3 marzo, 2021

Miércoles 02/11, bienvenidos al ajuste

Néstor Kirchner nunca profundizó en las cuestiones de política económica porque para él, todo pasaba por lograr dinero en la caja, y poderes especiales para asignarlo sin complicaciones (Ley de Emergencia). Era un esquema precario pero que le sirvió durante sus 4 años de mandato, básicamente porque hubo bonanza gracias a especiales circunstancias internacionales.
Luego comenzó a complicarse, y reforzar la disponibilidad de dinero fue el disparador de la Resolución 125, decisión cuyas derivaciones terminaronarrastrándolo a la derrota electoral de 2009 y el posterior período de descenso político que lo llevó a la muerte.
La resurrección de Cristina Fernández es consecuencia del luto resultante.
Pero los problemas de la macroeconomía nunca se resolvieron: gasto público creciente y escasez de inversiones e inflación alentada por el comportamiento negativo de gasto público excesivo + sobreconsumo.
Cada vez que surgía el debate sobre el gasto público creciente, la respuesta fue que el gobierno nacional y popular no ajustaría.
Para mancillar la propuesta de prudencia, se agregaba que ajustar era sinónimo de los conservadores y decadentes años ’90.
Por cierto que las palabras Ajuste y Represión han sido muy mal utilizadas por el Frente para la Victoria durante sus 8 años de gobierno, y evidentemente la sociedad argentina convalidó ese error conceptual, segun surge del 53,9% indiscutible de sufragios obtenidos el domingo 23/10.
Pero no hay nada malo en sí mismo ni en el Ajuste como no lo hay en la Represión.Depende de qué se ajusta y por qué. Lo mismo va con lo de reprimir en el marco de la ley.
Hay una 3ra. palabra muy mal utilizada: Progresista. Se ha calificado comoProgresista a conceptos, acontecimientos y personas que no lo fueron/no lo son. Y durante años (en verdad todo esa confusión comenzó con el Frepaso, en los ’90),Progresista fue una categoría blindada, intocable. En fin, una tontería mayúscula, parte de los absurdos estereotipos argentinos.
Es muy positivo que puedan debatirse los significados y significantes de la sociedad argentina.
Así, el martes 02/11, es un día muy importante porque el Ejecutivo Nacional ha anunciado que ahora sí ajustará.
Bah, entendiendo por ajuste realizar aquello a lo que antes se negaba en forma terminante. En verdad, resolverá qué es correcto seguir pagando y qué no lo es. Lo malo es que deba ocurrir una situación de casi emergencia económico-financiera (a pocos días de un triunfo electoral) para apelar a la cordura.
Se ha malgastado una fortuna durante 8 años, que podría haberse aplicado con objetivos más productivos, un concepto muy apreciado por Cristina.
La situación debe ser muy complicada para aceptar concretar esa poda de gasto público, encubierta en la alambicada formulación de que se integrará una comisión que estudie la estructura de subsidios vigentes en los servicios públicos.
En verdad, hay subsidios que resultan racionales y otros que son irracionales.
Cristina Fernández los mantuvo todos porque fue otra de las imposiciones de Néstor Kirchner: la política económica no se revisa.
Resultaría muy interesante que Kirchner estuviera con vida para conocer su reacción ante el nuevo escenario de la macroeconomía.
Cuando tuvo dificultades en Santa Cruz llegó a apropiarse del medio aguinaldo anual complementario de los trabajadores estatales, vale la pena recordar.
¿Cuál será el límite de Cristina Fernández en el nuevo escenario?
Hay algunas consideraciones importantes que realizar.
Por un lado, Cristina conoce bastante menos de macroeconomía que Néstor y tiene un menor ejercicio del poder ante situaciones de crisis.
Aníbal Fernández siempre lo negará pero ese es su rol de jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, designación que premia la genuflexión nunca la capacidad de análisis.
Por otra parte, al recortar subsidios, Cristina tendrá que sacrificar parte de su popularidad y esa no parece resultar una opción hoy día.
Cristina tendrá que aprender a convivir con esa realidad que es parte de la cotidianeidad de todo mandatario: los recursos son escasos siempre y hay que administrarlos.
La idea de los recursos ilimitados -que supone el gasto público siempre creciente- es una ficción insostenible. Y administrar con inteligencia los recursos no es resultar un conservador noventista sino un gerente cuidadoso del dinero que no es propio sino del contribuyente.
Hay un nuevo escenario.

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