27 febrero, 2021

Once: hay un puesto trucho cada dos comercios legales

Podría confundirse con Ciudad del Este. O con un mercado callejero de algún país limítrofe. Los vendedores llaman la atención hacia sus mercaderías. Los puestos abigarrados, exhiben montañas de las cosas más diversas: anteojos, calzoncillos, enchufes, ojotas, termos. Las mujeres vocean comida al paso: “¡Papa rellena, papa rellena!”. Podría ser Ciudad del Este, pero no. Es Buenos Aires, más precisamente los alrededores de las avenidas Pueyrredón y Rivadavia, en la zona de Once, paraíso de la venta ilegal .
Según el relevamiento de octubre de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en Once hay 760 manteros y/o puestos de venta ilegal. Esto representa el 16% de los puestos informales de toda la Ciudad, que ascienden a 4.878. Es la segunda zona más invadida , después de la avenida Avellaneda. La cantidad de manteros viene en aumento: en agosto había 611 y en septiembre, 651. Además, hay 539 pequeños locales distribuidos en 10 “saladitas”. En total, entonces, hay 1.299 puestos de venta de artículos dudosos, contra 2.769 locales comerciales legalmente establecidos.
“Siempre el Once fue una zona roja para la venta ilegal, pero en los últimos tiempos viene incrementándose geométricamente –observa Vicente Lourenzo, secretario de CAME y vicepresidente 1° de CADMIRA, la Cámara de Comerciantes Mayoristas e Industriales asentada en el barrio–. Hay organizaciones proveedoras de estos manteros, que generalmente son inmigrantes contratados diariamente. Sólo así se explica el nivel de logística que tienen. El primer perjuicio que sufre el comerciante es que debe abandonar el stock que ofrece o reconvertirse. Si vende medias un 50% más caras que el mantero, tiene que guardarlas y ofertar otras medias o cambiar de rubro. Muchos dejan el local”.
A medida que se apura el paso por avenida Rivadavia, aparecen más y más puestos. Zapatos, carteras y juguetes se apiñan en mantas y mesas plegables. “Te voy a hacer delirar”, promete la inscripción estampada en una bombacha, entre un montón de ropa interior desparramada en la vereda de Rivadavia y Azcuénaga. En la misma cuadra hay un display donde ofrecen anteojos de lectura a $ 15 . ¿Económico? Dos cuadras más adelante, los ofertan a $ 10. Al 2600 de la avenida, una “frutería” tienta con 1/4 kilo de arándanos a $ 7 y medio de cerezas a $ 15. Hay una de estas fruterías por cuadra, entre otros puestos que anuncian un slip por $ 10 o dos por $ 15. Y que compiten con locales establecidos que sacan su propia mercadería a la calle , para tratar de captar clientes.
Al doblar por la recova de Pueyrredón, el mercado persa continúa. En un puestito ofrecen todo por $ 1. Aros, cadenas, pulseras. Es el inframundo de la bijouterie . Varias mujeres revuelven y eligen sus devaluadas joyas, la mayoría de refulgente dorado.
Pero el núcleo de los puesteros está en la vereda de la estación del tren, en Pueyrredón entre Bartolomé Mitre y Perón. Hay vendedores contra la pared y contra el cordón y apenas queda un angosto corredor para pasar. Los puestos están uno al lado del otro y sólo dejan espacio libre en los ingresos a la estación. Hay de todo, pero los rubros más repetidos son la venta de anteojos y ropa interior. Aquí está la nave madre de la venta de tres pares de medias “de marca” por $ 10. Y de las ojotas. No cualquier ojota, sino las supuestas “Havaianas”, que entregan a cambio de $ 30. Algunos puesteros ofrecen otras ojotas de fabricantes un poquito más leales, que las marcan como “Hawaianas”. Parecido, pero no lo mismo.
La zona álgida de puestos sigue entre Perón y Sarmiento. Uno ofrece calzoncillos a $ 9,99, frente a un local que lucha para vender dos slips a $ 35, en una competencia perdida . La esquina de Pueyrredón y Sarmiento sirve para recobrar las fuerzas. Ahí varias mujeres ofrecen comida. El hit gastronómico es la papa rellena , especialidad de origen peruano.
“En el Once hay grandes mayoristas de indumentaria y también están creciendo mucho los rubros de bazar y ferretería –explica Lourenzo–. Esos mismos rubros son los que se encuentran en la vía pública. El problema es que esa mercadería, de contrabando o producida por un fabricante trucho, no guarda la mínima seguridad. En agosto, por ejemplo, todos venden juguetes, muchos prohibidos por la Anmat porque son tóxicos”.
En la avenida Corrientes también hay manteros. En los alrededores de los negocios de compra y venta de oro cercanos a Pueyrredón hay varios vendedores africanos, con paraguas exhibidores o valijas abiertas con cientos de anillos, cadenitas, pulseras y aparatosos relojes. Yendo hacia el Centro, aparece más indumentaria y hasta bolsos y carteras. “Esa que se convierte en mochila sale $ 100”, explica un mantero a una interesada, en Corrientes y Larrea. Una ganga que combina a la perfección con los collares de $ 1.

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