6 abril, 2025

Ganadores y perdedores

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El huracán Cristina apuesta con todo al trío Filmus-Tomada-Cabandié. Qué pasará con Boudou. Y otra dura derrota para Hugo Moyano.
El huracán Cristina no puede hacer volar cualquier barrilete. Es potente pero no hace milagros. La Presidenta nunca tuvo tanta intención de voto en la Capital y esa es la mayor ventaja comparativa del trípode Filmus-Tomada-Cabandié. El ministro Boudou es el más “amado” por CFK pero su crecimiento vertiginoso en las encuestas encontró un techo difícil de perforar. ¿Este también será el límite de Cristina en la ciudad que más la rechazó durante ocho años? Ella ejerció un verticalismo más feroz que el de Néstor. Impuso sin derecho al pataleo hasta al último candidato porteño pero demostró que no come vidrio. Advirtió a tiempo que su buena imagen y su dedo no alcanzan para bendecir a cualquier candidato recién llegado al distrito como Amado Boudou. Puede potenciar las posibilidades de alguien que ya tenga muchos años de trabajo previo como Filmus al que, a regañadientes, tuvo que amnistiar porque el senador había tenido la osadía de mostrar suaves gestos de autonomía. Boudou no perdió. Incrementó el nivel de conocimiento en la mayor vidriera mediática del país y ya hace calentamiento precompetitivo para jugar en las ligas mayores. ¿Será vicepresidente o jefe de Gabinete? En cambio, Hugo Moyano sí fue derrotado. En el peor momento de su relación con el Gobierno, recibió un nuevo cachetazo: aportó de su bolsillo (en realidad, del de su gremio) la infraestructura para lanzar y sostener la precandidatura del apuesto ministro de Economía. Y no fue recompensado por eso. La presencia en la lista del abogado Alejandro Amor, secretario gremial de los municipales y de las 62 Organizaciones porteñas, es apenas un vuelto. Amor tiene como referente a Moyano pero es amigo personal de Tomada. Se verá más adelante, el 14 de agosto, en el armado de la nómina de candidatos a diputados nacionales, si un moyanista puro como Julio Piumato concreta su objetivo de seguir cuatro años más en su banca. Por ahora, Cristina lo puso en penitencia. Lo retó por su compulsión twittera durante una reunión y no pudo digerir su ataque al nuevo entorno no (¿anti?) peronista que la rodea. En sucesión de 140 caracteres, Piumato hizo público el pensamiento descarnado del moyanismo: “Los progres K tienen respuesta para todo. Ah, seguro que la culpa también la tiene la CGT. Los trabajadores creamos al peronismo. No necesitamos de otro partido. Si Perón viviera, el 33% de los cargos serían para trabajadores y jubilados”. Estas fueron algunas de sus reacciones al fuerte discurso contra los “extorsionadores y corporativos” gremialistas que pronunció Cristina en José C. Paz. Piumato incluso acusó a Mario Ishii sin reparar ni siquiera en el cariño que Cristina le transmitió: “Néstor te quería, Mario”. Piumato utilizó investigaciones periodísticas de medios destituyentes, se preguntó a cuántos traidores cazó Ishii y le apuntó entre ceja y ceja: “Construyó viviendas populares y las repartió entre sus familiares y los de los concejales”. Estos disparos en las redes sociales evidenciaron una fractura expuesta que seguirá abriendo la brecha entre la mesa chica revolucionaria que conduce con Cristina y la ortodoxia sindical y pejotista más cuestionada por las sospechas de corrupción. Un pensador kirchnerista, Luis Tonelli, definió esta situación como un camino: “del cristinismo hacia convertirse en la fase superior del peronismo”. Al lado de Moyano, en la CGT, por el contrario, lo leen como el crecimiento de cierto gorilismo de izquierda, un entrismo imberbe y setentista, cuasi frepasista. Los muchachos cegetistas piensan que, una vez más, pretenden llenar el continente del peronismo con aquel contenido insurreccional pero pacífico, por ahora. Con ironía hablan de “la revolución permanente”. Miran con desconfianza a la vanguardia que conduce el Estado, que tiene y tuvo poco y nada que ver con la doctrina de Perón. Identifican a Carlos Zannini como “El gran timonel”, chicana mediante, por sus años de militancia en el maoísmo aunque en la versión albanesa de Enver Hoxha. Colocan en la misma célula combativa a Héctor Icazuriaga, Juan Manuel Abal Medina, Horacio Verbitsky (escribió que le había llegado “el turno a la corporación de la aristocracia obrera”) y Nilda Garré. Jamás lo reconocerá en público pero los cascotazos virtuales de Piumato iban para ese rancho cuando twitteó : “Los progresistas jamás entendieron al peronismo. Vamos a seguir adelante porque como dice Hugo Moyano es la hora de los trabajadores. Se dicen nac and pop y discriminan a los morochos. No fue el movimiento obrero el que inventó a (Sergio) Massa, fue Alberto Fernández que impulsa a Filmus y Sabbatella”.
Así opinó del mismo Filmus, que la jefa del movimiento acaba de consagrar como su candidato en Capital. Esta es la madre de todas las batallas que se están librando en el país. Está en ciernes, detrás de los nubarrones de la pelea electoral que ocultan su verdadera dimensión y profundidad. Están peleando por el poder, como corresponde a un peronismo que se precie. No hay otra cosa que los excite y los reproduzca más. Este enfrentamiento se saldará recién después de las elecciones, cuando CFK haya mostrado todas sus cartas y resuelva de qué manera puede reformar la Constitución para sucederse a sí misma antes de que se desaten choques internos difíciles de controlar.
Esta es la gran diferencia del kirchnerismo y la oposición. Los demás juegan a las damas o, a lo sumo, al ajedrez. Y el oficialismo al go. Se trata de un milenario juego de mesa estratégico de origen chino, muy complejo, donde se disputan los espacios simultáneamente en distintos planos.
El domingo 31 de julio, en el ballottage porteño, Filmus irá por su revancha personal contra Macri o irrumpirá un germen frenteamplista a la uruguaya con Pino Solanas. Es difícil imaginar cuál de esos tres estará en el mano a mano decisivo. Pero está claro que será un desafío clave para Cristina. Se jugará la posibilidad de desembarcar en la Capital para sumarla al proyecto nacional y quebrar un viejo maleficio que sólo rompió el menemista Erman González. Macri deberá ofrecerse como un freno al expansionismo K para evitar la hegemonía y el monocolor partidario. Y Pino querrá demostrar que se puede gestionar la Ciudad desde el progresismo sin el huracán Cristina.
* ESPECIAL PARA PERFIL

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