Normalidad del absurdo
El contradictorio regreso de Solá al kirchnerismo. La oposición sin brújula. Y el disparate de un juez contra el periodismo.
Para los peronistas que no están con el kirchnerismo, se viene una intemperie de mucho frío”, señala un dirigente del Peronismo Federal (PF) consciente de que es un espacio político en vías de extinción. La no tan sorpresiva deserción de Felipe Solá, iniciando su camino de retorno al kirchnerismo, es tan sólo la punta de un iceberg. “No comparto la forma ni las razones de Felipe para volver al kirchnerismo, pero doy fe de que el PF fue un lugar en donde abundaron la soberbia y el maltrato”, expresa un dirigente que supo estar cerca de Eduardo Duhalde y que nunca entendió por qué el ex presidente lo dejó afuera de las listas de candidatos a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires.
Lo de Solá, de todos modos, constituye un hecho contradictorio. Con ver algún cartel remanente alusivo a su fallida postulación presidencial “Vamos, mejor Felipe”, rezaba su eslogan se aprecia la dimensión de esa contradicción. Hay que recordar que el renunciado jefe del bloque de diputados del PF alguna vez acusó al Gobierno de intentar comprar la voluntad de legisladores de la oposición. “El gobierno sale de shopping”, fue la frase que cobró celebridad acuñada por Solá. Su “borocotización” generó alegría en el Gobierno, no tanto porque abunde el afecto hacia su persona, sino porque acerca al oficialismo al sueño dorado de tener otra vez quórum propio en la Cámara baja, circunstancia que, de concretarse, volverá a transformar al Congreso en una mera escribanía en la que las órdenes del Poder Ejecutivo se habrán de cumplir a pie juntillas.
Al margen de este episodio, la campaña de la nada de la oposición se ha visto matizada esta semana con la reu-nión, a la vista de los fotógrafos, que mantuvieron Francisco de Narváez y Alberto Rodríguez Saá en San Justo. Más evidencia de la huida de De Narváez de las arenas del radicalismo, imposible. Por otra parte, la campaña de Ricardo Alfonsín agrega, día tras día, un nuevo fiasco. “Lo único bueno es que luego del 23 de octubre habrá quedado clausurado el ciclo de Alfonsín y de otra serie de dirigentes que han llevado al partido al borde del abismo”, señala un intendente radical bonaerense que integra una especie de Sub-40 que pretende avanzar hacia posiciones de mayor peso dentro de la conducción partidaria.
A un mes de la elección presidencial, la suerte ya está echada. La única duda es saber por cuánto ganará la fórmula Cristina Fernández de Kirchner-Amado Boudou. Por estas horas, las encuestas creíbles muestran una tendencia al incremento de los guarismos favorables al oficialismo con una caída tanto de Alfonsín como de Duhalde. El segundo lugar parece ser cantado para Hermes Binner, cuya campaña tampoco entusiasma mucho.
Hablando de las encuestas, hay un dato sobre el que vale la pena reflexionar: cuando se interroga sobre el tema institucional, solamente el 15% de los consultados expresa algún tipo de preocupación o interés en la materia.
En la semana que pasó, la Presidenta hizo un breve paso por la ciudad de Nueva York. Más allá de dar su discurso ante la Asamblea General de la ONU, lo más fuerte fue su contacto telefónico con la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde. Se encontró en esa circunstancia con una postura dura del organismo internacional referida al Indek. Es evidente que toda la batería de artilugios que el Gobierno ha desplegado ante el Fondo para intentar darles veracidad a los irreales índices del Instituto Nacional de Estadística y Censo ha tenido como resultado el fracaso. Como dijo alguna vez Abraham Lincoln, “Se puede engañar a algunos todo el tiempo; se puede engañar a todos por algún tiempo; pero lo que no se puede hacer es engañar a todos todo el tiempo”.
En este marco, la decisión del juez en lo Penal Económico Nº 4 Alejandro Catania de enviar una cédula judicial para que los diarios La Nación, Clarín, Ambito Financiero, El Cronista y Página/12 den a conocer la nómina, los números telefónicos y las direcciones para contactar a los periodistas que desde el año 2006 publicaron notas con material de la consultora M&S de Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo, ha producido inquietud.
Sobre este caso, es menester hacer una serie de apreciaciones. La causa iniciada por la denuncia del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, apunta a una supuesta maniobra pergeñada por las consultoras en connivencia con los medios consistente en la difusión de índices de inflación falsos, mayores a los oficiales, en lo que constituiría un caso de agiotaje, definido por el artículo 301 del Código Penal como “maniobra fraudulenta con el fin de procurar alteración en el precio de los artículos o productos oficialmente considerados de primera necesidad, salarios, materias primas o cualesquiera bienes muebles o inmuebles o servicios que sean objeto de contratación” y penado con dos a ocho años de cárcel y una multa de 50 a 500 salarios mínimos vigentes.
Lo disparatado de esta causa está confirmado por los hechos que corroboran las anomalías en el funcionamiento del Indek y que han sido comprobados categóricamente por diferentes fallos judiciales que han recurrido a las consultoras para establecer los porcentajes de ajustes de cuotas alimentarias, homologaciones de convenios laborales hechas por el Ministerio de Trabajo, que recurrieron a la consultora de Graciela Bevacqua y los índices de los institutos de estadística de las diferentes provincias, sumado al informe lapidario del Consejo Académico conformado por profesores de las facultades de Ciencias Económicas de cinco universidades nacionales.
Por lo tanto, que un juez haya decidido dar curso a esta causa destinada al amedrentamiento, es la apología del mundo al revés. En realidad, la causa judicial debería sustanciarse contra Moreno y todos aquellos que lo han venido acompañando en la manifiesta tarea de manipulación y adulteración de los índices de precios al consumidor (IPC) que elabora el Indek. Sería ése un gran aporte por parte de la Justicia a la mejora de la calidad de las instituciones, una necesidad imperiosa de la Argentina, país en donde, peligrosamente, muchas veces lo absurdo es lo normal.
*Especial para Perfil