Masacrar la crítica
Randazzo y otra muestra de intolerancia. La depresión opositora. Y el laberinto en torno al crimen de Candela.
Lo que vendrá es un memorable tango compuesto por Astor Piazzolla en 1957. En esa composición, el gran músico argentino anticipaba los nuevos rumbos estéticos por los que a partir de ese momento transitaría la genialidad de su arte. Lejos de la genialidad de Piazzolla y su creación, la bochornosa conferencia de prensa ofrecida por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, en la Casa Rosada, durante cuyo transcurso acusó a los periodistas de Clarín y La Nación de atentar contra la democracia a causa de las informaciones referidas a las irregularidades observadas en el escrutinio provisorio de la elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del domingo 14 de agosto pasado, ha adquirido el valor de una especie de preludio de lo que vendrá en la relación del Gobierno con los medios y los periodistas dispuestos a seguir ejerciendo su profesión con actitud crítica.
La labor de la prensa es y así debe serlo materia de crítica. El trabajo de los periodistas nuestro trabajo está sujeto a la evaluación y a la opinión de nuestro público. Comprender y aceptar esto es algo de buena práctica que hace también a la esencia del ejercicio de nuestra profesión. En atención a ello, está claro que al Gobierno le asiste el pleno derecho de criticar y expresar sus discrepancias con las posturas de cada medio y cada periodista en particular, así como la de pedir la rectificación de las informaciones que sean erróneas. Pero eso no fue lo que ocurrió el martes pasado en la conferencia de prensa dada por el ministro. Allí se llevó adelante una operación destinada a “masacrar” a la prensa (lo habían anticipado unos días antes a los cuatro vientos voces calificadas del Gobierno), en la que el ministro acusó a Clarín y La Nación de haber cometido un delito: el de atentar contra la democracia.
Quedarse en la discusión de la anécdota equivale a tener una visión de vuelo corto sobre el real significado de este hecho, ya que ningún medio puso en duda la victoria de la Presidenta ni la magnitud del resultado electoral. Lo que se hizo fue reflejar denuncias de irregularidades a las que la Justicia electoral dio entidad.
El verdadero asunto, por ende, es la concepción que la Presidenta y muchos miembros de su gobierno, no todos, tienen sobre el papel de la prensa y de la manera cómo los periodistas encaramos nuestro trabajo. Para el Gobierno, informar sobre las mentirosas cifras del Indek, el espectacular enriquecimiento de Cristina Fernández de Kirchner y varios de sus funcionarios y otros escándalos es parte de una campaña y no de una tarea honesta y cabal del periodismo. En eso, el Gobierno se parece mucho al del ex presidente Carlos Menem, la flamante adquisición del kirchnerismo. Claro que no están solos en esa postura: si alguien relee las declaraciones de Ricardo Afonsín publicadas el domingo en PERFIL, verá su queja de que los medios buscaron perjudicarlo y, a su vez, de beneficiar a Duhalde. A juzgar por los resultados, eso no funcionó, ya que el ex presidente quedó tercero. Afortunadamente, los medios no hacen ni ganar ni perder elecciones.
El tiempo político que vive la Argentina es particular. Se asiste a una campaña electoral carente de contenido y de sentido: el resultado ya está cantado y es aceptado por todos. Lo de la oposición parece, en ciertos casos, salido del Macondo de Gabriel García Márquez. No se discute una sola propuesta. Todo gira alrededor de un verdadero sálvese quien pueda entre sus distintos candidatos, algunos de los cuales son ya verdaderos postulantes a la nada.
En la UCR se vive un tiempo de borrasca. Es difícil que la candidatura de Alfonsín pueda generar algún entusiasmo después que Víctor Fayad y Roberto Iglesias, dos postulantes radicales triunfales en la provincia de Mendoza el primero lo logró en la intendencia capitalina y el segundo lo intentará en la gobernación lo hayan defenestrado de la manera que lo hicieron en estos días. (Recuérdese que Fayad tildó a Alfonsín de “muerto” político e Iglesias, apoyado por el presidente del partido, Ernesto Sanz, comenzó a propiciar el corte de boleta.)
En virtud de esto es que Francisco de Narváez, que seguramente no terminará de arrepentirse nunca de su asociación con el candidato radical “una suma que resta”, se viene moviendo con rapidez en pos de definir acuerdos con Adolfo Rodríguez Saá, tal como informó PERFIL en su edición de ayer.
De Duhalde, lo único que se escuchó hasta ahora es su silencio. Y hasta Hermes Binner, el opositor con más perspectivas de crecer de aquí a octubre, debe enfrentar remezones en su frente interno. El último fue el de la vicegobernadora de Santa Fe, Griselda Tessio, quien le hizo recriminaciones de maltrato político similares a las realizadas hace unos días por Alcira Argumedo.
Ante esto, la Presidenta se mueve con total comodidad a lo largo de un camino sin obstáculos en los que asiste a encolumnamientos increíbles de sectores que hasta antes del 14 de agosto no ahorraban críticas ni se abstenían de expresar temores ante algunas decisiones del Gobierno. Un buen ejemplo de ello fue la cena por el Día de la Industria que la Unión Industrial Argentina organizó en Tecnópolis. “Yo escuchaba recientemente con atención el discurso del titular de la UIA; creo que es la primera vez que, cuando voy a un lugar, no tengo que responder absolutamente nada de las cosas que se han dicho”, expresó Fernández de Kirchner, en una referencia que entre varios de los presentes generó alguna sorpresa e hizo acordar a aquel acto del 15 de octubre del año pasado en el estadio de River, cuando la jefa de Estado enrostró a Hugo Moyano, quien reclamaba cargos para los trabajadores, que ella también lo era. “Si todo esto hubiera sido antes del 14 de agosto, habría estado solo porque la mayoría de los que estaban ahí no tenía la menor intención de participar de esa cena con la Presidenta”, reflexionaba con una sonrisa sarcástica un ex directivo de la UIA que estaba sentado cerca de Fernández de Kirchner.
En el medio de todo ello estuvo el caso Candela y su impactante repercusión social y política. El cúmulo de errores y horrores cometidos durante la investigación en los días en los que la chiquita estuvo con vida ha sido increíble. “Hemos fracasado”, reconoció con inusual franqueza el fiscal General de Morón, Federico Nieva Woodgate. El fracaso abarca a las autoridades políticas de la provincia de Buenos Aires, a su policía y también a la SIDE. Mientras la seguridad no sea encarada con el objetivo de crear políticas de Estado habrá muchos otros fracasos.
Puede que la inseguridad no sea un tema que defina una votación. De lo que no caben dudas es que cuesta vidas: es lo que deja como saldo el triste caso Candela.
*Especial para Perfil