterra a operadores del kirchnerismo y, de algún modo, al matrimonio gobernante.
Por suerte para todos ellos, Sigal no es un improvisado en las arenas de la política, y si algo tiene decidido es que no se irá de su puesto en la Cancillería, a menos que Timerman decida echarlo. Improbable. "No le vamos a regalar esa bandera que anda buscando", dice, con rencor, uno de los operadores de la Casa Rosada que dudan de las buenas intenciones del subsecretario de Integración Económica.
El caso Sigal ha venido a mezclarse, para malgrado del gobierno, con nuevas revelaciones sobre el escandaloso crecimiento de la fortuna de los Kirchner, de más del 700 por ciento desde 2003 a la fecha, que los "leedores oficiales" de los diarios "Clarín" y "La Nación" , como Timerman y Aníbal Fernández, no podrán achacar a intentos destituyentes de sus enemigos.
Los datos que permiten comprobar que sólo en el último año el matrimonio obtuvo ganancias por más de 10 millones de pesos, en operaciones en las que, para colmo, cualquier inversor común lograría dividendos sideralmente menores, figuran en la declaración jurada que Cristina Fernández presentó ante la Oficina Anticorrupción. No tienen más remedio: por ahora y por imperio de la ley, esa información es pública. A menos que prospere algún intento trasnochado, como el que se estaría gestando, para encuadrar también esos datos en aquel "código de honor" que violó Sigal. (…)".
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:
"(…) Una noticia reciente indica, por ejemplo, que el relevo del embajador Eduardo Sadous de su destino en Caracas no fue sólo una decisión de Kirchner, sino también consecuencia de una presión del propio Chávez. La impugnación del líder venezolano no era política ni ideológica, sino práctica: el embajador argentino estaba obstaculizando los "negocios" entre venezolanos y argentinos. Aquella intuición de Chávez no carecía de información precisa, sobre todo si se la analiza con el conocimiento que se tiene ahora de los cables reservados que el entonces embajador en Venezuela enviaba a Buenos Aires. La objeción a Sadous y el consecuente relevo del embajador sucedieron en 2005, un año en el que se registró también un vuelco clave en la relación entre Kirchner y Chávez.
La revelación del fastidio de Chávez con Sadous comenzó en Nigeria. En los primeros años de esta década, el embajador argentino en ese importante país africano, Jorge Vehils, trabó una relación de compinches con el embajador de Venezuela, Jesús Pérez, y con el de Brasil. Los tres llegaron a formar una pequeña orquesta para desafinar la música latinoamericana en medio de la insoportable desolación de Africa.
Vehils regresó luego a Buenos Aires y aceptó otro destino africano: la embajada en Guinea Ecuatorial. El dictador guineano Teodoro Obiang le dio el plácet, pero el gobierno argentino nunca le entregó los recursos para volver a Africa. El embajador venezolano Jesús Pérez, amigo entrañable de Chávez, tuvo un destino mejor: lo designaron ministro de Relaciones Exteriores de su país. Pérez es un botánico simpático, que conoce de plantas y de árboles tanto como desconoce la política exterior. Importa poco: su amistad con el caudillo de Caracas es indestructible.
A principios de 2005, Vehils, un africanista hecho y derecho, se aburría en Buenos Aires cuando se enteró de que el ya canciller Pérez estaba en la Argentina para preparar una próxima visita de Chávez al país. Lo buscó en el hotel Sheraton, lo encontró y Pérez lo recibió con los ampulosos gestos de afecto propios del Caribe. Los dos amigos decidieron salir a caminar por la Recoleta. Recordaron entre carcajadas los tiempos africanos. Pérez es un hombre divertido para un curioso: suele describir con propiedad los árboles, sus orígenes y sus familias. En el paseo, durante un diálogo sobre plantas, música y la impotencia de Africa, el canciller venezolano lo sorprendió a Vehils con una pregunta inesperada:
-¿Lo conoces al embajador Sadous? -le zampó a quemarropa.
-No soy amigo de Sadous. Pero tengo muy buenas referencias profesionales de él y sé que cuenta con el respeto de los colegas -le respondió Vehils.
-A ése lo tenemos que limpiar de la embajada argentina -le respondió Pérez con un tono que Vehils no había escuchado en su amigo.
-¿Por qué? -averiguó Vehils.
-Está impidiendo todos los negocios nuestros. Se mete en todo -le replicó el canciller de Chávez.
Vehils quedó con un regusto amargo. Nunca supo bien a qué se refirió Pérez con esa alusión a los "negocios". Pérez dejó luego la cancillería venezolana, pero Chávez le dio la embajada en París, donde todavía está. Aquel velo cayó para Vehils cuando supo de los cables reservados de Sadous, en los que informaba que empresarios argentinos le habían denunciado que debían pagar sobornos para poder acceder al comercio con Venezuela y que, encima, habían desaparecido 90 millones de dólares de la cuenta de un fideicomiso binacional.
Sadous abandonó Caracas pocos meses después de aquel diálogo. Se fue con todos los honores, despedidas y condecoraciones de un embajador respetado, pero se fue de Caracas. Sadous era para los chavistas un antichavista, pero para los antichavistas era un chavista , recuerda un analista venezolano. Entonces fui un buen embajador, sin compromisos con nadie , respondió Sadous a una consulta sobre aquella definición.
Es cierto que Sadous nunca trasladó a Buenos Aires cierta información venezolana puramente política. En un viaje de Kirchner a Caracas, el entonces presidente argentino no quiso recibir a Teodoro Petkoff, un antiguo guerrillero venezolano que se convirtió en la cabeza más lúcida de la oposición a Chávez. Petkoff fue recibido por el entonces gobernador de Buenos Aires Felipe Solá, por el ya influyente secretario legal y técnico de la presidencia, Carlos Zannini, y por el propio Sadous.
Petkoff lanzó en esa reunión una definición devastadora: El principal problema de Venezuela es la corrupción de Chávez y de los jefes militares , encajó. El recuerdo de ese diálogo corresponde a Felipe Solá. Sadous nunca habló de ese encuentro, quizá porque lo inscribió en la lucha política interna de Venezuela.
Vehils está dispuesto ahora a contar sus recuerdos ante jueces o comisiones parlamentarias. Entendió, por fin, a qué se refería su amigo Pérez cuando le habló de "negocios", pero además considera muy grave que un canciller extranjero le haya anticipado la suerte de un embajador argentino a otro embajador argentino. (…)".

Eduardo van der Kooy en el diario Clarín:

"(…) El matrimonio creyó, por ejemplo, subestimando a los demás, que la anormal relación diplomática y comercial con Venezuela resultaría intocable. Ni siquiera se ocupó por remendarla cuando estalló el escándalo de la valija de Guido Antonini Wilson. Esa relación es hoy uno de los principales trastornos que afronta el Gobierno.
Es mucho más político, todavía, que judicial. La investigación del juez Julián Ercolini progresa con parsimonia: no suele ser fácil revisar la trama oculta entre dos Estados. Pero la sonoridad política que adquiere y sus consecuencias resultan inevitables. La peor de ellas: las sospechas de corrupción se afianzan en la escena y el debate cotidiano, en vísperas de un año electoral clave.
Los Kirchner suponen que se trata de una perversión combinada por la oposición con el periodismo. Se engranan señalando que ningún otro gobierno debió soportar un acoso como el que padecen ellos. Olvidan los tiempos en los cuales fueron actores de segundo orden: el Yomagate, el caso Yabrán o el tráfico de armas que castigaron a Carlos Menem; el lavado de dinero o la Banelco que horadaron los cimientos de Fernando de la Rúa.
Las sospechas de esta hora tienen antecedentes que las tornan creíbles . El caso Skanska, también por el pago de coimas, no se extinguió. Casi todas las semanas surgen nuevas revelaciones sobre andanzas del ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime. El caso de la mafia de los remedios, que llevó a la cárcel al sindicalista Juan José Zanola, vira hacia los aportes de dinero sucio para la campaña de Cristina. Aunque no exista ningún vínculo con esos episodios, otra noticia divulgada la semana pasada impactó sobre aquel mar de desconfianzas: el crecimiento del 710% de la fortuna de los Kirchner desde el 2003, cuando llegaron al poder.
Otro problema para el Gobierno es la crisis que la cuestión de Venezuela produjo en la Cancillería y que no concluyó.
La renuncia de Jorge Taiana obedeció, entre varias razones, a aquel descontrol de la diplomacia paralela. Desde que lo reemplazó, Héctor Timerman no logró desembarazarse de ese estigma.
Ni siquiera alcanzan los esfuerzos por hallar un escape al conflicto por Botnia con Uruguay. Su llegada generó también fisuras y prevenciones en el cuerpo diplomático. En ese marco se inscribiría la advertencia sobre dificultades de algunas empresas argentinas en Caracas que hizo en un cable secreto el subsecretario Eduardo Sigal.
El otro frente convulsionado por el mismo motivo para los Kirchner está en el Congreso.
La comisión de Relaciones Exteriores de Diputados, que desde diciembre controla la oposición, no parece dispuesta a ceder un tranco en la investigación sobre la diplomacia paralela. Tampoco está dispuesta a consumir, sin ton ni son, su tiempo. Los negocios con el chavismo, entre un manojo de temas, han servido para cohesionar la acción política, sobre todo, del radicalismo, el peronismo disidente y la Coalición Cívica.
Aquella comisión ha recibido información nueva sobre el pago de las coimas. Espera esta semana el testimonio del ex Defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, que en su vieja carpeta también acaba de añadir novedades. Pero el plato fuerte para los opositores es el pedido de interpelación a De Vido y Timerman.
“Esa debería ser la culminación del proceso”, consideran.
Esos dos ministros son, de alguna manera, un espejo de Kirchner y de Cristina. La oposición sostiene que, aún sin el respaldo de la centroizquierda que vacila ante el caso Venezuela, contaría con los votos para aprobar en el recinto el pedido de interpelación.
“El dilema es cómo prepararla” , advierte Patricia Bullrich.
La diputada de la Coalición y Alfredo Atanasof, titular de la comisión de Relaciones Exteriores, saben de qué se trata. Ambos fueron ministros en épocas tormentosas. Bullrich, incluso, sorteó interpelaciones cuando el gobierno de la Alianza empezaba a trastabillar. Uno y otro conocen un secreto: los ministros, por su cercanía al poder, suelen manejar casi siempre mejores recursos e información que los legisladores.
Después del barullo que se armó, el paso de De Vido y Timerman por Diputados no podría convertirse en un paseo . Si así ocurriera, sería un golpe para el andar nuevo de la oposición. (…)."
Contraataque de Néstor Kirchner vía Eduardo Anguita en el semanario Miradas Al Sur:
"La historia comenzó a cerrarse. El primer capítulo arrancó cuando Ernestina Herrera de Noble, poco después del golpe del ’76, se presentó con un bebe en sus brazos ante la fallecida jueza Ofelia Hejt, entonces titular del Juzgado de Menores Nº 1 de San Isidro. Corría el 13 de mayo y la viuda de Noble urdió una historia. Apuntalada por la complicidad de la jueza y dos testigos que resultarían falsos, manifestó haber encontrado una criatura en el interior de una caja abandonada en la puerta de su residencia.
El difícil horizonte judicial de Magnetto
Las próximas semanas pueden ser decisivas para el futuro de Héctor Magnetto. El hombre fuerte del Grupo Clarín no sólo enfrenta una sorda lucha por el poder dentro del holding –sobre la cual informó Miradas al Sur el último domingo–, sino que avizora el posible desencadenamiento de dos investigaciones judiciales que podrían llevar a su procesamiento por la presunta comisión de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar.
Los hermanos Noble Herrera deberán volver a Tribunales
Los abogados querellantes en la causa Noble, Pablo Llonto y Alcira Ríos, le presentaron un escrito a la jueza Sandra Arroyo Salgado, a cargo del proceso, para solicitar una nueva toma de muestras del ADN de los hermanos Marcela y Felipe Noble Herrera. El método volvería a ser requisar prendas de ropa, sábanas u otros elementos personales.
Una causa contaminada
No hubo fracaso porque, simplemente, no hubo comparación de perfiles; y no hubo comparación porque las muestras estaban contaminadas”, puntualiza Alan Iud, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo. A la luz de lo acontecido, quienes siguen de cerca la causa no dejan de subrayar el giro que registró la estrategia judicial de los abogados de Marcela y Felipe Herrera de Noble desde que el ex camarista Gabriel Cavallo asumió la defensa de la dueña del Grupo Clarín.
Diario íntimo de un empresario multimediático
Es verdad que las acciones de Papel Prensa fueron negociadas –digamos– en la mesa de torturas. Es verdad que más de un preso engrillado y más de un difunto pronunciaron mi nombre antes de expirar. Pero, bueno, eso fue en los años de plomo. No había otra manera.
Las relaciones del CEO de Clarín con una jueza de menores ligada al plan sistemático de la dictadura.
Hasta ahora, la relación de Héctor Magnetto, el hombre fuerte de Clarín, con las adopciones irregulares, se centró en haber sido el artífice de que Ernestina Herrera de Noble se quedara con Felipe y Marcela Noble Herrera, cuya identidad biológica entró en un verdadero aleph borgeano desde que ellos mismos participaron de la contaminación del ADN de sus prendas íntimas para burlar a la jueza Sandra Arroyo Salgado.
Concretamente, Estela de Carlotto contó en varias oportunidades cómo Magnetto le habló de su participación en esa adopción en el primer encuentro que tuvieron las Abuelas con el CEO de Clarín, a principios de la democracia. Las Abuelas habían pedido una reunión con Magnetto “porque recibían muchas denuncias sobre que Marcela y Felipe eran hijos de desaparecidos”.
También señaló Carlotto que Magnetto les propuso un segundo encuentro para darles alguna información y les pedía cordialmente que le contaran “quiénes les habían dicho que esos chicos podían ser hijos de terroristas”.
No sólo las Abuelas escucharon de boca de Magnetto su participación en la adopción de dos chicos en plena dictadura militar. Su biógrafo autorizado, el veterano periodista de La Nación José Ignacio López, lo menciona en El hombre de Clarín (Sudamericana, 2008). López, especialista en temas de Iglesia Católica y que escribió todos los años de la dictadura, jamás develó la complicidad eclesiástica con la dictadura y se prestó a publicar lo que el CEO de Clarín le dijo para edulcorar su guerra mediática contra la sociedad a partir de la asunción de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta.
Pero, hasta ahora, jamás se mencionó que una niña adoptada por el mismo Magnetto tuviera un trámite completamente irregular. La historia que a continuación se contará brevemente tiene una fuente pública irrefutable y está registrada en un juzgado federal. María Felicitas Elías actuó como perito en la causa de esta adopción.
Elías es Magister en Servicio Social, Políticas Sociales y Movimientos Sociales (por la Universidad Nacional de La Plata), especialista en Administración y Gestión de Políticas Sociales, y licenciada en Servicio Social (Universidad de Buenos Aires). Ocupó y ocupa varios cargos académicos y dirige proyectos en adopción de niños. Entre 1973 y 1984 fue trabajadora social del Tribunal de Menores número 1 de Lomas de Zamora a cargo de la jueza Delia Pons y en virtud de una cantidad de casos de hijos de desaparecidos fue citada por el titular del juzgado Federal número 3 de la Capital Federal, Daniel Rafecas, quien investiga los gravísimos crímenes cometidos en la jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército durante la última dictadura cívico militar.
En ese expediente, tras brindar detalles de casos en los que le tocó tramitar historias de chicos cuya identidad iba a fraguarse, María Elías agregó este inquietante párrafo: “Recuerdo que intervine en la pericia de un señor muy importante que hoy está un poco cuestionado, que es Héctor Magnetto, el CEO de Clarín. Él tiene una niña adoptiva desde la época de la democracia. Según el relato que consta en la causa, el señor Magnetto estaba paseando con su esposa un domingo invernal, cerca de las 10 de la mañana por la avenida Pavón, en Lanús. Pararon en un semáforo y una señora que estaba en la vereda les tocó el vidrio del auto y les preguntó si le podían cuidar a la hija porque tenía un problema.
Aparentemente, ellos aceptaron y, como después de 15 días la madre no apareció, fueron al juzgado de Pons a contarle la enorme preocupación que tenían por la menor y la pidieron en guarda. Esta chica es actualmente su hija. Se hizo la guarda ahí y luego la adopción en Capital”.
Hasta aquí un relato para el realismo mágico si no estuviéramos hablando de una historia real, que involucra la filiación real de una criatura adoptada por el ejecutivo más importante del conglomerado de medios de comunicación más poderoso de la Argentina. Es decir, del hombre que tiene la última palabra –y muchas veces la primera– en decidir quién es el encargado de custodiar e investigar la verdad. Siempre y cuando convengamos que la tarea del periodista profesional es la de custodiar e investigar la verdad. Un especialista en adopción consultado para escribir este artículo dice que “las madres que dan chicos por la calle constituyen un clásico” y que así consta en los registros de adopción.
“Detrás de esas versiones suele haber importantes estudios de abogados o de escribanos que asesoran la conveniencia de versiones oficiales cuando la adopción es irregular”, agrega. Una terrorista judicial. Hasta aquí, se podría pensar en la hipótesis de quien busca un atajo para blanquear una adopción irregular en el marco de las dificultades reales de muchas parejas que buscan un hijo adoptivo. Pero el problema resulta más complejo si se toman en cuenta los antecedentes de la jueza Delia Pons.
Una investigación de la revista Veintitrés de abril de este año recoge sus palabras al citar el libro de Julio Nosiglia, Botín de Guerra.
Delia Pons les dijo a las Abuelas durante una reunión: “Yo, personalmente, estoy convencida de que sus hijos eran terroristas. Para mí, terrorista es sinónimo de asesino. Y a los asesinos, yo no pienso devolverles los hijos. Porque no sería justo hacerlo. Porque no sabrían criarlos y porque no tienen derecho, tampoco, a criarlos. En esto, seré inamovible. Sin ir más lejos, fíjense ustedes: tengo en este momento, entre manos, el caso de los chicos de Julio Ramírez. Ramírez es un criminal, un terrorista confeso. El Poder Ejecutivo le ha permitido trasladarse a Suecia y desde allí ha solicitado la tenencia de esos pobres niños. Yo jamás se la concederé (…) Señoras –y para terminar– sólo sobre mi cadáver van a obtener la tenencia de esos niños”. La jueza Pons también tuvo en sus manos los casos de Sebastián Ariel Juárez y Jorgelina Paula Molina Plana.
Fuentes de la Justicia de Menores consultadas por Miradas al Sur confirmaron que “tanto Pons como Hejt (la jueza que otorgó las adopciones irregulares de Felipe y Marcela Noble Herrera) hablaban por teléfono con el genocida Ramón Camps cuando éste era jefe de la Bonaerense y una pieza clave en el plan genocida. En el caso de Pons, ella conocía el campo de concentración ubicado cerca de su juzgado, en Larroque y el camino negro”. Aunque fallecida, el fantasma de Pons aún transita por tribunales.
La coincidencia de que el CEO de Clarín haya pasado por el juzgado de Pons para tramitar la guarda es algo que merece una investigación más profunda y que requeriría una pronta acción de la Justicia.
En su testimonio al juez Rafecas, María Felicitas Elías cuenta que le tocó intervenir como trabajadora social en los casos mencionados en la investigación de Veintitrés. Relata que ingresó “a trabajar al juzgado en 1973 gracias a la doctora Pons. Nosotras teníamos una mezcla de sentimientos encontrados y, por supuesto, un dilema ético ya que el ejercicio del Patronato Estatal estaba mediatizado por la intervención del juzgado”. Concretamente, en el caso de los hijos de Ramírez, que se encontraba preso a disposición del Poder Ejecutivo. La jueza Pons había enviado los chicos a un hogar manejado por la Iglesia Católica, llamado Casa de Belén, mientras que una tía de los niños reclamaba la guarda de ellos. Elías fue a visitar a la mujer y “le sugerí a la jueza que los chicos egresaran –del hogar– con la tía porque su casa y estilo de vida reunían, en mi opinión, las condiciones adecuadas”.
De inmediato agrega: “La jueza me convocó a su despacho y me sugirió que modificara la pericia”. Un dato no menor: “A lo que me negué rotundamente a pesar de cierta presión de mis compañeros de trabajo que me sugerían que la cambiara”. El dato es clave para entender el clima de época del terror que sugiere la cantidad de cómplices morales que tuvo el delito de supresión de identidad de hijos de presos legales o desaparecidos.
A continuación, Elías brindó los nombres y direcciones de quienes la presionaron pero no serán incluidos en este artículo para no caer en la tentación de la cacería de fascistas. Sin embargo, vale la pena aclarar que otra asistente social “realizó otro informe que permitió que los Ramírez continuaran en el Hogar”. Luego, Ramírez –que no tenía causa judicial alguna– logró viajar a Suecia y reclamó que les permitieran a sus hijos viajar a ese país. Sigue Elías: “Uno de los argumentos de Pons era que Ramírez era extranjero (paraguayo), y que al ser militante de una organización había desobedecido la Constitución argentina”.
Otro caso relatado por Elías es el de Emiliano Ginés, “que ingresó al juzgado con documento de identidad” y cuya causa fue caratulada “NN o Ginés Emiliano, y la única forma es haciendo desaparecer el documento de identidad. En el juzgado se sabía que era un chico reclamado por Abuelas”. La historia, en este caso, tiene un componente de crueldad extra: “Ginés era un chico con síndrome de Down y fácilmente identificable, pero la jueza en esa fase de colaboracionismo con la represión, ordenó su internación en el Hospital Sor María Ludovica de La Plata y al poco tiempo falleció”.
Cuando fue requerida por el juez Rafecas por más casos, Elías los dio, y se remitió a su libro La adopción de niños como cuestión social (Paidós, 2004). El aporte de esta trabajadora social resulta fundamental en una época donde buena parte de la sociedad está intoxicada de un discurso que aún cree que existe una guerra entre Clarín y Kirchner, lo cual es muy grave porque es banalizar uno de los pilares de la estrategia de eliminación de un sector de la sociedad argentina a través no sólo de la desaparición física de personas sino de la supresión de identidad de su descendencia. Las pruebas de ADN son el recurso último para probar la filiación genética de una persona que fue sometida a ese plan. Lo que no puede dar el laboratorio es la capacidad de asombro, o de asco, incluso de odio que puede despertar esta historia.
Es difícil que un lector normal no pierda el aliento o sienta una bofetada en plena mejilla. Delia Pons murió y no puede comparecer ante la Justicia. La pregunta es por qué la sociedad se entera recién ahora de que el principal ejecutivo del Grupo Clarín recurrió a esa jueza para tramitar la guarda de una niña que le habían dado, en una fría mañana invernal, en plena calle. Justo a él, que pasaba por allí.
Por qué Magnetto iba a una jueza de Lomas de Zamora que tenía en su haber nada menos que un chico muerto como consecuencia de haberlo mandado a una institución por el solo hecho de que la jueza no estaba dispuesta a escuchar a las Abuelas. Por qué, como todo indica, no tramitó en su jurisdicción una adopción normal, aun con toda la dificultad real que tienen las adopciones en la Argentina.
María Felicitas Elías le dijo a quien escribe estas líneas que descarta la posibilidad de que la niña adoptada por Magnetto sea hija de desaparecidos. Es un dato importante porque lo eximiría de un delito grave. Como dos gotas de agua. En todo caso, esta historia tiene una ramificación con otra que sí está sospechada de ser la supresión de identidad de hijos de desaparecidos. Es la que tramitó la jueza Ofelia Hejt (también fallecida), quien estuvo a cargo del juzgado de menores Nº 1 de San Isidro. Hejt dio en guarda a Andrés La Blunda y a Marcela y Felipe Noble Herrera.
En el caso de Marcela, el 13 de mayo de 1976 se presentó espontáneamente la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, y le dijo que había encontrado una niña en una cajita en su casa de San Isidro.
La viuda de Noble ni tenía domicilio en San Isidro ni después pudo probar lo que dijo en el expediente de adopción, que resultó falso cuando lo sustanció el juez Roberto Marquevich.
En el caso de Felipe, el 7 de julio del mismo año, Herrera de Noble resultó beneficiada con la guarda el mismísimo día en que una tal Carmen Delta (años después se comprobó que esa persona no existía) lo abandonaba en el juzgado nada menos que de Hejt.
El tercer caso que se le conoce a esta jueza es el de Andrés La Blunda, un bebé de tres meses, cuyos padres habían sido secuestrados por el Ejército. Hejt hizo todo lo posible para dárselo a sus familiares y Andrés sólo pudo recuperar su identidad en 1984. El comportamiento de las juezas Hejt y Pons tiene demasiadas similitudes. Corresponden, probablemente, al plan sistemático de la dictadura cívico militar. Algunos militares creían que lograrían la impunidad con levantamientos carapintadas. Algunos civiles creen que el poder mediático también puede dar impunidad. El desafío está abierto desde hace tiempo y las instituciones no pueden demorar dar los pasos decisivos para que la verdad no pueda ser ocultada."

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