La política dual de Cristina
Olvidar el pasado. Esa es la política elegida por Barack Obama , después de dar vueltas durante tres años para reconstruir la relación con Cristina Kirchner . Quizá nunca antes le fue mejor a la Presidenta en un viaje al extranjero que como el que la llevó a Cannes, en la Riviera francesa. Nicolas Sarkozy había diseñado antes la misma política de Obama con la Argentina. A la Presidenta se la vio hasta gestualmente contenta en medio del minué del G-20 , la organización internacional más influyente en los tiempos que corren. Ese club, impregnado por el perfume del poder mundial, es el que Cristina Kirchner frecuenta con más deleite. Puede prescindir de sus pares latinoamericanos, como lo hizo en la reciente cumbre de Paraguay, pero jamás cancelaría una cita con la cima más elevada del poder y la fama.
El pasado no debería repetirse para poder ser olvidado, según se desprende de lo que desliza la diplomacia internacional. Cristina Kirchner tiene un problema, entonces: deberá acomodar las políticas de su gobierno a un mundo dispuesto a darle otra oportunidad. Deberá definirse, en síntesis, en la oscilación permanente entre el pragmatismo de Amado Boudou y el peronismo cincuentista de Guillermo Moreno, entre la prepotencia de Héctor Timerman y la propia vocación internacional de la jefa del Estado.
El alicate del canciller, con el que abrió sensibles valijas militares norteamericanas en Ezeiza, es ya un anacronismo. ¿Podría Timerman conducir las relaciones exteriores en un período de reconciliación con Washington después de haber hecho lo que hizo? Cannes fue la consagración de Cristina y el final de Timerman , dijo un funcionario, punzante y directo.
A veces no es la ideología lo que prevalece, sino la improvisación. El Gobierno notificó implícitamente de la casi prohibición de comprar dólares cuando Susana Giménez no pudo hacerlo. Cualquier otro ejemplo hubiera pasado inadvertido, pero el de la popular conductora llegó directo al conocimiento social. Una cosa son las regulaciones y otra cosa es la arbitrariedad. Las arbitrariedades del poder no son homologables por el mundo. Había maneras más sofisticadas de desalentar la compra de dólares, que significaba, es cierto, un serio problema para el Gobierno. Sistema financiero y dólares están, además, en la memoria corta de los argentinos. La improvisación ni siquiera se detuvo en eso.
La conclusión es que se fueron del sistema financiero unos 100 millones de dólares diarios en la semana que pasó. Eran depósitos en moneda norteamericana que estaban en cajas de ahorro o en plazos fijos. Hay -o había- unos 15.000 millones de dólares depositados en esas cuentas. Por el sistema de encaje, esa salida de dólares del sistema financiero también termina mermando las reservas del Banco Central. Es lo que pasó. Los dueños de los dólares se llevaron el dinero directamente a las cajas de seguridad. En dependencias oficiales se estudiaban el viernes algunas medidas para acotar el acceso a esos dólares.
La única interpretación del Gobierno es que la salida de capitales fue una reacción de sectores empresarios y mediáticos ofuscados por el arrasador triunfo electoral de la Presidenta. Habría sido una hipótesis posible de analizarse si la opción por el dólar hubiera surgido, abrupta y sorpresiva, el lunes 24 de octubre. Resulta, sin embargo, que hasta el domingo 23 de octubre ya se habían ido en 2011 más de 20.000 millones de dólares del sistema financiero. Durante los últimos años, unos 75.000 millones de dólares eligieron la puerta de salida. Lo que sucedió después de las elecciones es que la Presidenta se notificó del problema, aunque lo hizo a su manera. No es la inflación, sino una conspiración la que se lleva los dólares.
El jueves pasado, la agencia Bloomberg (que es la que miran los inversionistas de todo el mundo) difundió la noticia de que el Estado argentino había votado en el directorio de YPF en contra del reparto de dividendos. El Estado no tiene un voto predominante ahí; los accionistas privados votaron a favor y la empresa decidió pagar los dividendos. El caso prenuncia una nueva línea oficial para frenar la salida de dólares: presionará a las empresas para que no les paguen las ganancias a sus dueños. Están faltando dólares, digan lo que digan , señaló el directivo de un banco importante. La liquidación de dividendos de empresas extranjeras significa unos 10.000 millones de dólares anuales.
En Cannes, la Presidenta abogó por un "capitalismo en serio". Hace falta, en verdad, en un mundo donde los zafarranchos financieros están afectando seriamente la vida económica de las sociedades. Pero el capitalismo en serio necesita de la inversión. Y no habrá inversión si los dueños de las empresas no pueden hacer uso de sus ganancias o si el acceso al dólar está prohibido o muy limitado. Menos incentivo a la inversión puede haber cuando el propio Boudou, el funcionario más influyente hoy por hoy, hizo trascender (y se lo comentó a varios empresarios) que él no fue autor de las medidas que afectaron el mercado cambiario. Deslizó que nunca estuvo de acuerdo con esas resoluciones.
¿Quién manda? ¿Quién elige la política que regirá? La única que manda es la Presidenta, que toma cada día (o cada hora) una idea distinta de funcionarios diversos. Precavida, no quiere otro viernes como el 31 de octubre de 2008, cuando se enteró por dimes y diretes que Martín Redrado, entonces presidente del Banco Central, había intervenido en el mercado cambiario con 525 millones de dólares para frenar una escalada del dólar. Fue una semana después de la estatización de las antiguas AFJP. Los dos Kirchner lo llamaron a Redrado a Olivos y le recriminaron duramente su decisión. Fue la única vez que Redrado ofreció su renuncia. Ya no queda nada de aquella independencia del Banco Central.
A veces, la Presidenta también oye a Boudou. El principio del fin para la era de los subsidios al consumo de servicios públicos fue una idea del vicepresidente electo, que compartió con Julio De Vido. Es una idea elogiable, pero lo sería más si no estuviera inmersa en el natural caos del kirchnerismo. Nadie sabe nada. Hasta las empresas de servicios públicos ignoran cómo confeccionarán las próximas facturas. Si se trata de ahorrar recursos fiscales, es más que probable que las clases media y media alta se quedarán sin los actuales subsidios. Es el razonable final para una política inexplicable. Pero habrá aumentos reales en los precios de los servicios, aunque el relato kirchnerista sólo hable de "equidad" y no de "aumento". El bolsillo no entiende de semántica.
Boudou también le aconsejó resolver la deuda en default con el Club de París, donde Washington cambió su posición en los últimos tiempos. Ahora aceptará un plazo de refinanciación de cuatro años sin la intervención del Fondo Monetario. Dicho esto, la diplomacia norteamericana aclara siempre que en ese núcleo de países acreedores son más importantes Alemania, Japón y Holanda que los Estados Unidos. El problema es, entonces, de otros.
Obama no vendrá a la Argentina después de la cumbre americana de Colombia, en marzo próximo. Es una decisión tomada, dijeron fuentes confiables. Washington no quiere crear más expectativas con la Argentina que las razonables. Para Obama es importante que la Argentina pague los juicios ganados por empresas norteamericanas en el tribunal internacional del Ciadi. Si la presidenta argentina fuera realmente amiga de Obama, haría algo por él en ese asunto en un año electoral norteamericano , dijeron fuentes de Washington. El intenso lobby de las empresas penetra profundo entre los adversarios republicanos del jefe de la Casa Blanca.
¿Y qué quedó del avión decomisado por Timerman? Los norteamericanos llegaron a la conclusión de que fue una atolondrada decisión electoral del gobierno argentino. Prefieren creerlo así para poder empezar de nuevo y enterrar el pasado. Una presidenta reelegida con el 54 por ciento de los votos tiene su atractivo para cualquier líder democrático del mundo. Ni acá ni allá se sabía, a todo esto, que el decreto que disponía la felicidad colectiva de los argentinos caducaría el día en que Cristina Kirchner renovara su poder. Ese día ya pasó..
* Especial para La Nacion