Nubarrones impensados
Además de las derrotas electorales, el kirchnerismo enfrenta tensiones sociales como en Jujuy. El viejo truco de distraer con el fútbol.
Los traspiés electorales en la ciudad de Buenos Aires y Santa Fe, la perspectiva de una situación similar en Córdoba, la presión sobre la Asociación del Fútbol Argentino para crear la “Primera División Para Todos”, el escándalo del proyecto “Sueños Compartidos” de la Fundación de las Madres de Plaza de Mayo que crece y los cuatro muertos como consecuencia de la violenta represión ocurrida en la localidad de Libertador San Martín, en Jujuy, han cubierto de nubarrones espesos un cielo que el Gobierno imaginaba claro y sin turbulencias de aquí a las elecciones presidenciales. Nadie sabe cuál habrá de ser el impacto que estos hechos vayan a tener en esa votación; seguramente las internas abiertas y obligatorias del 14 de agosto arrojen algo de luz sobre cómo se está moviendo el panorama electoral.
La caída de Agustín Rossi, jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria, en Santa Fe, significó una catástrofe ante la que Cristina Fernández de Kirchner mostró la repetición de una conducta según la cual queda claro que no está dispuesta a ser solidaria con ningún derrotado. La lealtad del candidato del FPV, pues, tuvo como pago la ingratitud. A quien se recibió en la Casa Rosada, con foto y todo, fue a María Eugenia Bielsa, que fue la candidata a legisladora más votada. Bielsa obtuvo 13 puntos más que Rossi. La Presidenta sólo habló por teléfono con Rossi quien, por su parte, le hizo conocer sus reproches por las actitudes de poco apoyo recibidas desde el gobierno nacional. La verdad es que Fernández de Kirchner hizo muy poco por ayudar a Rossi y lo poco que hizo lo hizo tan mal que lo perjudicó.
En estas arenas movedizas y ante la evidencia de una próxima derrota electoral, la Presidenta ordenó cambiar la postura del oficialismo y apoyar a José Manuel De la Sota en la elección a gobernador de Córdoba. “Eso no es así”, retrucan desde las cercanías de uno de los ministros con despacho en la Casa Rosada. “Sí, las conversaciones con De la Sota existieron, lo que pasa es que hubo que hacerlas muy reservadamente, ya que los sectores rurales de Córdoba están aún muy enojados por el conflicto con el campo”, reconoce una voz de las cercanías del otro ministro que tiene despacho en Balcarce 50. Se ve que la comunicación entre ellos dista de ser buena.
Quien se ha movido en estos días con un alto perfil ha sido Daniel Scioli. El gobernador bonaerense ha navegado en las aguas que más le gustan: las del eclecticismo político. Allí estuvo, entonces, felicitándolo a Miguel Torres Del Sel y después expresando su apoyo a De la Sota. La trama de lo que está sucediendo en el peronismo de la provincia de Buenos Aires es compleja. Allí, en los ámbitos del Conurbano, se sigue masticando bronca, no ya por el armado de las listas sino por la forma de conducción absolutista que ha impuesto la Presidenta. Esa disconformidad habrá de tener consecuencias. En esos círculos ya no anida la pasión de trabajar por una victoria contundente de ella en primera vuelta. Saben que eso los dejaría sin sostén político y a merced de las huestes de La Cámpora. Sería el principio del fin de cada uno de ellos. Y eso es algo que no están dispuestos a conceder. A estas horas, no son pocos los barones del GBA que trabajan sobre la idea de forzar una segunda vuelta para recién allí, ya consolidada una posición de fuerza que les garantice la cuota de poder que hoy ven en riesgo, apoyar decididamente a Cristina. El plan ideado se extiende más allá de esta elección y lo abarca a Scioli en la construcción de un proyecto que lo ubique como aspirante a la presidencia en el 2015.
En el medio de todo esto irrumpió con todo su drama la crisis social. Esta vez fue en Jujuy. Allí, como en otras partes del país, la pobreza y la desigualdad son parte de un paisaje al que no borra ninguna de las dibujadas cifras del INDEK. Ello se ve agravado por la arbitrariedad con la que se distribuye la ayuda proveniente del Estado. Esa ayuda llega con generosidad a aquellas organizaciones que están alineadas con el Gobierno. En cambio, a las que no, les aguarda la nada. En este caso, se sabe que la empresa Ingenio Ledesma había a acordado la cesión de tierras en las que, con fondos públicos, se construirían viviendas para quienes no las tienen.
Lo cierto es que esos fondos nunca llegaron. Se ve que desde las altas esferas del gobierno jujeño tampoco se inquietaron demasiado por este incumplimiento. Allí la ayuda la concentra Milagro Sala, a quien no se la ha escuchado en estas horas de tanto dolor. Así las cosas, el final no pudo ser menos previsible. Una orden judicial de desalojo, una ejecución lamentable por parte de la policía provincial de esa orden dada por un juez, Jorge Samman, que estaba de licencia en el momento en que ocurrieron los hechos, y el final previsible: los muertos.
El caso le generó una enorme incomodidad y preocupación a la Presidenta en medio de su viaje a Brasilia. “Si no se pertenece al Tupac Amaru la organización de Milagro Sala acá no te dan nada”, denunció Carlos “Perro” Santillán, un dirigente social de honestidad indiscutida. Como siempre que debe enfrentar una situación que complica a uno de los suyos, el Gobierno descarga la culpa en terceros ajenos a él. En este caso, el juez y algún funcionario de menor rango político. No ha habido en cambio, ninguna adjudicación de responsabilidades al gobernador K Walter Barrionuevo. Si, de otro modo, esto hubiese sucedido en una provincia gobernada por alguien no alineado con la Casa Rosada, los corifeos del kirchnerismo se hubieran encargado de lapidarlo al instante.
Finalmente, para no privar al ámbito de la política de su ingrediente de surrealismo, en la semana que pasó se hizo público el deseo presidencial de que River no descendiera. Y como en esta especie de Macondo en la que muchas veces se transforma la Argentina, los deseos presidenciales son órdenes, en la AFA se pusieron a trabajar en este verdadero mamarracho que es el torneo que bien podría llamarte “Primera División Para Todos”. “El Estado soy yo”, es la frase erróneamente atribuida a Luis XIV con la que se sintetizó el carácter absolutista de aquella monarquía. En pleno siglo XXI, la Presidenta parece empeñada en darle vigencia a esa frase, absolutamente incompatible con el sistema republicano, representativo y federal establecido por la Constitución Nacional, que, al asumir el gobierno, prometió cumplir.
* Especial para Perfil