25 febrero, 2021

El sueño de Kirchner

“Es muy simple –me dice el principal editor de Brasil, con quien conversé ayer después del primer debate presidencial en San Pablo–, gana la candidata de Lula, Dilma, por el good feeling factor (el factor de sentirse bien). Es que la economía crece más que nunca (7%); la inflación es de las más bajas (4%); el desempleo es el menor en décadas (6%); el crédito es a más largo plazo y mucho más barato que nunca (por ejemplo, un auto en sesenta cuotas mensuales); el real está valorizado sobre el dólar (haciendo al brasileño rico en el exterior); la inversión extranjera excede las necesidades; hay récord de metros cuadrados de construcción…” La lista de buenas noticias es interminable.
Un periodista argentino que vive en Brasil recuerda que “el día que Lula presentó a Dilma Rousseff como madrina del PAC –hace dos años–, no dudé de que ella sería la próxima presidenta”. El PAC es el Plan de Aceleración del Crecimiento, que destinó 235 mil millones de dólares a inversiones en obras públicas hasta 2010.
Incluso aquellos que todavía dudan sobre el triunfo del oficialismo en las elecciones del próximo 3 de octubre son optimistas porque “gane quien gane, Brasil ya ganó, ya que sea electo presidente José Serra (el opositor con mayor intención de voto, del mismo partido de Fernando Henrique Cardoso) o Dilma, la economía no cambiará”.
Hoy las encuestas muestran ventaja para Dilma (40%) sobre Serra (35%), pero aún no comenzó la propaganda política en televisión que, por ley, dura sólo seis semanas (de mediados de agosto a fines de septiembre) y es gratuita para los candidatos pero es distribuida en proporción a la cantidad de legisladores de cada coalición. Son cincuenta minutos de televisión por día: mitad a la mañana y mitad a la noche, tres días por semana en seis semanas, 18 días de televisión en total. De los cincuenta minutos por día, Dilma recibirá 20, Serra 14, y 16 será la suma de los demás candidatos. Se prevé que cuando comience la TV aumentarán las diferencias a favor de Dilma.
Hay otro candidato que podría haber sido presidente: el gobernador de Minas Gerais, Aécio Neves, del mismo partido de Serra, el PSDB (Partido Social Demócrata de Brasil). Como no quiso disputarle la interna a Serra, recibió una propuesta del centrista PMD, el partido con mayor representación de Brasil, para que fuera su candidato a presidente y hasta se especuló con que si Aécio se presentaba, Lula podría haber considerado apoyarlo y bajar la candidatura de Dilma. Pero Aécio es políticamente muy joven (50) y, seguro de su futuro triunfo, prefirió reservarse para 2015.
Los que todavía observan al Partido de los Trabajadores (PT) con desconfianza sostienen que Dilma es más “peligrosa” que Lula, porque ella es una ejecutiva a la que le gusta la gestión y decidir rápido, mientras que Lula no hizo grandes cambios en la economía que le dejó Fernando Henrique y no estatizó nada de lo que su predecesor había privatizado. Dilma es la jefa de Gabinete desde que Lula fue reelecto y en su primera presidencia fue la ministra de Energía.
En el primer debate del jueves en San Pablo, además de Dilma y Serra, estaban Plínio Sampaio, un ex PC, una especie de Pino Solanas con pocas posibilidades de voto (1%), y Marina Silva, una ecologista del Partido Verde, ex ministra de Medio Ambiente de Lula. Marisa es más negra que Obama, fue analfabeta hasta los 17 años y proviene del norte más pobre del país. Sumará votos (8%) que serían cruciales si hubiera ballottage, pero la mayoría cree que Dilma ganará en primera vuelta.
Los ocho años de Lula, sumados a los ocho de Cardoso, hicieron que Brasil recuperara su autoestima.

Deja un comentario