Curiosa satisfacción
En la Casa Rosada había una curiosa satisfacción luego de que Cristina Kirchner desautorizó al director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, que quiso impedir que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa disertara en la inauguración de la Feria del Libro. "Esto sirvió para colocar a la Presidenta en el lugar de una defensora de la libertad de expresión", decían funcionarios cercanos al secretario de Medios, Juan Manuel Abal Medina. "Cristina hizo saber que en la Argentina no se le niega a nadie la palabra", dijeron, sin reparar en el enorme costo político anterior.