La era del ajuste
Trastienda de las nuevas decisiones económicas.Boudou vs. Del Pont. El reencuentro con Obama.
La era del ajuste ha llegado. Los efectos producidos sobre la economía, por la fuga de dólares que viene observándose desde comienzo de año, han empujado al Gobierno a meter mano en una dinámica a la que se pretendía manejar con la metodología del piloto automático. La primera decisión la de establecer controles para las operaciones de compra de dólares hechas en forma legalfue objeto de mucho tironeo en lo más alto del poder. Los entretelones de esa determinación se conocen con bastante detalle. En esencia, hubo dos posiciones enfrentadas: la de Amado Boudou y la de Mercedes Marcó del Pont. La del ministro de Economía era contraria al establecimiento de medidas de control que fueron las que propuso la presidenta del BCRA. Por lo visto, está claro que Cristina Fernández de Kirchner se inclinó por los consejos de Marcó del Pont, los que, a la larga o a la corta, no habrán de servir para nada como se ha cansado de demostrarlo tantas veces la historia. El sinnúmero de problemas que están acarreando estas medidas a todos los que operan en el circuito de la legalidad van más allá de anécdotas de alto impacto y escasa significación, como la de Susana Giménez. En cambio sí son de peso otras situaciones, a saber: empresas que no pudieron hacer pagos por mercaderías o bienes de capital que debían ser abonados en dólares y que, en consecuencia, cuando sean autorizadas a hacer los giros tendrán que abonar con los recargos de rigor; paralización de operaciones de importación de productos terminados e insumos ante la incertidumbre de cómo obtener las divisas para abonarlas; retiro de dólares depositados en cajas de ahorro y/o en cuentas corrientes; falta de renovación de plazos fijos y pérdida de confianza en el sistema bancario. Estos últimos efectos están generando preocupación en los directivos de la Asociación Argentina de Bancos, quienes, a contramano de sus pensamientos, salieron a respaldar la controvertida iniciativa del Gobierno. “¿Qué otra cosa podíamos decir?”, reconoció uno de ellos en conocimiento de que Jorge Brito, el titular de la entidad, debió informarle a la Presidenta sobre la caída de los depósitos tanto en dólares como en pesos.
Más allá, pues, de los comunicados oficiales destinados a dar una idea de que todo ha sido estabilidad y tranquilad en la plaza cambiaria, la realidad ha ido por otros caminos. Uno de los datos que refleja esa circunstancia es la suba del dólar paralelo eufemísticamente llamado dólar “blue” fenómeno que hace años que no se registraba. Por otra parte, los números fiscales muestran hoy en día un rojo que tampoco era habitual en todo este tiempo del kirchnersimo. Para hacer frente a ese déficit, el Gobierno ha recurrido hasta aquí a los fondos de la Anses y del PAMI, a los que en esta semana se les agregaron otros provenientes del Banco Nación. ¿De qué otras cajas se echará mano en el futro si todo continúa así? En el Gobierno se ilusionan con que la liquidación de los dólares provenientes de las exportaciones de granos traerá alivio. Seguramente así habrá de ocurrir, pero será nada más que eso: un alivio.
Amado Bouodu ya le hizo saber a la Presidenta que el actual nivel de subsidios es insostenible en el tiempo. Por ello fue que la doctora Fernández de Kirchner ordenó dar un primer paso con el anuncio de la quita de subvenciones a bancos, casinos, hipódromos, financieras, aeropuertos (increíble que haya habido subsidios para empresas dedicadas a estas actividades) y la transferencia de los subterráneos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Son medidas correctas, pero aún insuficientes. En el caso de los subtes, además, prometedoras de un probable conflicto. La clave de la negociación pasará por acordar cuál será el monto del subsidio que transferirá el Gobierno nacional y por cuánto tiempo lo mantendrá.
El próximo paso que viene es el recorte de los subsidios a las tarifas de agua, electricidad y gas de los que gozan muchos habitantes de la Capital. Al anunciar esto, el ministro de Planificación, Julio De Vido, utilizó una trampa dialéctica que no fue adecuadamente interpretada por los usuarios. “No habrá aumento de tarifas”, dijo el ministro. Eso es cierto. Lo que ocurrirá, en cambio, es que el usuario pasará a pagar la totalidad de la tarifa, lo cual constituirá un golpe brutal para su bolsillo. Finalmente, está el tema del subsidio de la tarifas de gas y electricidad a las empresas. La reducción de todo ese complejo entramado traerá consecuencias inflacionarias y a demás, afectará la competitividad de sus productos en los mercados del exterior.
La reunión de la Presidenta con Barack Obama fue buena. Se recompuso allí una relación que, sin necesidad alguna, venía siendo mal manejada por parte del Gobierno argentino. La victoria electoral le ha dado a Cristina un espaldarazo que ha sido clave para destrabar un contacto personal con el presidente de los Estados Unidos que estaba seriamente averiado. La buena química personal entre presidentes es un hecho que ayuda muchísimo a solucionar los diferendos existentes entre los países a los que gobiernan. Por lo tanto, la Presidenta debería aprovechar esta feliz circunstancia para avanzar con seriedad en la búsqueda de las soluciones que hoy requiere la economía argentina. Una de ellas pasa por el arreglo de la deuda, para lo cual el apoyo de la Casa Blanca es fundamental.
En su discurso ante empresarios que asistieron a la reunión del G-20 en Cannes, la Presidenta criticó las aberraciones de la actual situación económica internacional y habló de lo que definió como anarco-capitalismo y de la necesidad de trabajar en el establecimiento de un capitalismo serio. La crítica fue impecable. Ante ello, ¿y por casa, cómo andamos? He aquí tres preguntas que ayudan a responder este interrogante: ¿Puede promoverse un capitalismo serio a base de estadísticas falsas que impiden conocer los verdaderos índices de variables tan determinantes para la economía de un país como lo es la inflación? ¿Puede promoverse un capitalismo serio basado en el capitalismo de amigos, según el cual hacen grandes negocios sólo aquellas empresas que tienen cercanía con el actual gobierno? ¿Puede haber un capitalismo serio con las dificultades de acceso al crédito que se siguen observando en nuestro país?
Mientras se discuten todas estas cuestiones, pasan cosas inquietantes. Una de ellas aconteció el jueves pasado en uno de los salones auditorio de la Universidad de Palermo. Allí dieron una conferencia Magdalena Ruiz Guiñazú, Jorge Lanata y Gabriel Michi, quienes, cuando estaban a punto de comenzar sus exposiciones, fueron atacados con cascotes por un grupúsculo de personas que proferían consignas contra Clarín y reivindicatorias de 6, 7, 8, la nave insignia de características “goebbelianas” del universo comunicacional del Gobierno. ¿Es ése el prenuncio del país que viene para aquellos periodistas que osen criticar al Gobierno?
* Especial para Perfil