7 marzo, 2021

De Candela a Tomás: Cuando el asesino está demasiado cerca

Pequeños, inocentes, demasiado jóvenes para morir. Niños que habitan un mundo adulto demasiado enfermo, y muy cercano. Familiar. Sorprende la cantidad de víctimas menores de edad que fueron asesinadas en los últimos tiempos. Se trata de casos que conmueven a la opinión pública y la indignación popular se eleva a límites insospechados. Como el caso de Tomás: en Lincoln ya habían instalado una horca para ‘ajusticiar’ al padrastro y asesino, Abelardo Cuello. También pasó con el crimen de Candela Sol Rodríguez, de 11 años, asesinada y abusada a causa de un posible ajuste de cuentas con su familia. La gente se alzó y tomó partido.
Aunque con diferencias en ambos casos, hay un patrón común: en ambos casos la venganza sobrevuela como hipótesis principal de los crímenes. En el de Candela estaba dirigida a su padre detenido, y en el caso de Tomás, si se confirma la participación de la ex pareja de la madre, a ésta última.
Madres, padres, que llevan una vida que perjudica a sus hijos. Tal como dice la familia de Tomás, el pequeño le temía a su padrastro.
Otro caso de similares características fue el de Florencia Cuevas, de 12 años. El 5 de marzo de 2006 fue violada y asesinada en Tres Arroyos. Su cuerpo fue hallado flotando en un arroyo por un remisero. Florencia había pasado los últimos dos meses en un hogar de menores porque su padre la golpeaba. La semana anterior al crimen había vuelto a su casa para vivir con su madre y sus hermanos. En su primera salida, fue al cumpleaños de un amigo. Pocas horas después, con las primeras luces del día, un remisero halló su cadáver desnudo a la vera de un arroyo, a unos dos kilómetros del centro de esta ciudad.
Santiago Miralles fue asesinado por sus vecinos en 2005.Fue secuestrado y asesinado por los vecinos y caseros de la quinta lindante a la de sus padres, en Canning, partido de Esteban Echeverría. Los cuatro responsables del crimen fueron detenidos.
Según reveló la investigación, Santiago fue asesinado de un fuerte golpe en la cabeza y, luego, atado de pies y manos. Con una pesada piedra en el abdomen, fue arrojado al pozo ciego.
Yesica Marela Martínez, 9 años y Mónica Vega, de 13 fueron desaparecidas el 22 de febrero de 2004. Sus cuerpos fueron hallados en la cámara séptica de la casa de Héctor "el nene" Sánchez, vecino de las víctimas, en Avellaneda. Sánchez, quien las sucuestró, las violó y las asesinó , fue condenado a reclusión perpetua en el 2006.
En octubre de 2003 Estela Suárez Aguirre , fue encontrada muerta en un terreno de General Rodríguez con el cráneo destrozada a golpes y con aparentes signos de haber sido violada.
Jennifer Soledad Falcón, 7 años, fue desaparecida en febrero de 2001. Fue violada y asesinada. Apareció muerta el en un baldío en las afueras de Olavarría. Era hija de un suboficial de Policía. El asesino, Mario Oscar Sayago, de 52 años, debía estar preso por un doble crimen ocurrido en 1983. Según el informe del médico forense Oscar Briscioli, la niña sufrió abuso sexual antes de morir por una "golpiza con piedra u otro elemento contundente"
El 8 de febrero de 2001 Natalia Melmann, 15 años, desapareció cuando luego de ir a bailar regresaba a su casa, en Miramar. Cuatro días después apareció violada y asesinada en las adyacencias del vivero municipal. Los investigadores detuvieron a tres policías bonaerenses, que luego fueron condenados. En octubre de 2002, un tribunal en Mar del Plata falló contra tres policías involucrados involucrados, a quienes aplicó la pena de reclusión perpetua por tiempo indeterminado, la máxima prevista en el Código Penal, y 25 años de reclusión a un ex convicto al que lo consideró partícipe primario del hecho.
Con estos casos estallaron los canales de noticias y ahora, las redes sociales, donde además del trending topic "Justicia por Tomás", el pedido unánime fue decretar la pena de muerte para estos casos donde se ven involucradis niños absolutamente inocentes.
Pero se abre el debate: en un país donde la Justicia muchas veces es ineficiente, ¿ se podría instrumentar la pena de muerte?

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