7 marzo, 2021

La CTA, un traspié de primera magnitud para los Kirchner

Desde el 25 de mayo de 2003 la Argentina está administrada por un grupo arraigado en el campo nacional y popular que, liderado por Néstor y Cristina Kirchner, ha tocado el fondo del conflicto social: la distribución del ingreso. En esa lucha por la inclusión, los Kirchner se han encontrado con poderosas resistencias corporativas. Por momentos, destituyentes. El empeño marca una línea divisoria entre la izquierda, encarnada por ellos, y la derecha, que defiende el statu quo.
Reducido a una formulación sinóptica, ése es el argumento sobre el que la Presidenta y su esposo se sostienen en el poder y planean su campaña electoral. Y es esa piedra angular la que ha puesto en crisis la feroz interna que se libra en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Un sector importante de esa organización, que cuenta con el respaldo de su inspirador, Víctor De Gennaro, proclamará mañana su triunfo incuestionable en las elecciones del jueves pasado, y hará una convocatoria a enfrentar la política socioeconómica del Gobierno. Tal vez se vuelva a oír, por primera vez en años, la expresión "paro general". La Lista 10, encabezada por Pablo Micheli, acusará al actual secretario general, Hugo Yasky, por no aceptar su derrota y, en consecuencia, por poner al servicio de la Casa Rosada la eventual fractura de la agrupación.
Es posible que en otro contexto histórico esta trama no mereciera demasiada atención política. Pero hoy es un proceso de primera magnitud. No sólo porque votaron más de 200.000 personas, una cantidad no desdeñable aun para quienes esperaban una participación de 400.000. También el significado de la discusión es relevante. Quienes identifican a Yasky con el Gobierno y pretenden reemplazarlo no lo hacen en nombre del mercado y las libertades republicanas. De Gennaro, Micheli y el diputado Claudio Lozano, entre otros, enfrentan al oficialismo embanderados en los valores que el oficialismo dice estar defendiendo: una distribución más progresiva de la renta, una cobertura asistencial igualitaria, una política de financiamiento que privilegie las demandas sociales por sobre el pago a los acreedores, un mejor ingreso para los jubilados. De Gennaro, Micheli, Lozano no sólo discuten el poder de los Kirchner. Discuten también su localización en la política. No los acusan de cometer un error. Los acusan de cometer un fraude.
El dispositivo político y discursivo del matrimonio está organizado para polemizar con "el neoliberalismo", en una acepción tan generosa que incluye a Mauricio Macri, la Comisión de Enlace, Julio Cobos, Elisa Carrió, los diarios independientes, Eduardo Duhalde, Luis Juez y Héctor Méndez. En cambio, en el programa no están previstas las impugnaciones reivindicativas. Es la primera incomodidad del conflicto de la CTA para los Kirchner.
Otro factor que da significado a esa tormenta es que, a partir de ella, el Gobierno tendrá más dificultades para controlar la calle. El reproche que más escuchó Yasky durante la campaña fue, en palabras de Lozano, "no haber expresado la conflictividad social". Puesta en manos de Micheli, la CTA, donde se inscriben sindicatos y organizaciones sociales, contribuirá a cambiar la meteorología de la campaña electoral. Es una mala noticia para cualquier líder político. Pero lo es más para uno que, como Kirchner, fue precedido en el ejercicio del poder por tres presidentes cuyo abandono del cargo estuvo determinado de manera más o menos directa por un conflicto en el espacio público. La obstrucción del puente de Gualeguaychú, los bloqueos del sindicato de camioneros a distintas empresas y la toma de la planta de Kraft son ejemplos recientes de cómo las medidas de acción directa paralizan al oficialismo. A partir de ahora esas prácticas quizá se vuelvan más frecuentes.
La disputa de la CTA tiene también proyecciones sobre el juego electoral. Si la central termina quedando en poder de Micheli, hay que prever que algunas candidaturas de la oposición contarán con mayor estructura. Yasky simplifica esta posibilidad denunciando que De Gennaro quiere subordinar a la organización a sus aspiraciones presidenciales. Es muy probable que De Gennaro se siga mirando en el espejo de Lula y que eso abra un discreto duelo con Fernando "Pino" Solanas. Pero la captura de la CTA por los adversarios del kirchnerismo insinúa opciones más complejas. Es obvio que perjudica a Kirchner, ya que les ofrece una base territorial y logística a candidatos que van en busca de votos del oficialismo. Pero también altera el balance de la oposición. De Gennaro y Lozano rivalizan con la UCR por el armado de la centroizquierda. Hasta ahora ellos contaban con pequeñas agrupaciones electorales (Buenos Aires para Todos en la Capital Federal, Unidad Popular en la provincia). Desde el jueves sienten que, con una mayor estructura, estarán en condiciones de seducir al socialismo de Hermes Binner y al GEN de Margarita Stolbizer, para armar un frente que rompa el molde bipartidista.
Hasta la jerarquía católica sigue esta telenovela: De Gennaro es hijo del sector del Episcopado más sensible a la agenda socioeconómica ?el que lidera Jorge Casaretto? y estuvo siempre cerca del sindicalismo demócrata cristiano, sobre todo del alemán.
Estas modulaciones explican la energía y los recursos que dedicó el Gobierno a favorecer a Yasky. Su aparato de comunicación y propaganda, que en ese universo cuenta con una audiencia nada desdeñable, jugó a favor del actual secretario general, igual que los piqueteros más afines a Olivos (D?Elía, Pérsico, Navarro, Depetris, etc.). También compañeros de ruta como Martín Sabbatella o el PC tradicional estuvieron allí. En cambio, el ícono más preciado de los militantes sociales, Milagro Sala, de la organización Tupac Amaru, se postuló en la lista de Micheli. Aunque hizo un llamado a la unidad y dejó en libertad de acción a sus feligreses, para los Kirchner ?sobre todo para Alicia, que tanto la apañó?, Sala fue ofensiva. Los humoristas del blog Anarkoperonista lo interpretaron bien al anunciar que Cristina Kirchner reemplazará en el Salón de los Héroes el cuadro de Tupac Amaru por uno de Julio Argentino Roca. Fuera de bromas, la incidencia de este tipo de entidades en la interna de la CTA exhibe uno de los aspectos más originales, pero también más intrincados, del experimento de De Gennaro: la organización de un sindicalismo que represente también a los desocupados.
Desde el punto de vista oficial, cualquier esfuerzo sería pequeño para retribuir al maestro Yasky. No sólo medió en el encarnizado conflicto de Kirchner con los docentes de Santa Cruz en 2007. También arrastró los pies para defender a los afiliados a ATE de la intervención al Indec. Lo debe de haber hecho por sus convicciones, ya que la Presidenta y su esposo lo desconsideraron en lo que más le interesaba: el reconocimiento de la CTA como central equivalente a la CGT.
Hay quienes ven en esa negativa otra señal del sometimiento del oficialismo a Hugo Moyano. Aunque no hay pruebas en contrario, esa explicación impide pensar que la indiferencia hacia Yasky tal vez se deba a razones más antiguas. Cristina Kirchner se crió en la casa de Ofelia Wilhelm, su madre, militante de la Asociación de Empleados de la Dirección de Rentas e Inmobiliario de La Plata, que lidera desde hace décadas un ortodoxo como Fotios Cunturis. Y Néstor Kirchner creció a la sombra de su ex cuñado Armando Mercado, secretario general de los petroleros santacruceños bajo el reinado de Diego Ibáñez. Los dos se formaron, entonces, en la matriz del sindicalismo más conservador, al que en estos días están prestando un gran servicio. El gremialismo alternativo está al borde de la ruptura, con denuncias de fraude por el destino de más de 20.000 votos. Festejan "los gordos".
Más allá de estas paradojas, mezquindades y anécdotas, en la interna de la CTA ha reaparecido la incógnita más tenaz que debe resolver la izquierda en la Argentina: qué posibilidades existen de constituir un proyecto de cambio social en el marco dominante del PJ. Es sobre esto, en el fondo, sobre lo que discuten Micheli y Yasky.
* PARA LA NACIÓN

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