2 marzo, 2021

El médico de Kirchner, bajo sospecha

A los principales especialistas de la medicina argentina les cuesta entender que alguien de la investidura de Kirchner, con factores de riesgo altos y que transcurrió la mayor parte del 2010 con problemas de salud recurrentes y serios, no estuviera casi entre algodones. Difícil era mantenerlo en un lugar como ese, y la opinión generalizada es que Luis Buonomo, el médico presidencial, no era el más indicado para cumplir con ese rol, porque no sabía o no podía ponerle límites a Kirchner.
Buonomo es cirujano. No es cardiólogo, no es neurólogo, no es especialista en ACV, y estuvo siempre a contramano geográfica del matrimonio presidencial: cuando sufrió una angioplastia en septiembre, el médico estaba en Río Gallegos; ahora, mientras los Kirchner visitaban El Calafate, él estaba en Buenos Aires. Además, después de la operación que recibió el ex presidente de la carótida, en febrero, Buonomo dejó de consultar a otros colegas. "Así no se puede controlar la salud de un ex mandatario, de lejos, sin acompañarlo en las giras y sin aceptar segundas opiniones más especializadas", se enojan los expertos.
Las hipótesis sobre lo que desencadenó la muerte de Kirchner son contradictorias. Sin embargo, la que más circula es que Kirchner podría haber dejado de tomar o habría tomado dosis insuficientes de fármacos indispensables para una persona con stent en el cuerpo. Mientras tanto, crecen las sospechas sobre quien fue su médico personal, Buonomo, quien comenzó su amistad con Kirchner en 1985, antes de que el ex presidente fuera intendente de Río Gallegos.

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