2 marzo, 2021

La Cámpora no pudo con Apla, y Aerolíneas es un caos

Una empresa eficiente ya hubiese eliminado hace tiempo 1 de las 2 flotas internacionales de Aerolíneas Argentinas (obviamente la de los B 747-400), arrasando una gerencia completa, cortando dramáticamente el sobregasto deficitario de la compañía que enriquece a algunos sindicalistas. Demasiado tiempo perdido, coqueteando con los sindicalistas, para terminar en una obviedad.
Todavía se encontraba Antonio Mata gerenciando el pool aerocomercial y ya era evidente que los sindicalistas pretendían imponer sus intereses, en ese momento con la complicidad de Ricardo Jaime y Julio De Vido.
Pero también es cierto que Aerolíneas Argentinas no puede estar incorporando aviones antiguos, material con 15 años de desgaste y en parte sin condiciones apropiadas. Grueso error de la gerencia estatal.
En ese caso, habría que plantearse si la emergencia no requiere eliminar directamente, por algún tiempo, las rutas internacionales de los destinos de Aerolíneas Argentinas porque en las actuales condiciones no hay beneficio alguno para la compañía. Mucho menos para los contribuyentes, quienes financian el déficit espantoso que acumula la ineficiente empresa.
Luego aparece la cuestión de los sindicatos, muchos, demasiados, para una misma compañía cuya única actividad es realizar aerotransporte comercial. Y, en especial, la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas, que cree tener derecho a conducir la compañía, una reinvidicación equivalente a la de un chofer de flota de taxis que se considera con las atribuciones suficientes para decidir qué hacer con la empresa.
También hay convenios colectivos de trabajo que requieren una revisión por los beneficios extraordinarios.
Y directivos sin conocimiento apropiado del competitivo mercado aerotransportista global, lo que permite a los sindicalistas chapuceros prevalecer en el debate.
Todas tareas pendientes desde el día 1 de la gestión estatal. ¿Qué hicieron desde entonces, además de perder un dineral?
Si el Estado argentino pretendía mejorar la gestión de Marsans en Aerolíneas, Julio Alak nunca podría haber sido gerente general de la empresa. Tampoco el trío Mariano Recalde-Eduardo De Pedro-Axel Kicillof.
De Pedro agradece su designación en el Congreso Nacional, al que llegará herido: la derrota de su protegido Juani Ustarroz (el joven que apoyó José Ignacio De Mendiguren, vale la pena recordar), lo hizo retroceder muchos casilleros en La Cámpora, resucitando el intelectualmente limitado ‘el Cuervo’ Larroque. Pero, por lo menos, De Pedro se quita de encima Aerolíneas Argentinas.
Recalde Jr. y Kicillof no obtienen un beneficio similar, por ahora. Y lo peor que les puede ocurrir es marcharse derrotados, el 10/12. Pero ¿podrían sobrevivir en esta situación? Su poder fue erosionado en exceso.
La apuesta sindicalista es a que ambos se marchen pero ¿para qué llegue quién? Los sindicalistas no podrán imponer un sucesor. La Presidente de la Nación no aprueba la conducta sindical en Aerolíneas. El "Moreno con faldas" (Beatriz Paglieri) es una posibilidad entre quienes afirman que hay que disciplinar la empresa en la que el Fisco pierde tanto dinero.
Hay una pregunta central: ¿cuál es el costo a pagar por tener una aerolínea de bandera? Y en especial ¿cuánto es el dinero que el Estado se encuentra dispuesto a perder para que los sindicalistas de Aerolíneas mantengan sus privilegios? Vienen días de ajuste fiscal. No habrá recorte fiscal creíble si no se pone ‘en caja’ a Aerolíneas Argentinas.
Tener una línea áerea de bandera no supone que los contribuyentes acepten las imposiciones de un Jorge Pérez Tamayo o un Ricardo Cirielli. Muchas mentiras han dicho ambos para justificar
Además, el Estado argentino está gastando US$ 700 millones anuales en una empresa cuya documentación dice que sigue siendo propiedad de Marsans porque nunca fue concretada la estatización.
Pero ¿cómo fue que los ambiciosos jóvenes de La Cámpora, que tuvieron todo el dinero que solicitaron y el acceso a Cristina Fernández que les garantiza Máximo Kirchner, no pudieron realizar un gerenciamiento más interesante que el de Marsans, sujeto a jaques permanentes de Julio De Vido, Ricardo Jaime y, obviamente, los sindicalistas?
Enorme la ineficiencia de la gente de La Cámpora: no están para las grandes ligas. Probablemente ni siquiera para el fútbol infantil.
En cuanto al futuro, ¿qué hacer con Aerolíneas y sus sindicalistas?
Tal como ambicionaban los españoles en su momento, los de La Cámpora han descubierto que Austral Líneas Aéreas es una empresa más eficiente e interesante. Pero concederle más rutas a Austal, y más aviones, no resuelve el calvario que supone Aerolíneas Argentinas, cuyos sindicalistas controlan la empresa apelando al reglamento: frenan vuelos, demoran otros, bloquean algunos. La Gerencia de Operaciones es inoperante ante la realidad. Y eso no ocurre en ninguna empresa aerotransportista del mundo, sea estatal o privada.
La situación es límite y deberían producirse definiciones.

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