5 abril, 2025

El mundo laboral muestra hoy dos planos que se destacan nítidamente sobre el resto, pese a que persisten problemas crónicos, como por ejemplo el alarmante nivel de empleo en negro y las cifras de desocupación y subocupación, pese a las mejoras registradas en ese terreno.
Por un lado, resaltan las negociaciones en paritarias, que se están desarrollando y cerrando de acuerdo con los parámetros generales previstos por las partes, más allá del debate que enmarcó las tratativas, en esta ocasión con el clima especial de un año electoral fundamental.
De todas maneras, hay características que no pueden dejar de observarse: los porcentajes de aumento pactados -que derrumban las estadísticas oficiales que intentan mostrar una baja inflación, incluso aquellos que firman gremios hiperoficialistas (en torno al 24 por ciento)- y la existencia de conflictos en varias actividades, en algunos casos de una intensidad y extensión especial.
Por otra parte, a medida que van quedando superadas esas discusiones por actualización de sueldos, los dirigentes gremiales, desde los alineados en la izquierda hasta los tradicionales ortodoxos, se internan de lleno en el fragor de la discusión política con vistas a la sucesión de elecciones prevista para este ciclo.
Obviamente que las palmas sobre las pulseadas, como ocurre históricamente, vuelven a llevárselas los sindicalistas con sello peronista, y en esta oportunidad lo hace especialmente la pléyade de dirigentes liderados por el jefe de los camioneros y de la CGT, Hugo Moyano.
Hace ya bastante que Moyano avisó que iba a ir por más espacios en el territorio político, fundamentalmente en las listas de candidatos y en cargos ejecutivos.
Sus acciones ortodoxas, producto inalterable de la escuela "vandorista" -el método de golpear para negociar llevado a su máxima expresión por el caudillo metalúrgico Augusto Timoteo Vandor hace casi medio siglo- fueron colmando la paciencia del oficialismo y sobre todo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, especialmente después de la muerte de Néstor Kirchner, el hombre que le tendió la alfombra roja a Moyano.
Si bien no reniega -al menos en público- de la sociedad fundada por el camionero y el ex presidente por intereses mutuos, la Presidenta se encargó en los últimos tiempos de tratar de ponerle límites al líder gremial, con la inestimable ayuda de los políticos del PJ y sindicalistas hoy están en la vereda opuesta a la del mandamás cegetista y se están juntando para ver cómo le minan el terreno.
Por supuesto que Moyano no se queda atrás y también lanza sus réplicas ante cada mandoble de la jefa de Estado. Además, si no es él, son sus hijos Pablo y Facundo los que enarbolan las banderas "moyanistas". Ya quedó entre las frases del año la de Pablo, cuando advirtió que si un sector de camioneros que estaba en conflicto no veía satisfechas sus demandas, iban a "parar el país".
No obstante, el cofundador del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) también está en alerta máxima por si avanzan los intentos por rodearle la manzana.
Enfrascado en la estrategia para avanzar dentro de las estructuras "pejotistas" y después de una innegable decisión voluntaria de mantener silencio tras la reunión del Consejo Nacional Justicialista en la que fue nítida la "marcada de cancha" que le hizo el sector político del peronismo, Moyano salió en las últimas horas a blandir un discurso que a priori suena pacificador y obediente.
Primero dijo que su relación con el Gobierno es "excelente". Y, específicamen
te, sostuvo que era "buena" su relación con la Presidenta.
Tampoco esquivó la respuesta sobre su incursión en la interna peronista porteña, donde apoyó al ministro de Economía, Amado Boudou, en su intento por ser candidato a jefe de Gobierno capitalino. "Vamos a apoyarlos", dijo sobre los postulantes a jefe y vicejefe, el senador Daniel Filmus y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, elegidos directamente por Cristina Fernández de Kirchner.
"Yo apoyaba a Boudou, pero ya está. Somos disciplinados", aseveró, haciendo honor a premisas peronistas históricas. A propósito, habrá que ver en qué proporción influyó el apoyo de Moyano a Boudou en la decisión presidencial sobre la fórmula porteña. Y, en ese sentido, cuánto pudo haber retumbado en los oídos del poder -y de la Presidenta- la calificación de "piantavotos" que le ofrendó al camionero el reelecto gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, después de la pobre performance de uno de sus rivales que tuvo el aval del jefe cegetista.
Pero hubo más expresiones de Moyano, y en tono de supuesta broma, donde sin dudas puede atisbarse el pensamiento del líder sindical.
Ante la consulta sobre su pretensión de candidaturas en las listas, contestó que iba a reclamar "del número uno para arriba". La frase bien podría completar la que pronunció hace unos días en la Universidad de Palermo, cuando aseguró que "no sirvo para número dos. Si no soy número uno, no soy nada".
Y eso no fue todo. Se calificó como "más bueno que el perro Lassie con bozal". Podía omitirse la licencia histórica que se tomó al cambiarle de sexo a la célebre perra, famosa por su bondad, lealtad e inteligencia. Pero lo cierto es que no se recuerda a Lassie con bozal. Y a Moyano tampoco.
* ESPECIAL PARA DYN

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