4 marzo, 2021

1 mes de luto de Cristina: afloja la victimización

Claudio Chiarutini
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). En medio del inmovilismo opositor, el oficialismo es un torbellino de acción política. Cuando se cumplen 3 semanas de la muerte de Néstor Kirchner, su viuda y heredera ya convenció a Daniel Scioli, José Manuel de la Sota y, está cerca de hacerlo con Carlos Alberto Reutemann, de unir el peronismo en sus provincias asegurando la reelección a los 2 primeros y, al santafesino, postular a Jorge Obeid, uno de sus ahijados políticos.
Al mismo tiempo, en una impecable maniobra orquestada a través de la Justicia y los medios de comunicación, el Gobierno cercó judicialmente a Hugo Moyano y lo obligó a bajar su proyecto político personal (lo que implicó eliminar las listas ‘colectoras’ en la Provincia de Buenos Aires), y reconocer a Cristina Fernández conductora natural del Partido Justicialista.
Más allá de las apariencias, lejos está la Casa Rosada de creer que los conflictos con Hugo Moyano cesaron. El gremialistas tiene duros choques con el ministro de Planificación, Julio De Vido; no respeta a Daniel Scioli, busca condicionar a los ‘Barones del Conurbano’, espera la división inminente de la CTA (Central de Trabajadores Argentinos) y tiene media docena de proyectos de ley frenados en el Congreso.
Creer que el oficialismo no tendrá internas, enfrentamientos o divisiones en el camino a las elecciones es un error que genera el triunfalismo en el kirchnerismo y la ceguera de la oposición. Sin embargo, Cristina Fernández todavía tiene que enfrentar los problemas que existen en la economía, y por eso realizó definiciones –que mantiene en reserva- más importantes que las observadas a nivel político.
Continuadora de la escuela de Néstor Kirchner, su esposa y heredera se prepara para gobernar en 2011 con más dinero en el bolsillo que cualquier otro Presidente de la Nación en la historia argentina. Según diversas consultoras, Cristina Fernández tiene este año $ 50.000 millones excedentes al Presupuesto aprobado en 2009 y lo hará en un año electoral con un sobrante cercano a $ 80.000 millones, casi todo el dinero que tuvo de libre disponibilidad su marido y mentor en los casi 6 años que estuvo en el Gobierno.
Según el Artículo 27 de la Ley de Administración Financiera (Nº 24.156) que fue redactada por Domingo Felipe Cavallo en 1992, Cristina Fernández sólo tiene que recalcular los ingresos de 2009 (suprimiendo las operaciones de crédito y los excedentes de ejercicios anteriores), los gastos del año pasado (descontando el crédito presupuestario, salvo los indispensables para asegurar la continuidad y eficiencia del Estado), adaptando los objetivos y cuantificando los bienes y servicios a producir en 2011 para tener un nuevo presupuesto.
Dado que el kirchnerismo se ha caracterizado por la ‘contabilidad creatividad’, no hay que esperar que la sucesión de Decretos de Necesidad y Urgencia que prepara la Casa Rosada para el lunes 03/01/2011 cumplan fielmente con la normativa legal. Sin duda tendrán deslices muy a favor de las necesidades electorales y política de la Presidente, lo que asegura un activo “dineroducto” para que Cristina Fernández y sus ministros consoliden su poder.
En este marco, el mayor problema para el Gobierno es la inflación y la Presidente compró el discurso heterodoxo que culpa del aumento generalizado de los precios a los cuellos de producción, los empresarios que no tienen límites para ganar dinero y la acción de grupos concentrados que cartelizan o monopolizan los precios, cuya única solución es incrementar la inversión y controlar a los sectores productivos que se aprovechan del consumidor.
En vista del fracaso manifiesto del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, por controlar los precios y con el temor de que Hugo Moyano imponga una pauta de aumento salarial superior al 30%, Cristina Fernández propuso, otra vez, un pacto social y anunció la apertura de negociaciones para pagar la deuda con el Club de Paris, una de las grandes barreras para lograr que inversiones productivas lleguen a la Argentina de las empresas europeas.
Para que sirva de modelo para el “pacto social” que reclama Cristina Fernández, el ministro de Planificación, Julio De Vido, estuvo negociando un pacto entre petroleras y sindicatos del rubro que establecieron las condiciones para evitar demandas alocadas de aumento salarial o paros salvajes, creando ámbitos para llevar adelante reclamos y acuerdos y colocando a la cartera laboral como árbitro entre las partes.
El plan de la Casa Rosada es que la Unión Industrial Argentina y la Confederación General del Trabajo acepten el modelo petrolero para acordar, pero no todas las empresas están en la UIA (ni siquiera en el G6) ni todos los gremios están en la CGT. Jugarse a un solo ensayo para lanzar un “Pacto de la Moncloa” a la criollo, sólo por marketing político y para bajar inflación, parece arriesgado, sino suicida.
Con respecto al Club de París, si bien las negociaciones son “informales” y cuentan con el respaldo explícito de los Estados Unidos, la estrategia comunicacional del Gobierno anunciando la noticia con desafíos y llantos, generó aclaraciones condicionantes del Fondo Monetario Internacional y del propio Club de París, iniciando un cruce a través de los medios que hace tambalear lo negociado en el G20, en Seúl, hace sólo una semana.
La Casa Rosada imagina que US$ 8.000 millones de agencias públicas europeas de inversión podrían venir hacia la Argentina, y serían un ‘piso’: del resto del mundo, con el guiño de los mercados internacionales de crédito, podría ingresar una cifra similar o mayor durante 2011. Es decir, algo así como el cuento de las inversiones chinas, pero con otro disfraz.
La estrategia de la Casa Rosada es mantener con anabólicos al crecimiento del consumo para mantener el aumento de la producción, contener la inflación con presiones a los empresarios, pacto social e incentivando las inversiones, y derramando dinero oficial a lo largo y lo ancho de la Argentina; un modelo que ya aplicó, con éxito, Néstor Kirchner, en los primeros años de su mandato y con el cual logró que su esposa fuera elegida Presidente de la Nación.
El Gobierno puede no reconocer la inflación públicamente, pero tiene en claro que ataca al núcleo duro de sus votantes y no se puede dar el lujo de perderlos. Además, intentará seguir seduciendo a la clase media con anuncios de préstamos, planes de viviendas y una monetización que genera problemas a Mercedes Marcó del Pont, presidenta del Banco Central, dado que no puede cumplir el modificado programa monetario que anuncio hace menos de tres meses.
Con la oposición atomizada, el oficialismo alineado bajo su figura, la economía controlada y manteniendo la imagen positiva y voluntad de voto ganado con la muerte de su marido y mentor, Cristina Fernández cree que puede evitar las internas abiertas, adelantar las elecciones y tener cuatro años más de mandato.
Sin embargo, la realidad suele interponerse a los sueños de los políticos argentinos.
Según encuestadores cercanos a la Casa Rosada, en máxima reserva aseguran que los focus group de la última semana y algunas encuestas realizadas para clientes privados muestran una caída de la imagen positiva de Cristina Fernández de casi 10 puntos, una merma en la voluntad de votos de hasta 5% y la aparición del concepto “abuso de la victimización” entre los entrevistados.
¿Se acabó el ‘Efecto Luto’ que colocó a Cristina Fernández con 65% de imagen positiva y 44% de voluntad de voto? Es posible. La empatía que causó la muerte de Néstor Kirchner está desapareciendo (como todo dolor o sorpresa, el tiempo devalúa esos sentimientos), la Presidente mantiene el uso de un luto que hoy nadie sigue en la sociedad, los sucesivos brotes de llanto en medio de discursos o actos públicos están causando cierto rechazo en los grupos que, antes del fallecimiento del santacruceño, ya eran opositores.
Usar para victimizarse el cross de Graciela Camaño a Carlos Kunkel o visitar a una niña que fue rescatada de un pozo en Florencio Varela forzaron la situación de viudez que exhibe Cristina Fernández. Nadie duda que pueda estar sensibilizada al dolor ajeno, pero cada vez que exhibe su pesar, no genera empatía, trasmite una sensación de debilidad que no se condice con sus acciones políticas y económicas.
El apuro por capitalizar los efectos favorables de la muerte de Néstor Kirchner están llevando al Gobierno a cometer el peor de los errores que se pueden incurrir en este tipo de ocasiones: menospreciar a la opinión pública, jugar con sus sentimientos y creer que con engaños y golpes de mano se gana una elección.

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