5 marzo, 2021

En el último año ya hubo 45 marchas para pedir seguridad

Marchas para pedir seguridad En el último año, la inseguridad empujó a la gente a la calle –como mínimo– 45 veces. Con pancartas mostrando fotos de sus hijos, padres, hermanos, amigos, novios ( todos asesinados ), los argentinos salieron a reclamar más medidas de seguridad y, sobre todo, mayor compromiso político con el problema . Y lo hicieron a los gritos, indignados, llorando.
Marcharon hacia las plazas de los municipios, hacia las puertas de las comisarías o hacia la mismísima Plaza de Mayo, como ocurrió el último jueves, cuando siete mil personas se movilizaron por dos casos recientes que pegaron muy fuerte en la sociedad: el secuestro y asesinato de Matías Berardi (16) y el homicidio del modelo Diego Rodríguez (28) durante un intento de robo.
Desde las marchas del silencio de hace 20 años por el crimen de María Soledad Morales en Catamarca, hasta la última seguidilla registrada en la Capital y el Gran Buenos Aires, fueron-son-serán los casos particulares, sus detalles y el dolor de los familiares de las víctimas los que motorizan las manifestaciones.
Si algo se vio en el ultimo año fue que el miedo y la bronca unifican . De octubre a octubre, marcharon tanto chicos de countries de los barrios ricos como miembros de la colectividad boliviana (muchas veces, segun denunciaron, acosados por la Policía), de igual manera que comerciantes, colectiveros y habitantes de los barrios más pobres. Un ejemplo de esto último se vio el viernes en la Villa 31 Bis de Retiro: amigos, familiares y vecinos se manifestaron por el esclarecimiento del asesinato del periodista boliviano Adams Ledesma, baleado en una esquina del asentamiento (donde vivía y dirigía Mundo Villa TV ).
Cada marcha es un reproche a las autoridades . Y la respuesta obtenida pasa –según el momento– por el silencio, la frase de circunstancia, algún operativo espectacular con decenas de detenidos o la sanción de una medida correctiva, que surge de pronto como un espasmo, según Clarín.
El 26 de julio, en La Plata, la embarazada Carolina Píparo sufrió una salidera luego de retirar dinero de un banco y terminó con un balazo que le costo la vida a su hijo.
La crueldad del caso generó cuatro marchas . El domingo 8 de agosto más de mil personas caminaron desde la Plaza Moreno hasta la Gobernación bonaerense con globos blancos y celestes.
¿La respuesta política a esto? El ex presidente Néstor Kirchner salió a hablar de “justicia permeable” (acusando de esta manera a los jueces de dejar salir a los delincuentes porque sí). El gobernador Daniel Scioli dijo –sin dar mas detalles– que tenía “las manos atadas”. La oposición logró que el Congreso Nacional convirtiera en ley un proyecto de seguridad bancaria que el kirchnerismo amagó resistir. En la Ciudad, el macrismo pudo sancionar una ley contra los motochorros que la oposición le había “frizado”.
Estas reacciones (algunas discursivas, otras que parecen sólo parches para un problema más complejo) han sido, de todos modos, menos curiosas que las desatadas a fines del año pasado por una serie de homicidios en el GBA. El 17 de noviembre de 2009, Wilde estalló por el crimen de la arquitecta y catequista Renata Toscano, asesinada para robarle el auto. Hubo tres días de acampe frente a la comisaría . Mientras la gente debatía en la calle en clima de asamblea, desde el Gobierno provincial se advirtió de “intereses políticos” detrás de la protesta.
Pero la cosa se complicó. El 25 de noviembre, una bandita mató a la maestra Sandra Almirón cuando estaba a punto de entrar el auto en el garage de su casa, en Derqui. Y el 6 de diciembre, la bioquímica de Necochea Ana María Castro fue a visitar a unos parientes en Lanús y terminó asesinada por motochorros. Como en el caso de Toscano, tras los homicidios de Almirón y Castro la gente salió a reclamar mayor seguridad. Las explicaciones del entonces ministro de Seguridad de la Provincia, Carlos Stornelli, llegaron a tonos pocas veces vistos: el funcionario denunció que los crímenes de las tres mujeres escondían un complot “desestabilizador” contra Scioli . Desde ya, nunca se probó.

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