Carne para todos
Acostumbrado a no pasar inadvertido cada vez que asiste a un restaurante ha llegado a trompearse incluso con algún vecino de mesa en alguna ocasión, Guillermo Moreno ingresó al restó Moncloa camuflado con gorra con visera y abrigo exagerado. El amo de los precios se instaló tranquilamente en un rincón del local, y logró con relativo éxito que no lo reconocieran: desde una mesa cercana, un grupo de habitués lo identificó y se regocijaba de que al menos una vez el secretario de Comercio sintiera en carne propia lo que significa tener que pagar un menú en el microcentro porteño.