7 marzo, 2021

El análisis: Los diarios desarrollan el futuro sobre la vacante que deja la muerte de Kirchner

A continuación, le acercamos el análisis de los principales diarios porteños sobre el futuro de Cristina, del Ejecutivo y del país:
# ‘El peronismo se quedó sin jefe y esa vacante determina el futuro’, por Julio Blanck, en "Clarín":
El peronismo, el partido del poder en la Argentina, que nació sintiendo al Estado como propio y al Gobierno como su lugar natural, acaba de quedarse sin jefe.
Este es el dato central del nuevo escenario político. Y quizás del proceso de decantación hacia una nueva jefatura haya que esperar las mayores tensiones del tiempo que irá desde el entierro de Néstor Kirchner a las elecciones presidenciales de 2011. Justo un año.
Apenas un año.
Kirchner era el jefe del peronismo, sin dudas. Lo era aún para los que construyeron la disidencia peronista, porque siempre su referencia fue Kirchner, así fuera para oponerse a él desde el ideario, a esta altura un tanto ajado, que supo elaborar Juan Domingo Perón.
Cristina Fernández es la jefa del Gobierno. Ocupa ese cargo con la legitimidad más absoluta. Pero no es la jefa del peronismo .
La Presidenta tiene ya la solidaridad y el acompañamiento de los gobernadores, los intendentes, los legisladores, los gremialistas. Pero no se puede reclamar herencia en la conducción política .
Conduce el que amasó una construcción propia, el que tuvo capacidad de armar alianzas, de elegir enemigos para asegurarse amigos, de repartir premios y castigos, de darle a algunos casi todo lo que piden y a otros nada. Alguien que haya sabido repartir las barajas pero ser siempre el dueño del mazo.
Ese trabajo jamás lo hizo Cristina en su vida política: era una de las tareas de Néstor.
Así funcionaron exitosamente: juntos gobernaron cuatro años Río Gallegos, doce años Santa Cruz, siete años y medio el país. Pero la jefatura política siempre fue de Néstor. Cristina tiene un gabinete de ministros y secretarios leales, pero sólo un puñadito de ellos son “cristinistas” puros, justamente los que no tienen anclaje ni historia partidaria y peronista. Ellos y el grupo de funcionarios que los acompañaron desde Santa Cruz son toda la estructura propia de la Presidenta.
Ayer, en las largas horas del velatorio popular en la Casa Rosada, se vio a una Cristina serena en su dolor, cálida ante las expresiones de cariño del público. Lo que tiene por delante es una tarea titánica: además de gobernar tendrá que convivir con la vacancia en la jefatura peronista. Después del duelo, sin demasiado afeites, comenzará esa danza de ambiciones , en la que ella con todo derecho querrá incluirse. Sus posibilidades serían considerables, pero ahí ya no tendría los apoyos y condescendencias que hoy se le prometen. Sencillamente porque su pretensión chocaría con otras.
Entre los que quieren avanzar casilleros decisivos en el poder peronista sobresale Hugo Moyano. El jefe de la CGT era el principal socio político de Kirchner. A esa sociedad le supo sacar gruesos beneficios y así acrecentó su dominio sindical, estableció una sólida base económica para su aparato y empezó a presionar sobre la estructura política. Pero ese socio ya no está y ahora hay que ver con quién negocia las decisiones.
Hace dos semanas, el masivo acto en River formalizó la ambición de Moyano. Los sentó a Cristina y Néstor como invitados principales, les ofreció el estadio lleno y les planteó su desafío: mejoras a jubilados, ley de reparto de ganacias empresarias, espacios para los sindicalistas en la política. Hubo algún refucilo verbal con la Presidenta, que no es de quedarse callada. Circula incluso la versión de que Néstor tuvo una áspera discusión telefónica con Moyano la noche antes de su muerte. Se dicen y se dirán muchas cosas. Pero desde River en adelante constó en actas que Moyano va por más, por todo si fuera posible .
La corporación política justicialista -gobernadores, intendentes, funcionarios, legisladores- tomó nota enseguida.
Si Moyano va por todo quiere decir que va por ellos . Y ellos sienten que pueden ser el tercer comensal en la mesa donde se discuta el poder peronista.
Moyano sabe que ningún sindicalista puede ser la cara que el peronismo le ofrezca a la sociedad en 2011. Los niveles de descrédito son demasiado altos, incluso superiores al promedio de los políticos. Su plan de avance sobre el poder supone, en esta etapa, achicar la mesa donde se decida quiénes serán cada cosa. Y que después todos le deban algo.
En esa línea, habla de reestructurar el Partido Justicialista y nombrar a Cristina presidente partidario, el mismo cargo que tenía Néstor.
Es una jugada transparente: Cristina maneja los resortes del Estado, sería una candidata natural en 2011 y no tiene estructura política propia. Lo que a ella le falta lo tiene Moyano, y ella tiene lo que Moyano necesita.
El líder de la CGT apunta a recomponer con Cristina la sociedad que tuvo con Néstor . Si fuera por su preferencia, la Presidenta lo pensaría no dos veces, sino tres, antes de aceptar. Pero la política está hecha de necesidades y no se sabe cuáles sobrevendrán.
Si Moyano consigue coronar a Cristina en el PJ el perjudicado directo sería Daniel Scioli, actual vicepresidente primero. Tras la muerte de Kirchner, Scioli puede quedar al frente del peronismo haciendo lo que más sabe: quedarse quieto, pero siempre en el lugar justo y en el momento indicado.
Si la estructura política del peronismo se reagrupa para discutir nuevas condiciones de poder, ahora que no está Kirchner, una de sus referencias inevitables será Scioli, que ya se perfilaba con ambiciones fuertes para 2011. Otras figuras de buena aceptación pública, incluso alineadas hoy en el disidente Peronismo Federal, también pueden entrar en ese círculo privilegiado.
Si se impone el peronismo político quizás alumbre un liderazgo asociativo desconocido en esa fuerza, tan amante del comando fuerte y único. Del modo que sea, la estructura territorial va a defender sus ambiciones. Porque en 2011 también se ponen en juego las gobernaciones y las intendencias. Todos van a querer alinearse detrás de una figura que les ayude a sumar y no espante votos . En eso, a la hora de la verdad, serán impiadosos.
La disputa por el poder en la criatura de Perón nunca abundó en buenas maneras. Pero la historia no ha corrido en vano y sería necio suponer que vaya a repetirse.
Hay tres sectores que aspiran al poder peronista. Cuando eso está en juego, la tensión es inevitable.
Es lo que viene.
#’Gestos que perfilan el futuro del Gobierno’, por Joaquín Morales Solá, en "La Nación":
Néstor Kirchner murió en un segundo fulminante y crucial. Crucial, sobre todo, porque la política argentina no será la misma después del vértigo de esa tragedia. ¿Cómo gobernará Cristina Kirchner el año que le queda de su mandato? ¿Quiénes serán sus asesores ahora que el gran consejero ya no está? ¿Quién o quiénes serán los encargados de ordenar el justicialismo, de transar con los gobernadores y de disciplinar a los intendentes del conurbano? ¿Quién tiene autoridad como para ponerle límites a la ambición sin límites de Hugo Moyano?
El kirchnerismo tiene claramente dos vertientes distintas. Una se inscribe en la política clásica. La otra está inspirada en la épica de los años 70. Una es más realista y la otra es más idealista. Una prefiere la conversación de la política y la otra opta por la violencia tácita de los hechos consumados. Kirchner basculaba entre unos y otros. No porque dudara, sino porque le sacaba a cada uno lo que mejor podía dar para conformar sus propias necesidades.
Los Kirchner fueron una pareja de poder -qué duda cabe-, pero eso no los hacía idénticos a los dos. Néstor Kirchner conocía la condición indispensable de la ingeniería política. Sabía que gobernadores, intendentes y punteros eran la base esencial de cualquier proyecto electoral. A ninguno le preguntaba si venía de la izquierda o la derecha; sólo les pedía a todos que estuvieran de su lado. Después, él se encargaba de colorearlo al viejo metalúrgico Hugo Curto, por ejemplo, con los increíbles trazos del progresismo.
Cristina Kirchner pone conceptos donde su marido ponía práctica. Esos conceptos crean mundos de amigos y de enemigos, en los que sólo caben el bien y el mal. Kirchner también tenía una lógica binaria -cómo no-, pero sus enemigos no eran conceptuales, sino fácticos. Ni aún en sus épocas de legisladora, la Presidenta toleró la gimnasia del diálogo, la negociación y la concesión. Prefería perder antes que conceder. Una vieja leyenda cuenta que cada vez que Néstor Kirchner amagaba con una negociación, su esposa lo frenaba con un par de preguntas devastadoras: "¿Y los principios? ¿Nos olvidaremos de los principios?" Cierta o no, la anécdota describe bien la diferencia fundamental que había entre ellos.
El kirchnerismo nutría el pragmatismo de su líder con algunas figuras que todavía están. Entre esos viejos artesanos de la política (a los que a veces el ex presidente muerto los obligaba a desconocer su propia historia) pueden inscribirse el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández (que es mucho mejor cuando calla que cuando habla); el ministro del Interior, Florencio Randazzo (que no olvidó, aunque parezca lo contrario, que la política es un juego de equilibrios inestables); el presidente provisional del Senado, José Pampuro (uno de los pocos kirchneristas respetados por la oposición); el presidente del bloque de senadores oficialista, Miguel Pichetto (que nunca dejó de negociar, aunque Kirchner le destruía al final todos los acuerdos), y el jefe del bloque de diputados oficialista, Agustín Rossi (que fue un conciliador antes de frecuentar cierto fundamentalismo tardío).
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La otra veta, la del fanatismo y la del famoso lema de la "profundización del modelo", la encarnan el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el diputado Carlos Kunkel, a quien Kirchner consideraba un consejero indispensable. Hay algunos más, pero carecen de relevancia. Una bisagra entre ambos grupos la corporiza el ministro Julio De Vido, que sirve tanto para conciliar como para romper. Nunca fue, además, un preferido de la Presidenta. De hecho, Cristina Kirchner estuvo a punto de echarlo antes de asumir la jefatura del Estado. Una insistente presión de su marido (que incluyó fuertes operaciones mediáticas inspiradas por el propio Kirchner) terminó confirmándolo en el cargo.
El triunfo de las "palomas" o de los "halcones" marcará la tensión o la distensión de los meses por venir. Los moderados se impondrán si la Presidenta descubre que ya no está el nexo natural que había entre el Gobierno y la estructura del partido gobernante. Cristina Kirchner nunca le dedicó un segundo de su vida al entretejido político, ni dentro ni fuera del peronismo. La victoria de los duros sucederá, en cambio, si la jefa del Estado se convenciera, como parece haberse convencido en los últimos meses, de que ella no lidera una reforma, en el mejor de los casos, sino una revolución. Ella fue la primera en llegar a la certeza de que el mensaje de las últimas elecciones fue la necesidad de "profundizar el modelo" que había perdido.
La escenografía del sepelio, ayer, dio las primeras muestras de que Cristina Kirchner se volcaría hacia los fundamentalistas. Miles de personas, muchas espontáneas y otras tantas movilizadas, desfilaron por la Casa de Gobierno; sobraron las consignas sectarias. La ciudad, sin embargo, no alteró el ritmo normal de su vida cotidiana. Una enorme mayoría social optó por cumplir con los menesteres de todos los días: respetó sus horas de trabajo, fue al banco, consultó con su médico, departió con amigos en un café, hizo las compras necesarias y no cambió el decurso natural de la vida.
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Las cosas excepcionales estuvieron en el lugar de la capilla ardiente. Una Presidenta entera, que contuvo como pudo el llanto y la emoción, aguantó durante horas aferrada al féretro de su esposo muerto. Algo inusual ocurrió también: la Presidenta no dejó espacio para que la saludaran dirigentes opositores como Mauricio Macri, Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez, que llegaron de inmediato al sepelio.
Ni siquiera los miembros de la Corte Suprema de Justicia pudieron darle la mano a la jefa del Estado, advertida por Parrilli, no obstante, de que estaban a su lado los máximos jueces del país. Moyano (que atropelló el ritual oficial y chocó con el recibimiento gélido que sólo Cristina Kirchner puede darle a alguien) y Diego Maradona fueron los únicos que rompieron el férreo cordón protocolar que rodeaba a la Presidenta.
Aníbal Fernández recurrió con lealtad a Julio Cobos y a Eduardo Duhalde para decirles que era mejor que no fueran. ¿Para qué? Hubieran sido blanco de la ira de los manifestantes, que ya se habían pasado gran parte de la noche anterior vituperando a Cobos más que elogiando a los Kirchner. Tampoco la Presidenta los extrañó. Es la verdad.
¿Cuánta sensibilidad ha perdido la sociedad argentina en estos años para que hasta la muerte resulte impotente ante la marea del odio y el rencor? ¿Qué vientos se sembraron para recoger estas tempestades? La muerte de Perón no provocó tanta crispación en 1974, aunque también es cierto que el anciano líder había regresado consensual y moderado, como no lo había sido durante sus primeras presidencias. La muerte de Raúl Alfonsín, hace un año y medio, sólo promovió la nostalgia social de tiempos más amables. Es una lástima, al final de cuentas, que un ex presidente haya sido despedido de este mundo por el agresivo kirchnerismo que creció bajo su sombra.
# ‘Legados y desafíos’, por el politólogo, director del PLED, Atilio A. Boron, en "Página/12":
Es indiscutible que la inesperada y prematura desaparición de Néstor Kirchner tendrá un enorme impacto sobre la vida política argentina. Sucintamente podría decirse, primero, que con él desaparece el político más influyente de la Argentina, el que marcaba la agenda de la discusión pública y el ritmo de la vida política nacional.
Segundo, que durante su gestión como presidente cambió el rumbo por el que venía transitando la Argentina: muy especialmente en materia de derechos humanos y política internacional, pero también con una ejemplar renovación de la Corte Suprema –reparando las vejaciones que en este rubro, como en tantos otros, había cometido el menemismo– y con algunas iniciativas trascendentes en materia económica, principalmente la quita en los bonos de la deuda.
Tercero: desaparece con su muerte el único que reunía las condiciones requeridas para contener, como ningún otro, la compleja y turbulenta realidad del peronismo, cuyas pugnas internas en épocas pasadas sumieron al país en gravísimas crisis institucionales. Este tal vez sea el más serio desafío con el que tendrá que lidiar la Presidenta.
Cuarto, su muerte la priva de una compañía irreemplazable: durante décadas, Néstor Kirchner no sólo militó codo a codo con ella, sino que también fue su consejero, aliado y confidente. Su de-saparición deja un vacío muy grande en la Casa Rosada. Pero, contrariamente a muchas malintencionadas especulaciones expresadas en estas horas, la Presidenta es una política hecha y derecha y, además, una mujer de mucho temple y carácter y que seguramente sabrá sobreponerse a su inmenso dolor y honrar la memoria del ex presidente manteniendo con firmeza en sus manos el timón del Estado y evitando que al interior del PJ se desencadene una feroz pelea por la sucesión.
Nada autoriza a pensar en un paralelismo entre su situación y la de Isabel Martínez de Perón ante la muerte de su esposo, en 1974, argumento éste que ha comenzado a deslizar una derecha interesada en instalar el fantasma de la ingobernabilidad. La viuda de Perón no reunía las menores condiciones para gobernar la Argentina, no tenía trayectoria política alguna y el país se hallaba en una situación incomparablemente distinta de la actual, donde la presencia de militares fascistas era el dato más significativo de aquella coyuntura. La de hoy es completamente distinta en todas y cada una de aquellas dimensiones. De todos modos, para responder a los desafíos del momento, Cristina Fernández tendrá que contar con mucho apoyo, reforzar su articulación con las clases y capas populares mediante la rápida implementación de políticas sociales y económicas más efectivas (y, en algunos casos, largamente demoradas) y, sobre todo, mantener a raya a los aparatos que se arrogan una representación popular que en realidad no tienen y que pueden interferir negativamente en el crucial último año de su mandato y en sus perspectivas electorales.
No es un dato menor comprobar que la formidable movilización espontánea de la ciudadanía hacia Plaza de Mayo, a pocas horas del fallecimiento de Néstor Kirchner, fue incomparablemente superior, en cantidad y también en calidad, al acto del Día de la Lealtad en River organizado por el aparato cegetista. Argentina se asoma a una nueva etapa, signada por la larga sombra del ex presidente: el asesinato de Mariano Ferreyra ya había iniciado este proceso; la muerte de Néstor Kirchner lo acelera y profundiza aún más.
# ‘Cristina candidata 2011’, por Jorge Fontevecchia, en "Perfil.com":
Después de las demostraciones de afecto que recibió de tantos ciudadanos en el velatorio de su marido, resulta difícil imaginar que Cristina Kirchner no se sienta obligada a ser la candidata de su espacio político en las elecciones de 2011, para las que hay que definir precandidaturas dentro de cinco meses. Ella ya media mejor que el ex presidente y los pronósticos actuales asumen que en el próximo sondeo el índice de aprobación de la Presidenta saltará de 33% a más del 50%, convirtiéndose en el político más valorado del país.
También la obliga a ser la candidata de su espacio la pasión que colocaron los comunicadores oficialistas quienes fueron más duros que nunca contra los opositores y los medios de comunicación. Calificar de “canallas” o “carroña” a los periodistas que no comparten sus ideas demuestra el estado de radicalización que invade hoy a los más cercanos al poder. Lo que puede interpretarse tanto como una señal de miedo y fragilidad que obliga a sobreactuar lo opuesto, como un indicio del verdadero reforzamiento del oficialismo que, paradójicamente, hoy tiene un candidato con más posibilidades de vencer en las próximas elecciones que antes de la muerte de su conductor.
Desde el kirchnerismo todas las voces coincidieron en la idea de “profundizar el modelo” y remarcar que “el hombre muere pero el movimiento es inmortal”. Y si Scioli no sería una garantía de continuación del modelo o movimiento, mucho menos de profundización ¿que otro candidato sino Cristina encarna esa demanda?
La muerte de Néstor Kirchner también repercutiría en la interna del radicalismo y del peronismo federal porque el efecto de sugestión colectiva que tiene su funeral, como lo fue el de Alfonsín para el radicalismo, corre a la sociedad algunos grados a la izquierda ya que la simpatía que recupera Kirchner se irradia hacia sus ideas.
Tanto el radicalismo como el peronismo tienen su ala derecha e izquierda, con todos los límites de la simplificación de esta clasificación. Y van juntas porque cuando la sociedad se corre a la izquierda o a la derecha en ambos partidos triunfan los candidatos que representan esa tendencia. No es casual que en los 90 tanto Menem en el peronismo como De la Rúa en el radicalismo, representaran el deslizamiento hacia la derecha de la sociedad (y el mundo tras la caída de la ex Unión Soviética), como Kirchner en el peronismo y Alfonsín en el radicalismo, el deslizamiento hacia la izquierda que se inició en la Argentina tras nuestro colapso de 2002.
Y sin llegar a los extremos de los 90, Reutemann en el peronismo o Cobos en el radicalismo, están posicionados más hacia la derecha.
Tras la muerte de Néstor Kirchner los pronósticos sobre los escenarios futuros se dividieron en dos posiciones antagónicas que reflejaban más los deseos que el análisis de quienes los formulaban. Estaban quienes percibían un futuro con un kirchnerismo acelerando la retirada en la que ya lo veían y a una Presidenta con dificultades de gestión por el vacío que dejaba su marido muerto (la versión que tanto irritó a los comunicadores oficiales). Y, por el opuesto, quienes encontraban que el dolor frente a la muerte de Néstor Kirchner templaba la militancia, inclinaba positivamente a los indecisos y aumentaba relevantemente las posibilidades electorales del oficialismo.
Objetivamente este último escenario es hoy el más probable pero también podría cambiar velozmente si el oficialismo demostrara que su capacidad de gobierno no puede absorber la pérdida de su principal gestor. O se reencendieran sentimientos de aversión que, en gran parte, desaparecen junto con la vida del ex presidente, por errores del propio oficialismo. En cualquier caso, todos miran a Moyano.
# ‘Todos esperan ahora que Cristina mueva’, por Pablo Ibáñez, en "Ambito Financiero":
La Presidente se rodeó en el velorio de ayer de familiares, legisladores, funcionarios y gobernadores, entre ellos, Daniel Scioli, quien la saludó acompañado de su mujer, Karina Rabolini.
El luto, el dolor, la contundencia de la plaza y su mensaje parieron ayer una tregua a la espera de que, en los próximos días, Cristina de Kirchner deslice indicios o señales sobre cómo, y desde qué trinchera, reconfigurará el dispositivo político K.
La metabolización, por parte de la Presidente, de la pérdida de Néstor Kirchner, su socio político, irrumpió ayer como la más incierta e indescifrable incógnita. Y el universo K se congeló atento a qué Cristina surgirá luego del drama y la ausencia.
En los despachos, en el Patio de las Palmeras, en el vip detrás de la capilla ardiente, cuando el impacto dejaba lugar al análisis de lo que viene, ésa era la pregunta central y repetida. «¿Qué hará Cristina? ¿Qué querrá hacer? ¿Con quiénes?».
En un aparte, reunidos en una oficina de la planta baja, José Luis Gioja, Luis Beder Herrera y Maurice Closs trataron de desmanejar ese intríngulis futuro. «Vamos a estar unidos. Ahora tenemos que ver qué hace ella», se preguntó uno de esos mandatarios. En un rincón, secreteaban Jorge Capitanich y José María Díaz Bancalari. Al rato, lo hacían Daniel Scioli y Juan Carlos Mazzón. El salteño Juan Manuel Urtubey, en ronda con un grupo de funcionarios, arriesgaba una alternativa. «Va a armar una mesa política».
Carlos Zannini, el «Chino», el único del planeta K que tenía acceso irrestricto a la mesa de decisiones del matrimonio, se movía inquieto de un lado a otro. Agustín Rossi no tenía respuesta para los diputados que lo rodearon en el Patio de las Palmeras.
La oficina de Florencio Randazzo tenía un tránsito infernal. Aníbal Fernández, en los pocos momentos que se refugió en su despacho, jamás estuvo solo. Tenía otra tarea: soplar al oído a Cristina, parada frente al féretro, los visitantes que llegaban.
Fue quien le avisó del arribo de Hugo Moyano y le preguntó si podía saludarla -en otros casos fue Oscar Parrilli quien se encargó de ese oficio-. Ella asintió, pero el saludo con el jefe de la CGT fue frío. En torno a esa distancia se tejieron, de inmediato, especulaciones.
Quebrado, Julio De Vido regresó a la capilla ardiente a media tarde. Por la mañana, había estado junto a la Presidente y sus hijos, Máximo y Florencia. Muy temprano, otro pingüino, Rudy Ulloa, se derrumbó en un sofá. «Lloraba como un chico», dijo un funcionario que lo asistió.
Observado, Amado Bou-dou llegó después de las 15. «Estuvo, en persona, monitoreando los mercados», lo excusó un ladero. Había sido, durante la mañana, objeto de intrigas y conjuras. Circuló la versión de que sería reemplazado por De Vido. «Un delirio», dijo una fuente oficial.
Gabriel Mariotto, el escudero que los Kirchner eligieron para espadear con la ley de medios, entró y salió varias veces. «Lo que pasa ahí afuera es increíble, impresionante», contaba, entre impactado y dolido, a funcionarios y legisladores.
Esas instantáneas, cruzadas por el estupor y el dolor, no alcanzaban para apagar la gran incógnita: cómo, y sobre todo a través de quiénes, Cristina de Kirchner montará un esquema que trate de ejercer la ciclópea tarea de contención y armado que ejercía su marido.
Definir las terminales, es decir, los intermediarios, voceros y/o negociaciones que actuarán en su nombre. De algún modo, a la corporación política, porque jamás lo hizo antes, le cuesta imaginar que sea ella, en persona, quien se haga cargo de esos menesteres. En la incertidumbre, de boca en boca, quizá para refutar el oscurantismo, circuló una frase. «Está bien, entera. El proyecto sigue en pie. Es ella», contaba un funcionario, remontando 2011. Citaba, como usina del comentario a Héctor Icazuriaga, jefe de la SIDE y ladero habitual, junto a Juan Manuel Abal Medina, de Kirchner en los últimos meses.
El «Chango», nacido en Chivilcoy, mudado a Santa Cruz -quizá porque operaba como el edecán de Kirchner en sus diálogos políticos en Olivos- era mencionado, ayer, junto a Zannini y De Vido como parte del anillo que escoltará a Cristina sin Kirchner.
Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, y gobernadores como Capitanich y Gioja, sonaban como otros componentes de esa mesa. En algunos círculos se agregaba, también, a Moyano. El camionero aparecía como la única figura de esa nómina incluida no por cercanía o empatía con Cristina, sino por necesidad.
El otro interrogante, de una dimensión abrumadora, abarcaba a Scioli y al PJ bonaerense. El cacicazgo de la provincia emitió, rápido, sus telegramas. Pedían, a los gritos, alinearse detrás de un scrum: Cristina presidente, Scioli gobernador. Ese esquema, dicen, da garantías de triunfo.
Sobre el bonaerense -que tuvo su aparte con Carlos Kunkel- caía lluvia ácida. Los últimos sacudones en su relación con el ex presidente (tras bambalinas también se mencionó, al igual que con Moyano, la frialdad con que lo saludó) regresaban como balas envenenadas.
Cristina, ajena, seguía junto al féretro de su marido y socio político. Destinataria exclusiva de los gritos de apoyo, estaba sólo enfrascada en la despedida de su compañero. En otra hora, nadie sabe cómo ni cuándo, mostrará sus cartas.
# ‘La estrategia K para no vaciar de poder a Cristina’, por Walter Brown, Jefe de Redacción de "El Cronista Comercial":
El kirchnerismo se volcó ayer masivamente a la Plaza de Mayo y la Casa de Gobierno para despedir a su líder, pero también para mantener vivo al proyecto que él encarnó. El pedido en favor de la reelección presidencial de Cristina Kirchner buscó preservar el poder de la jefa de Estado, en medio de las especulaciones que empezaron a circular en el ámbito político sobre los aspirantes a ocupar el espacio que deja vacío el fallecimiento de Néstor Kirchner. A menos de un año del próximo paso por las urnas, la nominación de otro candidato oficialista al sillón de Rivadavia afectaría al final de la gestión de la Presidenta. Ya no sería su esposo el interlocutor obligado para los dirigentes del oficialismo y el líder de la CGT. Y al diluirse la posibilidad de continuidad, la mayoría de los planes de inversión quedarían congelados hasta que las urnas alumbren quién fijará las reglas en un nuevo horizonte de cuatro años. Solo la posibilidad de la reelección evitará que esa sombra se pose antes de tiempo sobre Cristina. Por delante, tendrá la tarea de reconfigurar el manejo del poder para que el proyecto kirchnerista no se extinga cuando pase el tiempo del duelo y resurja el de las ambiciones políticas.
# ‘Recuerdos del futuro’, por Fernando Gonzalez, director Periodístico del diario "El Cronista Comercial":
Cuando se producen hechos tan impactantes como la muerte de Néstor Kirchner, la previsión generalizada es esperar cambios profundos que acompañen el nuevo escenario que se abre ante la ausencia de un dirigente tan influyente en los últimos años de la Argentina. Pero las primeras señales del país adolescente no dejan traslucir esa sensación. No se advierten signos de algún tipo de retorno al Kirchner más meritorio, aquel de sus primeros años en el poder. Aquel de los cambios en la Corte; el de la restitución del poder equilibrante del Estado o el que avanzaba en la reestructuración de la deuda externa. Todo lo contrario. Parece potenciarse en estos días de dolor popular la huella de la confrontación, tal vez el legado más olvidable del ex presidente. Veamos algunas de estas imágenes que anticipan como podría ser este kirchnerismo con Cristina y sin Néstor.
Lejos del Congreso. La primera decisión del Gobierno, después de la muerte de Kirchner, fue velarlo en la Casa Rosada y no en el Congreso. La manera que eligió el kirchnerismo para mostrar que Néstor era más un hombre del Poder Ejecutivo que el diputado que había sido elegido en 2009 para participar de la creación de nuevas leyes. Además, una decisión que permitió controlar quién era invitado y quién no al funeral; controlar la seguridad y la transmisión de la ceremonia, un dato clave para empezar a vislumbrar la planificación del futuro inmediato.
Sin Cobos y sin Duhalde. Ricardo Balbín fue el orador que más emocionó durante el funeral de Juan Perón en 1974 pero, por pedido de Cristina, el Gobierno le comunicó al vicepresidente de la Nación y al ex presidente que sería conveniente que no asistieran a la despedida de Kirchner. Un gesto que dejó al desnudo las distancias irreconciliables con dos hombres que fueron sus aliados en el pasado. En cambio, la recepción fue muy cálida para Ricardo Alfonsín; fue amable para Francisco de Narváez y distante para Mauricio Macri, quien no llegó a acercarse a la Presidenta. ¿El dato? No hubo fotos oficiales de ninguno de ellos.
Máximo en ascenso. El hijo del ex presidente, un joven parecido físicamente a su padre que siempre prefirió el bajo perfil y se dedicó a conducir la organización K conocida como “La Cámpora”, comenzó a erigirse en una presencia importante durante las primeras horas del funeral. En primer plano junto a Cristina, fue quien transmitió las decisiones de su madre a varios funcionarios y dirigentes. Hay quienes le auguran un protagonismo creciente para los días que vienen.
Aníbal y Hugo. Habrá que seguir los pasos futuros de Aníbal Fernández. Cristina le ha encomendado la función de nexo con los siempre influyentes gobernadores peronistas y con el jefe de la CGT, Hugo Moyano, el poderoso gremialista al que teme todo el kirchnerismo. Una tarea que requiere historia justicialista y que no pueden cumplir los funcionarios pingüinos, aquellos que llegaron de Santa Cruz junto a Kirchner en el 2003.
Moreno superstar. Hubo quienes creyeron que Guillermo Moreno podría ser uno de los que abandonaría el Gobierno cuando Cristina retome las funciones la semana próxima. Habría que enviarles las imágenes de ayer, en las que el siempre polémico secretario de Comercio Interior saltaba junto a los militantes K gritando por la renuncia de Julio Cobos. Abrazado, palmeado, vitoreado por los simpatizantes kirchneristas, Moreno recobró el ímpetu y ya casi nadie duda de que seguirá junto a la Presidenta.
El karma de la reelección. Fue creciendo como un rumor el miércoles desde la Plaza de Mayo hasta convertirse ayer en mensaje de twitter de la periodista de CNN, Patricia Janiot. El kirchnerismo intentará que Cristina reemplace a Néstor como candidata en 2011 y vaya decididamente por la reelección. Ella deberá evaluar si está en condiciones anímicas de intentarlo y después superar los obstáculos políticos que tiene por delante. Moyano, Scioli, el peronismo, las encuestas adversas. Los actos espontáneos y los perfectamente planificados del funeral constituyen el primer laboratorio de ensayo para la Presidenta que acaba de perder a su compañero de toda la vida.

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