26 febrero, 2021

Verbitsky vs. Morales Solá, contrapunto sobre la coyuntura (y el precio de 1 senador)

Horacio Verbitsky, desde Página/12, es un ‘cruzado’ contra la Sociedad Rural Argentina y Confederaciones Rurales Argentinas, además de la mayoría de los autoconvocados.
Joaquín Morales Solá, de La Nación, mantiene el reconocimiento de la mayoría de los líderes de ese vasto abanico de productores agropecuarios, con el que además se identifica el matutino para el que escribe.
Verbitsky es kirchnerista transversal, y se encuentra eufórico por estos días que supone es un ‘renacimiento político-social’ luego de los años ’70, cuando él, como militante de Montoneros, auguraba un porvenir que se frustró.
Morales Solá es antikirchnerista desde el comienzo, y encuentra en el discurso oficial una cierta decadencia hacia una Argentina que le preocupa.
Verbitsky, vía Página/12 y el Centro de Estudios Legales y Sociales que preside, integra la maquinaria ‘clientelar’ del kirchnerismo.
Morales Solá, a través propio y también de La Nación, integra un universo de intereses privados críticos de la propuesta kirchnerista.
Para Verbitsky, la Argentina de los Kirchner va para arriba y se enoja con los productores agropecuarios, simbolizados por el discurso de Hugo Biolcati en la Rural.
Para Morales Solá, la Argentina de los Kirchner atrasa o lleva a la sociedad hacia abajo. Su preocupación es el manejo ‘clientelar’ de muchos senadores nacionales, situación que ha bloqueado la ofensiva legislativa contra el Frente para la Victoria. Él intuye una nueva Banelco, mucho más poderosa y eficiente, al servicio de los senadores que carecen de convicciones.
Así, ambos -coincidentes en la crítica de Carlos Menem en los años ’90- establecen un interesante contrapunto -bastante más interesante que el que propuso tiempo atrás la revista Noticias, entre Morales Solá y Víctor Hugo Morales- con sus enfoques sobre la coyuntura.
Horacio Verbitsky en el diario Página/12:
"En tres semanas caducará la delegación de facultades que convirtió al Poder Ejecutivo en autoridad de aplicación del Código Aduanero y con él, de las retenciones al comercio exterior.
Las posiciones ya están claras: para los intransigentes de la oposición ese día desaparecen las alícuotas vigentes; para el gobierno seguirán en vigor las actuales mientras el Congreso no las modifique.
La idea de convertir al Congreso en órgano administrador y de gestión es más pintoresca que dramática, por inaplicable.
En el improbable caso de que el Grupo Ahhh… consiguiera mayoría para reducir y/o eliminar retenciones, el gobierno inauguraría el veto que hasta ahora fue superfluo.
No por las razones fiscales que aduce la crítica al uso, sino porque la soja es un macroprecio que condiciona el funcionamiento de toda la economía, desde el precio de los alimentos y la tierra al tipo de cambio y, con él, a la viabilidad de otros cultivos y de la industria.
Operadores financieros como Goldman Sachs (que el año pasado ganó US$ 5.000 millones sólo con commodities), Bank of America, Citigroup, Deutsche Bank, Morgan Stanley y J.P. Morgan, han lanzado nuevos instrumentos financieros inspirados en las famosas hipotecas subprime que arrasaron el mercado inmobiliario en Estados Unidos y España.
Sólo que ahora los colaterales de esas obligaciones son las commodities agropecuarias, a cuyos precios futuros se apuesta. Según la FAO, sólo el 2% de esas transacciones de futuros termina en un intercambio real de bienes.
“En consecuencia, atraen a inversores que no están interesados en el producto en sí, sino sólo en una ganancia especulativa”, lo cual está inflando una nueva burbuja especulativa con los precios agropecuarios.
A esto se suman las sequías récord en Europa Oriental y Africa Occidental y la competencia de la producción de etanol y biodiésel que, dado el alto precio de la energía, puede tornar no lucrativa la producción de muchos bienes agrícolas para consumo.
La Argentina ha sacado provecho de esta situación. Desde enero es forzoso cortar el gasoil y la nafta con 5% de biodiesel y etanol.
En julio, el gobierno amplió esa obligación al 7% de biodiésel en el gasoil, lo cual implica más de un millón de toneladas, y antes de fin de año lo mismo ocurriría con el etanol en la nafta.
Bastó el anuncio para que subiera el precio de la soja, el único rubro en que la Argentina es líder en el mundo. Como provee más de la mitad de los 11 millones de toneladas anuales del mercado mundial de aceite de soja, la decisión china de demorar sus compras, de 2 millones de toneladas, redundó en un aumento de precio del 30%.
Solá, que alguna vez entendió de estas cosas, haría mejor en explicárselas a sus colegas del Grupo Ahhh… que en hacerse el gracioso con temas muy serios. China reanudará las compras porque lo necesita, luego de fracasar en su intento de condicionar la estrategia comercial argentina, que defendió su propio mercado.
Al incremento del precio de las exportaciones se suma la disminución de la factura de importación del gasoil reemplazado por biodiésel, lo cual más que compensa la diferencia de precios que pudiera haber entre el mercado chino y los de sustitución, como la India.
Hoy la voz argentina no está sola en la exigencia de volver a regulaciones como las que regían desde la década de 1930 y que fueron levantadas en los ’90 por presión de los financistas.
Barack Obama impone algo más de transparencia en las transacciones de derivados y, según la revista alemana Der Spiegel, también Europa procura contener la especulación: el Comisionado Europeo de Mercado Interno y Servicios, Michel Barnier, llamó escandalosa la especulación con productos alimenticios y anunció que propondrá regulaciones más estrictas desde este año.
En este contexto, es inimaginable que un gobierno que ha sintonizado con tanta precisión las tendencias mundiales, permita que la avidez de superganancias de las patronales agropecuarias y la visión aldeana de sus clientes políticos interfieran en un cuadro que hasta ha permitido recuperar puestos de trabajo.
El 7,9% de desocupación está a sólo 4 décimas del 7,6% alemán, logrado, igual que aquí, con programas de apoyo transitorio a la producción y el empleo hasta capear la crisis."
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:
"(…) En diciembre último, eran 37 senadores supuestamente opositores contra 35 que respondían al oficialismo. Esa dramática paridad es ahora insegura y vacilante. La ausencia en una sesión clave de tres o cuatro senadores inscriptos en una impalpable oposición es suficiente para cambiar los resultados de la votación. Los predecibles vencidos se convierten de pronto en imprevistos vencedores.
El caso del Senado tomó relieve en los últimos días, después de que cuatro importantes legisladores nacionales, todos opositores, denunciaran la cooptación de senadores por parte del kirchnerismo ante una multitud en la Exposición Rural.
Sin embargo, se trató sólo de la exhibición pública de un conflicto que motivó muchas reuniones previas entre los líderes opositores. ¿Cómo hacer para reconstruir aquella endeble mayoría de diciembre pasado? ¿Cómo, cuando algunos senadores, como Carlos Menem, ya no tienen un destino que cuidar y tampoco les preocupa defender su pasado?
Asuntos importantes del Estado están cautivos en el Senado. ¿Cómo? Un senador supuestamente opositor no firma o no concurre a las comisiones que deben informar sobre esos temas antes del plenario del cuerpo.
Sin esas firmas, tales proyectos no son habilitados para su tratamiento en el recinto. Más problemas surgen cuando los asuntos llegan finalmente al plenario.
De nuevo, la ausencia de un puñado de senadores opositores convierte al Gobierno en ganador fortuito de una causa que parecía perdida. La última frontera de la defensa está funcionando entonces. Cristina Kirchner está exenta, por ahora, de recurrir al veto constante, tan constitucional como impopular.
¿Con qué métodos se consiguen esos resultados? No hay uno solo. Varían, además. Hay senadores que ingresaron por la oposición, pero que tienen centenares de empleados propios en el Estado. Los Kirchner llevan un prolijo censo de punteros que responden a legisladores cruciales.
El mensaje llega, claro e inconfundible: o los senadores atienden los intereses del oficialismo o sus protegidos se encontrarán con la calle y la intemperie. Es mejor, parecen concluir esos senadores, el sol protector de los Kirchner antes que circular sin órbita.
Otros senadores viajan, en efecto. Siempre hay una invitación oportuna que coincide con una votación significativa. A los voluntarios no les faltan pasajes ni generosos viáticos.
El periodismo ha sido injusto cuando hace poco criticó sólo al Gobierno por haber invitado a dos senadoras a China.
El Gobierno tuvo, es cierto, la iniciativa de esas deserciones. Pero no hay nada más fácil de rechazar que un viaje. Existe más culpa en aquellas senadoras peregrinas que en la administración que las tentó. ¿Qué convierte ahora a los senadores en viajeros compulsivos o en enfermos crónicos?
Debe inscribirse también el canje de votos, o de ausencias, por favores fiscales del gobierno nacional a las provincias.
El Gobierno tiene los recursos en una mano y espera el favor con la otra. Entrega la plata sólo cuando recibe el favor , se sinceró un senador acosado por estos trueques. Hay algo peor que todo eso: el gobierno nacional no les entrega a las provincias más que la plata de las provincias.
Kirchner es así: paga los favores con el dinero de los que le hicieron el favor. (…)".

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