26 febrero, 2021

La mafia de los manteros de Florida

“Si querés instalarte acá para vender, tenés que hablarlo con el jefe de la cuadra”, advierte José Lemos, que, mientras ofrece un juego de cuatro muñecas de princesas de Disney por $ 80, enseña cómo funciona la asignación de espacios para vender en la calle.
Parado en la codiciada esquina de Florida y Viamonte, que se ganó luego de años de permanencia, explica que el aparente caos de manteros, artesanos y vendedores ambulantes tiene sus reglas. No es fácil conseguir lugar: hay poco espacio y los más “pesados” acaparan hasta siete puestos. “Así es la ley de la calle”, resume.
Tanto los manteros como el Ministerio Público Fiscal porteño, coinciden en que existen organizaciones dedicadas a lucrar con el espacio público en diferentes puntos de la Ciudad. En lo que difieren es en la dimensión y el poder de las “mafias” que operan detrás. Mientras que en la Justicia sugieren que grupos organizados monopolizan el comercio callejero, los manteros juran que la mayoría trabaja de forma independiente. Los operativos para desarmar el negocio de venta ilegal avanzan: en lo que va del año se allanaron 27 depósitos –doce de ellos eran proveedores de la calle Florida– con $ 15 millones de pesos en mercadería.
En varios de esos procedimientos también encontraron computadoras, teléfonos celulares y en algunos hasta cuadernos con detalles de contabilidad de los puestos. Esa última prueba es la que reveló la información más sugestiva: bajo el subtítulo “brigada”, en muchos casos, se consignaba pagos a las fuerzas de seguridad que deberían controlar en la zona, de hasta $ 100 diarios por puesto, según indicaron fuentes judiciales.
Fuentes del Gobierno estiman que, durante 2010, los manteros habrían pagado cerca de $ 1,2 millones en concepto de “protección”. También se incluían gastos similares por el “alquiler” del lugar. “Los pagos son siempre por seguridad y territorio, para poder asegurarse un puesto, hay que pagarle al capo del lugar”, dice la fiscal Verónica Guagnino.
Con cerca de 400 puestos –según un relevamiento de la CAME–, Florida es el centro de venta callejera más emblemático, pero no es el único ni el más grande. En la avenida Avellaneda, por ejemplo, hay casi 1.500 manteros y en la zona de Once, más de 700. En este último caso, la Fiscalía en lo Penal, Contravencional y de Faltas Nº 2, encabezada por Guagnino, allanó este miércolos nueve depósitos, entre los que se encontraba una fábrica textil clandestina de cuatro pisos ubicada en la Villa 1.11.14. Se secuestraron 680 bultos con mercadería y 29 máquinas de coser. Los investigadores llegaron al lugar después de seguir a una camioneta Mercedes-Benz desde Once, pero la flota utilizada incluía varios utilitarios y vehículos Renault Kangoo, Peugeot Partner, Citroën Berlingo, entre otras.
“En todos los centros de venta callejera operan organizaciones similares, aunque cada una tiene sus particularidades”, explica Martín López Zavaleta, titular de la Unidad de Investigaciones Complejas del Ministerio Público Fiscal.
Siempre son redes complejas con roles bien diferenciados, que incluyen desde abogados hasta contactos con el poder. Pero los manteros están en la base de la pirámide y sostienen al resto de la estructura. El censo realizado por el ex juez y actual Defensor Oficial Adjunto, Roberto Andrés Gallardo, revela que sólo en Florida hay 350, pero desde la fiscalía calculan más del doble.
Según descifró el equipo de fiscales que los investiga, la mercadería es usualmente provista por la propia organización, que la guarda en lo que denomina “depósitos intermedios”, cercanos al lugar de venta para poder ser fácilmente repuesta. Esa es la labor de los “entregadores”, que coordinan el reparto. Las ventas, según el día, la ubicación y el tipo de producto, van de los $ 500 a los $ 3 mil diarios por manta. Al final del día, los cobradores pasan a retirar lo recaudado.
Tanto donde se fabrica como en los depósitos y en los puestos de venta, hay “vigiladores” que avisan de cualquier movimiento inusual. Otra variante que se da en Florida es la de los empresarios de la venta callejera que tienen varios puestos con empleados a los quienes pagan entre $ 30 y $ 40 por día. “Tienen hasta catering que les lleva comida todos los días”, cuenta Guagnino.
“La mayoría de los que estamos acá traemos nuestra mercadería y no ganamos más de cien pesos por día, los que están fuera de la ley son minoría. Es mentira que te cobren para trabajar”, explica Javier Reategui, que vende mates grabados desde hace más de un año. Y agrega: “Es cierto que algunos le pagan a la policía, pero son los que venden marcas truchas”.

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