23 enero, 2021

Néstor, ciego y sordo

Por suerte estarán unos días afuera”, confesaba con alivio un ministro que sufre a los Kirchner a diario. “Desde que salió de la clínica, Néstor está pasado de vueltas, lo que lo hace insoportable”, agregaba esta misma fuente para graficar el ánimo de lo que se vive en el Gobierno. Allí todos los días se respira un clima de guerra. El ex presidente en funciones no escucha a nadie. Ni siquiera a las advertencias sensatas de alguno de sus médicos que consideraron riesgoso para su salud el viaje a Nueva York. Para los pacientes sometidos a una angioplastia coronaria, se aconseja no realizar viajes en avión durante los quince días posteriores a la intervención. La baja presión de oxígeno que, a pesar de la presurización, existe en las cabinas de los aviones, constituye un riesgo en el posoperatorio inmediato de los pacientes que sufren de daño coronario, como es el caso de Néstor Kirchner.
De las batallas en curso, la semana que pasó exhibió un recrudecimiento significativo de las que se dan en el campo del gremialismo. Curiosa circunstancia la de estos días, porque, mientras que por un lado Hugo Moyano está obsesionado con la organización del acto que se desarrollará en el estadio de River el mes próximo, la rebelión en la granja se acrecentó. Las muestras de tales turbulencias fueron la decisión del gremio de la alimentación de retirarse de la Confederación General del Trabajo y la amenaza de la Unión Tranviarios Automotores (UTA) de seguir los mismos pasos tras la decisión del Ministerio de Trabajo de convalidar a la conducción de los subterráneos opuesta al oficialismo. Los bloqueos impuestos por los Moyano a diferentes empresas a fin de forzar la incorporación al gremio de Camioneros a cualquier trabajador por el simple hecho de que, para cumplir su tarea, implique la necesidad de movilizarse, está llevando las cosas a límites riesgosos. “En cualquier momento los trabajadores de las empresas afectadas por esta metodología patoteril rebasarán a nuestras conducciones y saldrán a defender sus fuentes laborales cuerpo a cuerpo; ahí se producirá un desastre muy difícil de parar”, señalaba un dirigente de uno de los sindicatos rebeldes harto ya de tener que lidiar con la prepotencia de Moyano y compañía. “Qué cosa paradojal que, en cambio, en el extenso conflicto que afecta a los trabajadores de Paraná Metal, al secretario general de la CGT practicamente no se lo ha escuchado. “Claro, el dueño de la empresa es Cristóbal López, uno de los amigos dilectos de Néstor y Cristina”, expresaba con fastidio otro líder gremial con muchas ganas de decirle adiós a la CGT. Hay que recordar que, hace unos días, la Presidenta habló en un acto en Rosario celebrado en el casino, recientemente inaugurado, propiedad del señor López. El edifico, de un lujo asiático, está rodeado por un asentamiento precario que no deja de crecer.
Para agregar un ingrediente más a este complejo cóctel gremial está lo sucedido en la elección de la nueva conducción de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). No se recuerda que en la historia de esta organización haya habido una elección tan atravesada por la sospecha y las denuncias de fraude. “El kirchnerismo es incorregible. Mete cizaña y divide en todos lados”, reconocía una voz de la CTA que supo ilusionarse con el matrimonio presidencial, indignada ante el desarrollo de los acontecimientos que empañaron el acto electoral.
El otro frente de alto voltaje político en la semana ha sido la continuidad de la disputa del Gobierno con el Poder Judicial. La situación creada a partir de la resolución de la Suprema Corte de reponer en su cargo al ex procurador de Santa Cruz, Eduardo Sosa, no ha perdido intensidad. La desafortunada defensa que la Presidenta hizo de la postura del gobernador de esa provincia, Daniel Peralta, la llevó a verter conceptos de dudoso sustento jurídico. La Presidenta dijo que lo de la Corte demostraba un “desconocimiento” del Derecho Constitucional. “Si de algo saben los integrantes de esta Corte, de cuyo prestigio nadie duda, es de Derecho Constitucional”, alegaba un profesor de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que confiesa tener simpatía por el Gobierno. A estas expresiones de la Dra. Fernández de Kirchner hay que sumarle la brutal confesión hecha en Santa Cruz por el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, cuando dijo que “nosotros pusimos a esta Corte para otra cosa”. Fue la clara confesión de que, más que una Corte verdaderamente independiente, lo que el kirchnerismo quería era una Corte prestigiosa que por afinidad ideológica y algún tipo de gratitud le fuera adicta. Afortunadamente, esto le salió mal.
En este punto, hay que decirlo, ciertos sectores de la oposición deben también hacerse una autocrítica. Más allá de lo que indican las normas, algunos salieron a blandir alegremente el remedio de la intervención federal con aire de estudiantina. Le terminaron haciendo un enorme favor al Gobierno en desmedro del justo reclamo del Dr. Sosa, un hombre que dio un gran ejemplo de dignidad cuando rechazó la mucha plata con la que el Gobierno quiso acallar su demanda reivindicatoria. Las declaraciones de ayer del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, hablando de una solución política que restituya al funcionario injustamente echado, demuestra la razón del fallo de la Corte.
En otro orden de cosas, la resolución del juez de Dolores, Adolfo Harisgarat, suspendiendo la modificación de la grilla de los canales de televisión, impuesta de prepo a partir del próximo 1° de octubre, es otro dolor de cabeza para un Gobierno que viene adoptando decisiones con abundancia de debilidades jurídicas que dan pie a estos fallos que tanto lo irritan.
En las agitadas aguas del justicialismo, el anuncio que hizo Mario Das Neves acerca de su decisión de no participar en la interna del PJ fue un balde de agua fría para Néstor Kirchner. “Es norma en peronismo que el que gana manda y el que pierde ayuda. Con los Kirchner eso es imposible”, explica alguien cercano al gobernador de la provincia de Chubut que, con su determinación, le vació la interna al ex presidente en funciones.
Entre tantos sinsabores, los Kirchner encontraron solaz en Nueva York, ciudad a la que aman. Allí recibieron los elogios de Bill Clinton y el merecido reconocimiento del presidente Barack Obama a la tarea de las Madres de Plaza de Mayo, que hicieron casi delirar a la corte que acompaña al matrimonio presidencial. La tendencia a sobredimensionar los elogios de los presidentes estadounidenses no es algo exclusivo de este gobierno. Los elogios estuvieron, y eso es bien cierto; tan cierto como las críticas, pero esas, como siempre, no importaron.
* PARA PERFIL
Producción periodística: Guido Baistrocchi.

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