5 abril, 2025

El Gobierno admite no estar blindado. La gestión no es tan fácil como ganar una elección.
La inédita campaña electoral de la nada continúa. Cristina Fernández de Kirch-ner actúa ya como la Presidenta reelecta. La oposición, por su parte y con gran éxito, la ayuda semana tras semana a consolidar su poder. “Nos estalló la primavera”, expresa una voz del oficialismo a fin de graficar el momento de bonanza que se vive en el Gobierno.
El desbande en el Peronismo Federal tiene aires de un sálvese quien pueda. Algunos intendentes del Gran Buenos Aires que solían dialogar en las sombras con Eduardo Duhalde han cortado todo contacto con el ex presidente. “Tenemos que seguir viviendo”, le dijeron a Carlos Reutemann varios diputados del peronismo santafesino que se aprestan a volver al redil del kirchnerismo.
En la Unión Cívica Radical también se viven los avatares de un naufragio. La anécdota de la semana la protagonizó el candidato a gobernador de la provincia de Mendoza, Roberto Iglesias, quien buscaba con desesperación separar su boleta de la de Ricardo Alfonsín. El no rotundo de la Justicia electoral lo dejó a Iglesias atado a un salvavidas de plomo.
Las encuestas serias ya han detectado los efectos deletéreos de esta campaña de una oposición que no sabe a dónde va y en la que tampoco falta el ridículo (véase, si no, el spot publicitario de Graciela Ocaña con alusiones al sheriff y a la hormiguita). Según algunos de esos muestreos, si antes Alfonsín sacó el 12,20%, ahora mide 8; si antes Duhalde obtuvo el 12%, ahora mide 7. Y todavía faltan tres semanas. Siempre se puede mejorar aun cuando la oposición –que en lo que podría considerarse el colmo de lo patético, no tuvo mejor idea que exhibir su incapacidad para acordar entre sus fiscales de mesa un control conjunto de los comicios del próximo 23– ha demostrado una notable habilidad para empeorar cada semana un poco más. El entuerto entre Francisco de Narváez, Alberto Rodríguez Saá y Ricardo Alfonsín –el puntano diciendo que lo votará a De Narvaéz si De Narvaéz lo vota a él, y Alfonsín denunciando esto como una extorsión a su candidato a gobernador en la provincia– parece sacado de Macondo (cuántas cosas salidas de la pluma de Gabriel García Márquez pueblan la realidad de la Argentina).
“¡Qué fácil es esto!”, reconoció con total sinceridad un miembro del Poder Ejecutivo.
Las conductas que se observan en el Gobierno indican, hasta aquí, que nada habrá de cambiar no ya en su concepción del pomposamente llamado “modelo”, sino en las formas de ejercer el poder. La presencia de Amado Boudou en el Congreso para presentar el proyecto de Ley de Presupuesto 2012 fue un claro ejemplo de ello. El Gobierno no negocia, sino que impone. Y algunos de sus miembros lo hacen con una indisimulable soberbia que esta hora de triunfo exacerba. El mismísimo Boudou es un botón de muestra.
El proyecto de Presupuesto 2012 exhibe los mismos defectos que todos los presupuestos anteriores presentados y ejecutados por el kirchnerismo, en el que se alteran los números de la inflación a los efectos de dejarle al Poder Ejecutivo la posibilidad de disponer de un adicional de miles de millones de pesos, los que luego maneja con total arbitrariedad y sin ningún tipo de control. Y esto será así en los próximos cuatro años en los que el oficialismo tendrá el dominio absoluto del Congreso.
El gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, le envió una carta a la Presidenta con el objetivo de invitarla a tomar la iniciativa de convocar a un diálogo con el resto de las fuerzas políticas a los efectos de dar una señal de convivencia de la que la Argentina tiene tanta necesidad. La respuesta de Fernández de Kirchner fue la no respuesta. Sí en cambio tuvo tiempo para recibir al gobernador electo de la provincia de Río Negro, Carlos Soria, quien cuando estuvo al frente de la SIDE supo ordenar que a los Kirchner se los espiara. He ahí un ejemplo más del doble discurso del kirchnerismo. Seguramente, si Soria hubiese sido candidato de otra fuerza habría sido víctima de una campaña de destrucción por el aparato de inteligencia del Gobierno, tal como en su momento lo fueron Enrique Olivera, Francisco de Narváez y Luis Juez.
Mientras tanto, la Presidenta siguió con la serie de actos de campaña, consistente en anuncios de obras con discursos en los que abunda la buena onda y de los que ha sido erradicada la crispación. En la semana que pasó fue el caso de la industria naviera y de Atucha II. Como anuncios, constituyen aportes indiscutiblemente positivos. Como realidades, en cambio, las cosas son distintas, sobre todo en el caso de Atucha. Allí lo que hubo fue una inauguración parcial –por lo tanto, habrá otras– rodeada de sospechas de sobreprecios de alrededor de dos mil millones de dólares. Esto último no sorprende, ya que hace a la matriz de adjudicación y ejecución de obra pública que tiene el kirchnerismo. Esperemos que las reparaciones de la nave de investigación científica Bernardo Houssay y el submarino ARA San Juan tengan niveles mejores que los del tren de los pueblos entre la Argentina y Uruguay, que llegó a destino sin pasajeros y muchas horas después de lo previsto.
“La Argentina no está blindada ante la crisis económica”, reconoció con sensatez el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. La euforia política de estas horas no debería confundir al Gobierno acerca de los hechos que generan incertidumbre en el presente y se proyectan hacia el futuro. Entre ellos, hay tres que son significativos:
◆ La devaluación del real.
◆ La caída del precio internacional de la tonelada de soja.
◆ La fuga de capitales, fenómeno que ha llevado al Banco Central a vender ya 1.286 millones de dólares durante septiembre.
Son datos de una realidad a la que el Gobierno, en este momento de triunfo, tendría que prestarle extrema atención. El “modelo”, basado en un nivel fenomenal de gasto por parte del Estado, puede llegar a verse fuertemente afectado por los efectos de la crisis económica que vive el mundo. Para que ello no suceda, harán falta correcciones que no pasan ni por los aprietes de Guillermo Moreno a quienes reflejan los elevados índices de inflación y pobreza que tiene nuestro país, ni por las distorsionadas cifras del Indek, ni por los discursos para la tribuna de Amado Boudou.
*Especial para Perfil

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