9 marzo, 2021

El país que fue, el país que viene

Un peronismo convertido casi en un partido hegemónico. Un oficialismo fortalecido, con mayoría legislativa propia o a través de alianzas. Una oposición que necesita reestructurarse. Pocos liderazgos y un plazo prudencial de –más o menos- dos años antes de que empiece a discutirse la sucesión en la Rosada, siempre y cuando no cambie antes el humor económico o se dilapide el apoyo político. Una sociedad casi partida en dos, con visiones muy divergentes.
El listado resume la herencia política que, según los analistas, recibirá el próximo Gobierno, el que surja de las elecciones de este domingo en las que hasta la oposición le augura un triunfo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner mientras deja en claro que, fuera del kirchnerismo, la pelea es básicamente por el segundo puesto, el cartel de contrincante principal y la eventual constitución en figura de contrapeso.
Quien asuma en diciembre iniciará el séptimo período presidencial desde el regreso de la democracia, luego del de Raúl Alfonsín, los dos de Carlos Menem, el de Fernando de la Rúa que completó Eduardo Duhalde (previo paso por la Casa de Gobierno de Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Camaño), el de Néstor Kirchner y el de Cristina. Sólo el segundo mandato de Menem y el de Cristina duraron lo que establece la Constitución: Alfonsín y De la Rúa se fueron antes de tiempo; el primer gobierno de Menem y el de Kirchner fueron más extensos (porque asumieron antes de tiempo); Duhalde gobernó dos años; Rodríguez Saá, una semana; y Puerta y Camaño, apenas unos días. Más allá de esas particularidades, se trata del período constitucional más extenso desde que se estableció el voto secreto y obligatorio y quien asuma –o reasuma- el 10 de diciembre estará al frente de los festejos por los 30 años de democracia.
El gobierno que tenga mandato entre 2011 y 2015 recibirá una Argentina que ha cambiado mucho desde la salida de la crisis económica con la que el país estrenó el nuevo siglo y a la que siguieron varios años de un crecimiento a "tasas chinas" (en los últimos años, más altas para el INDEC que en otros análisis). Ese período comenzó, tras la devaluación y el default y en medio de un contexto internacional de buenos precios de los commodities, en el gobierno de Duhalde, se extendió durante los de Kirchner y Cristina –con la sola excepción de 2009- y tuvo sus pilares macroecónomicos en la competitividad cambiaria y los superávits fiscal y externo, hoy erosionados.
Entrevistados por Clarín.com, los economistas Eduardo Curia, Miguel Kiguel y Daniel Marx mostraron de cara al futuro varias coincidencias pese a su distinta orientación: fundamentalmente, que la economía argentina seguirá creciendo en los próximos años, aunque a un ritmo algo menor y dependiendo de las medidas que tome el Gobierno con el dólar, la inflación y los subsidios, y de lo que pase en el exterior.
Curia, de ideas muy cercanas a las que aplicadas en los últimos años, cree fundamental encarar una profundización de la competitividad cambiaria, vía una depreciación del peso, y reducir la dependencia de la economía de Brasil. Kiguel se muestra menos preocupado por el tipo de cambio aunque cree que más temprano que tarde habrá que tratar de controlar la inflación a través de la política salarial. Y Marx no ve nada "muy dramático" en el horizonte cercano, aunque advierte que hay algunas medidas a tomar –sobre todo en cuanto a inflación y tarifas- para evitar "un trauma posterior" más fuerte.
En cuánto al contexto político para encarar esos desafíos, los analistas políticos ven varias certezas pero también muchas incógnitas. En diálogo con Clarín.com, Juan Manuel Aurelio, de Aresco, Fabián Perechodnik, de Poliarquía, y Mariel Fornoni, de Management & Fit, coinciden a grosso modo en que estas elecciones dejarán a un peronismo fortalecido, a un oficialismo que tarde o temprano alcanzaría la mayoría en el Congreso –solo o con aliados- y a una oposición con pocos referentes de peso.
Aurelio vislumbra “un peronismo casi hegemónico, con alrededor del 70% de los votos entre sus distintas variantes” oficialistas y opositoras. Enfrente, una oposición “muy disminuida” en la que habrá que ver “si aparece un nuevo liderazgo”: el analista advierte que el crecimiento de Hermes Binner tiene un gran componente de un descontento con la performance de otras alternativas opositoras que tiene fuerza en algunos grandes distritos pero no tanto a nivel país y que Mauricio Macri –quien finalmente quedó como uno de los opositores mejor parados por su performance en las elecciones porteñas- “tendrá que ver cómo suma otras fuerzas”.
Aún con un previsible triunfo oficialista, Fornoni es de las que ven “muchas incógnitas y pocas respuestas”. Entre otras: cómo queda la relación del Gobierno con el jefe de la CGT, Hugo Moyano, y, sobre todo, quién va a llevar el tema económico, que hoy está difusamente dividido entre los ministros de Economía, Amado Boudou, Planificación, Julio De Vido, e Industria, Débora Giorgi, y en el que tallan también secretarios como el de Comercio Interior, Guillermo Moreno, o el de Legal y Técnica, Carlos Zanini.
Perechodnik resalta, por su parte, que de confirmarse las previsiones, las elecciones dejarán en (mayor) evidencia que “hay como dos argentinas bastante marcadas, con una clara mayoría que acompaña al Gobierno y otro sector (que vota a la oposición) que no es menos importante pero que está fragmentado”. Coincide con Aurelio en que el peronismo tiene un protagonismo “casi excluyente”, aunque -matiza- lo tiene desde su nacimiento, y en que Binner y Macri son los mejor parados en la oposición pero deberán consolidar esa posición en el tiempo, amén de que resalta las “intendencias” fuertes que conserva la UCR.
En la inevitable lucha peronista para el 2015, todos ven a los que hoy “tienen gestión”: sobre todo a los gobernadores de Buenos Aires, Daniel Scioli; Córdoba, José de la Sota; y Salta, Juan Manuel Urtubey, aunque quizás haya que sumar a algunos intendentes y, sin duda, a eventuales “tapados”. Para eso falta mucho, aunque el momento en el que se desate la pelea por la sucesión K, dicen, dependerá de cómo siga el humor económico y de cómo Cristina –si efectivamente es reelegida- administra el poder político que reciba de las urnas.

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