5 abril, 2025

Dudas y peleas que ocultan lo demás

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Cristina lleva hasta el límite el anunció de su reelección. Crece el enigma sobre su hipotético compañero de fórmula. La oposición tampoco logra cerrar acuerdos. El distanciamiento entre Alfonsín y Binner complica a radicales y socialistas. Un hecho de corrupción sale a superficie.
El calendario electoral avanza pero las decisiones de los políticos continúan estancadas . Hasta Cristina Fernández, sobre cuya candidatura no existen dudas, o existen mínimas, resolvió llevar su lanzamiento casi al último plazo legal permitido. La semana que se inicia encuentra a la Presidenta en el exterior, al tiempo que arranca junio. A mediados de ese mes vence el plazo para la presentación de las alianzas y, sobre el final, la inscripción de las precandidaturas para las internas abiertas de agosto. El tiempo de las negociaciones y las conjeturas se empieza a encoger de manera dramática.
La oposición asoma bien rezagada respecto del kirchnerismo. Sólo se sabe que Elisa Carrió estará, solitaria y tenaz. Ricardo Alfonsín también, aunque se ignora cómo y con quién. Eduardo Duhalde y Mauricio Macri siguen hurgando alguna alquimia que les permita compartir un candidato. El abanico del oficialismo está más plegado: sólo resta que Cristina anuncie su camino a la reelección, pero esa demora genera inocultable parálisis y ansiedad.
La primera ansiedad no tiene que ver con la voluntad política de Cristina ni con su estado de salud.
Se indaga, en cambio, en su condición emocional.
La Presidenta no ha tenido ni un respiro desde la súbita muerte de Néstor Kirchner ni lo tendrá en los próximos cuatro años si obtuviera la reelección. Peor aún: en el horizonte se advierte un cúmulo de importantes problemas irresueltos –políticos, económicos y sociales– que pudieron ser administrados hasta ahora, sin trastornos brutales, por el manto de piedad que tendió el duelo.
Esa situación no durará para siempre.
El estado de ánimo de Cristina se convierte, cada vez más, en noticia política. Aquel estado suele trasuntar fragilidad en muchas apariciones públicas. De hecho, esa sensación quedó sobrevolando luego del acto del 25 de Mayo en Resistencia. Hubo una mujer de voz raída que se enfrascó en el recuerdo de su marido y se olvidó de la historia. Los hombres que la frecuentan en la actividad oficial, apenas un racimo, relatan a una Presidenta entera y predispuesta.
Entre esas dos imágenes se agazapa siempre la duda.
El kirchnerismo no se detiene en esas cosas. Como da por descontada la reelección de Cristina, intenta adivinar el armado de la fórmula presidencial. Existe un dato objetivo que tampoco sería ajeno a la Presidenta: la vicepresidencia podría ser en un próximo gobierno suyo un cargo clave para la gestión . De una trascendencia, tal vez, como no hubo desde 1983. Debería ocuparlo –según la opinión K– un hombre de indudable lealtad política pero, sobre todo, de confianza personal.
Los rumores retumban alrededor de Amado Boudou. El ministro de Economía es uno de los preferidos de Cristina y su posible designación serviría para contentar a otro sector del poder que se encarama: La Cámpora. ¿ Boudou sería indiscutido luego de no haber dado la talla para Capital? Su ascenso, por otra parte, dejaría huérfanas las expectativas del peronismo que secunda a Cristina. Ese déficit no obligaría a vaticinar ningún conflicto: los peronistas siguen con mansedumbre las decisiones presidenciales.
Como ocurre con su estado de ánimo, la Presidenta también brinda en aquel tema señales contradictorias. Valdría como ejemplo lo que decidió en Capital. Apostó para la elección porteña de julio por una fórmula (Daniel Filmus-Carlos Tomada) bien representativa del PJ. Lo hizo porque las encuestas demostraron que el senador era el único capaz de plantarle pelea a Macri. Pero armó las listas de legisladores a su antojo, dándole prioridad a La Cámpora y postergando aspirantes de la vieja estructura partidaria.
Pese a esas oscilaciones, hay en el peronismo una tendencia –¿o un deseo?– a suponer que Cristina llevará al final de acompañante a algún gobernador.
“La Cámpora no la va a salvar cuando las papas quemen” , opinó un avezado dirigente que presume en el país un futuro con ineludibles tormentas. Aquella lista de gobernadores, sin embargo, resulta cada día más escuálida.
José Luis Gioja fue descartado. Por esa razón reformó la Constitución para un tercer mandato en San Juan. José Alperovich, de Tucumán, cayó en desgracia antes aun del incidente que protagonizó con Hebe de Bonafini. Juan Manuel Urtubey, de Salta, tuvo ciertas insolencias políticas inaceptables –proclamarse para el 2015– según el paladar K. Quedarían en pie Sergio Uribarri, de Entre Ríos, y Jorge Capitanich, del Chaco.
Hubo quienes interpretaron la decisión de Cristina de conmemorar el 25 de Mayo en Chaco –o la asunción de Kirchner en el 2003– como una posible señal para Capitanich.
Pura especulación.
En todo caso, habría sido más llamativa, en el palco de la fiesta, la presencia de Daniel Scioli como vecino de la Presidenta. El gobernador de Buenos Aires recuperó un lugar preponderante en el vértice del poder K.
Imposible no vincular lo de Scioli con la nominación de Filmus-Tomada en Capital. Más allá de ciertos banales coqueteos, la Presidenta parece dispuesta a jugar en todos los distritos con sus protagonistas principales. Ocurrió también en Santa Fe: Agustín Rossi, el jefe de los diputados K, recibió una llamada presidencial no bien se impuso en la abierta partidaria.
Las cosas que se mueven en torno de Scioli, pese a todo, llaman la atención más que las otras. Hace dos meses el gobernador sufrió una embestida K empujada por Nilda Garré, la ministra de Seguridad, y fogoneada además por La Cámpora, organizaciones sociales y los miembros de Carta Abierta. Como un coletazo surgieron las colectoras del diputado Martín Sabbatella. Garré hizo las paces con Ricardo Casal, el ministro de Seguridad de Scioli.
Sobre la inseguridad en la Provincia ya no se debate en el poder . La Cámpora, por orden de Cristina, concurrió a un acto de Scioli en Buenos Aires y se fotografió con el gobernador como si formara parte de un dream team. Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, empapeló los muros metropolitanos con un afiche de respaldo a Scioli. Sabbatella empieza a sentir un temblor de soledad e indefensión, como la de náufrago en un archipiélago.
Scioli es, como en toda la era kirchnerista, un puntal electoral de Cristina y de Kirchner. Podría haber en aquel gesto de la Presidenta razones de agradecimiento. Pero prevalecería la necesidad. Las encuestas oficiales machacan con una victoria segura de Cristina, incluso en la primera vuelta. Los primeros indicadores de la realidad marcarían que, quizá, no le sobre tanto : el kirchnerismo obtuvo en las internas de Santa Fe el 28% de los votos. El resto del voto peronista se dispersó entre otros candidatos, incluido Miguel del Sel, del PRO. El cómico de Midachi cosechó también muchas simpatías del campo. En Buenos Aires, algunos números preliminares indican que Francisco De Narváez, aún sin saber con precisión en qué espacio político jugará, no baja del 20% y Alfonsín para presidente, en el mismo distrito, bascularía entre el 27% y el 30%. Cristina tendría claro que no es tiempo de malgastar energías ni votos.
La oposición no termina nunca de encontrar un rumbo . El Acuerdo Cívico y Social cruje: los radicales no abrochan su acuerdo final con De Narváez y conviven con el enojo que les provoca un posible divorcio del socialismo. El cuadro estaría abonado, sin dudas, por cierta improvisación e impericia política.
Las responsabilidades aparecerían compartidas . El radicalismo se obstinó demasiado tiempo en pregonar la fórmula con Hermes Binner. De un día para el otro, pretendió labrar un pacto con el diputado del peronismo disidente.
Faltó muñeca y sobró el apuro.
Los socialistas se aferran ahora a un principismo estricto –reniegan de De Narváez– que hicieron elástico los años que gobernaron Santa Fe, luego de una prolongada hegemonía peronista. Esa flexibilidad, precisamente, les permitió capear instancias complicadas. Binner tiene un firme acuerdo con los radicales en aquella provincia. Los radicales aportaron una parva de votos al Frente Progresista en las internas del domingo pasado.
Binner parecería ahora atrapado en un laberinto. Lo seducen con una candidatura presidencial desde la izquierda y él se tienta: apoyó a Luis Juez en Córdoba, donde los radicales tienen candidato (Oscar Aguad) y ambiciones. La crisis con la UCR podría poner en riesgo la victoria socialista de julio en Santa Fe que asoma factible, pero no segura. Frente a la encerrona, es probable que Binner intente huir por arriba.
Las peleas de la oposición, el estado emocional de Cristina y el patológico hermetismo del poder van marcando el tiempo electoral y sirven, a la vez, para esconder muchas cosas tristes y graves que acontecen en la Argentina.
El escándalo financiero que envuelve a las Madres de Plaza de Mayo es una de ellas. Detrás de ese escándalo estaría además la conducta turbia del Gobierno. ¿Ocultamiento de un hecho de corrupción? La agrupación de Hebe de Bonafini fue inducida a la militancia partidaria por los Kirchner . Resultó para el ex presidente y su esposa un aporte valioso en un momento clave de la construcción de su poder. Pero está visto ahora que ese salto, en el que se entreveraron los negocios, salpicaría una historia intachable en defensa de los derechos humanos.
El país político también se sacudió por un debate en el canal estatal entre la ensayista Beatriz Sarlo y un panel de periodistas e intelectuales K. Algo que debiera ser normal se convirtió en excepcional. Un espejo del verdadero lugar, quizás, en que se encuentra la política.
* ESPECIAL PARA CLARIN

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