6 marzo, 2021

Michetti: "Muchos quieren que sea candidata a gobernadora"

Por Magdalena Ruiz Guiñazu
Gabriela Michetti sabe muy bien que, en este momento, su nombre queda automáticamente relacionado con las actividades del PRO con miras ya para 2015. Su partido necesita una figura en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, no se altera y con mucha firmeza describe su punto de vista.
—Mire, en primer término, no pienso decidir nada, absolutamente nada, hasta que yo sienta que tengo que decidir algo. Luego, debo conservar mi relación con la gente y quiero hacer las cosas bien en mi tarea diaria, justamente para preservar esa relación que creo es muy buena. Y esto me da la libertad de poder elegir (en el momento que haya que elegir, cuando estemos cercanos a las elecciones) el lugar en el que me sienta más cómoda. Además creo que hoy el partido tiene más dirigentes que en 2009. En aquel año 2009 me tocó hacer un esfuerzo importante (renunciar a un cargo) porque realmente Mauricio y yo éramos los únicos dirigentes conocidos del PRO y, obviamente, hubiera sido egoísta de mi parte no ayudar a ganar esa elección. Hoy, repito, hay muchos más dirigentes en el PRO, con lo cual mi libertad se agranda. Por eso le he dicho a todo el mundo: no me presionen con ninguna candidatura ni con ninguna fecha. Con nada. Simplemente porque, esta vez, yo voy a decidir cuando realmente quiera y voy a ir a la candidatura o al lugar que me haga sentir mejor en relación con lo que le puedo ofrecer a la gente. Me siento muy tranquila y muy serena y… –aquí sonríe ampliamente por primera vez– que los que hablan, digan lo que quieran.
—Bueno, convengamos en que se la ve como candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires para 2015.

—Obviamente, cualquier partido político que se precie de pretender una candidatura presidencial necesita también un gobernador que haga una buena elección en la Provincia. Esto está claro y yo entiendo que, para muchos de ellos, dentro del partido, hoy sería necesario empezar a trabajar en esa candidatura. ¿Por qué? Pues simplemente si usted tiene a un candidato que mide bien en las encuestas, como pareciera ser mi caso en este momento…
Y aquí hace una salvedad: —Siempre digo “en este momento” porque son títulos que uno revalida todos los días. Entonces –continúa– le convendría al partido que yo les dijera a algunos dirigentes que… bueno, ya estoy recorriendo la Provincia. ¿Por qué? Simplemente porque se dice “ya empieza a recorrer la Provincia con Gabriela”… y, también, hay muchos políticos que subrayarían que vamos a tener una buena elección y empezarían a trabajar para el PRO. Lo que pasa es que yo creo que llega un momento en el que uno no tiene que estar siempre pendiente de lo que se necesita en el minuto, en la coyuntura, en la inmediatez. Esto a veces es más un requerimiento de otros que de uno mismo.
Gabriela se expresa con absoluta franqueza y diría también con un cierto fastidio.
—Usted siempre mide muy, muy bien, y me parece que me está explicando que algunos están aprovechando su proverbial entusiasmo y buena disposición…
Ella evita una respuesta directa pero lo que dice es elocuente:

—Me parece que hay momentos en los que uno debe tomarse los tiempos que necesita. Así es que yo entiendo que hace falta un candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Creo también que hay otros políticos del PRO que podrían serlo. Desde ya que me incluyo, pero lo veo tan lejos que, francamente, en este momento me resulta una cosa imposible de pensar.
—Hace apenas unas horas que fracasó el traspaso de los subtes… ¿Cómo es hoy su mirada sobre el PRO?
—Mi mirada es la misma que he tenido durante estos años. Desde 2007 hasta ahora. Yo creo que éste es un partido nuevo. Muy nuevo. Piense que la mayoría de los partidos tradicionales tienen más de cien años. Como decía, éste es un partido nuevo y creo que la historia de los países (a diferencia de la historia de las personas) tiene tiempos y procesos mucho más largos que nuestras propias vidas. Entonces, también los partidos deberán tener, en función de esto, períodos largos de formación. Para mí el PRO tiene que solidificarse. Siempre he dicho esto. El PRO tiene un candidato a presidente. ¿Por qué? Pues porque la gente ve a Mauricio Macri como un buen candidato presidencial. Ahora bien, de ahí a que estemos en condiciones de decir “éste es un partido que puede gobernar el país” me parece que hay una distancia, porque son necesarios candidatos en las provincias, en las ciudades… Hace falta militancia, ciudadanos convencidos. En una palabra, hace falta una sociedad, por lo menos en su gran mayoría, que acompañe los cambios que uno quiere hacer. ¡Si no, sería gobernar para hacer lo mismo que ya han hecho otros! Y se supone que nosotros venimos a traer un cambio. Entonces, creo que lo que le pide la gente al PRO es esto que estamos empezando a hacer ahora con mucha más conciencia. Es decir, armar un partido a nivel nacional. Es necesario, por ejemplo, recorrer las provincias. Es lo que acabo de hacer ahora en la campaña: ir a San Juan, a Mendoza, a Tucumán, a Entre Ríos. A cada lugar donde tenemos una persona que está empezando a formar el partido; donde tenemos un dirigente que, tal vez, se sienta un poco desilusionado frente a su partido tradicional y le interese el proyecto que nosotros estamos armando. En una palabra: conformar todo esto. Si nosotros, en estos cuatro años que faltan para 2015, podemos armar esas representaciones ciudadanas, entonces creo que estaremos en muy buenas condiciones de ser la alternativa para gobernar el país en 2015. Pero hay que recordar que es una tarea muy dura. Hay que llevarla a cabo y no dormirse en los laureles y decir “bueno, total en 2015, tres meses antes de las elecciones, lo tenemos a Mauricio Macri como candidato a presidente y les decimos a todos ‘vamos a votar’”. No, absolutamente, no. Esta es una construcción seria que debe conformarse sólidamente con una estructura institucional. Y yo estoy absolutamente dispuesta a trabajar en este proyecto porque creo que los dirigentes de nuestra generación tenemos una deuda institucional con el país. Si criticamos tanto la falta de instituciones, empecemos a armar nuestras propias instituciones, que son los partidos políticos.
—¿Cómo los imagina?
—Tenemos que hacerlos modernos, menos burocráticos. Hagámoslos más dinámicos. Pero que sean instituciones. Y yo insisto con esto porque si no seguimos con la injerencia de la Ciudad sobre la política de Mendoza; la injerencia de la Capital sobre la provincia de Entre Ríos… todas cosas que se hacen mal. Entonces creo que tenemos un camino lindísimo, un desafío enorme y muy duro. Pero estamos aquí justamente para hacerlo. Confío en muchos dirigentes de mi partido que están muy enganchados con esto. Me encanta acompañarlos. Uno de ellos es Emilio Monzó que es el futuro ministro de Gobierno que tendremos ahora. Es una persona acostumbrada y con experiencia en los armados políticos. Tengo confianza en su tarea.
—Quizás los pronósticos se adelantaron cuando se vio una mejor relación con el Gobierno que ahora parecería haber quedado desarticulada…
—Le confieso que a mí me llamó la atención esta lectura tan rápida diciendo “bueno, bueno, ahora se llevan mejor”. Porque, si reflexionamos un poco, los hechos no eran tan claros. La primera semana después de las elecciones tuvimos el problema del descarrilamiento del tren y discusiones fuertes acerca del soterramiento del Sarmiento. Después surgió esto de los subtes, que no fue una conversación tipo “¿cómo vamos a hacerlo?”; “¿qué es lo que más conviene?” y, siempre, los ciudadanos en el medio. No hubo un diálogo en el que se llamó a la Ciudad incluso para preguntarle si convenía comenzar con la transferencia del subte. O “¿prefieren ustedes la transferencia de la Policía?”. No. Me parece que fue un revoleo unilateral. Si estamos hablando del diálogo entre Nación y Ciudad… bueno, yo personalmente no he visto un solo gesto que me dé garantías ni indicios de que exista una buena predisposición a mantener ese diálogo. Yo creo que ese diálogo sería indispensable, espectacular y magnífico, pero no he registrado ninguna llamada para armar una mesa técnica para analizar el tránsito, el transporte o la basura. Nada. Entonces, no apuremos las interpretaciones de dos o tres cosas que pasaron y que “parecían” ser una mejor relación. Por mi parte no he visto, desde el Gobierno nacional, una voluntad manifiesta de llevarse mejor con el Gobierno de la Ciudad.
—Y, ya como diputada, ¿cuáles son sus planes inmediatos?
—Estoy preocupada por dos o tres cosas que me obsesionan. Y una de ellas interesa particularmente a la sociedad: me refiero al tema de la adopción. En la Argentina la adopción es un drama, porque tenemos la mirada muy puesta en los papás que quieren adoptar pero debemos, en cambio, ponerla en los niños (que es el bien supremo al cuidado del Estado). Es necesario entonces buscar la forma para que esos niños tengan papás. Nos encontramos allí con cifras que no son absolutamente seguras, pero cuando hablamos de chicos en institutos o en guarda o en situaciones irregulares, llegamos a cifras que van de 20 mil a 40 mil. Además, en nuestro país hay una postura ideológica (que considero contraria al sentido común) y es la siguiente: preservar el vínculo biológico cueste lo que cueste. Entonces, de acuerdo a este planteo si un niñito está en un Hogar y su mamá lo visita una vez por año y deja asentado que lo fue a ver, ya no está en condiciones de ser adoptado porque se supone que mantiene vínculos con su familia.

—Pero la preservación del vínculo implica un vínculo. Y allí no hay vínculo.

—Exactamente. Entonces lo que hicimos fue tomar todos los proyectos de ley de adopción que había en la Cámara (esto nos tomó un año y medio de trabajo) y seleccionamos de cada uno de estos proyectos lo que nos parecía mejor en pos del interés de los niños. Armamos así un proyecto que contempla todos los demás proyectos presentados. Los hemos unificado realizando un verdadero trabajo de Comisión. A su vez hemos hecho análisis comparativos internacionales incorporando algunos de sus puntos en nuestro proyecto. ¿Qué va a ocurrir entonces si esta ley se aprueba? En primer término, que los plazos se acortan; que los niños en condición de ser adoptados no tengan que sufrir la larga espera que tienen hoy. O sea que no vamos a tener niños de 12 o 14 años esperando en un instituto. Que un único juez se va a encargar de todo lo relacionado con la guarda y con la adopción. En este momento todo esto va por cursos separados y conforma un gran rompecabezas porque nadie se pone de acuerdo con nadie. ¿Qué termina pasando, entonces? Algo terrible, y es que, en nuestro país, la mayoría de los niños se venden y se compran en vez de transitar por los circuitos lógicos que debe tener una ley de adopción.
—¿Qué características inmediatas tendría esta nueva ley?
—Tiene que ser dinámica, protectora del niño, con todas las garantías y todos los derechos. Porque lo que hoy ocurre con el sistema engorroso y burocrático que tenemos es que se termina por favorecer el tráfico de bebés. Hoy no existe la figura de “delito en tráfico de bebés”. Por eso es tan fácil para muchos sortear estos obstáculos y transitar por circuitos paralelos a las leyes de adopción. Resumiendo, entonces lo que hacemos es: transparentar la ley haciéndola más dinámica y pensando en los niños como “bien superior a cuidar”. Y no solamente en los papás que buscan niños. Como le decía, creamos la figura de “delito en tráfico de niños” y, a la vez, hacemos una tercera ley llamada “Creación del Programa nacional de concientización y asistencia en materia de adopción” en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Social. Esto significa que el paquete de las tres leyes completa el cículo de la problemática de la adopción. Porque la otra problemática que surge en adopción es que la mayoría de los niñitos que pasan de los 3 o 4 años ya no son adoptados por papás que quieren chicos de menos de 1 año. Hay solamente un 5,5% de papás que quieren adoptar a chicos de entre 1 y 4 años. Y en cuanto a los chicos de más de 5 años, la demanda de los papás baja al 0,6%. La problemática se va a agravando cada vez más porque los niños van creciendo en los Hogares y no los quiere adoptar nadie. Ni qué hablar de los que tienen alguna discapacidad. Ni de los que son hermanos. Entonces hemos creado este programa porque lo que pretende es realizar una concientización en la sociedad de lo que implica la adopción, hacerla más natural. Yo estoy segura de que hoy, si culturalmente la adopción fuera un tema más aceptado, ágil y fluido, muchas chicas que hoy abortan no lo harían. Es fundamental que la adopción nos resulte a todos más natural y accesible. Que también promocione la adopción de chicos con discapacidad, y de hermanos.
—¿Es decir?
—Bueno, que los papás que quieran adoptar hermanos o estén dispuestos a adoptar chicos con discapacidad sepan que van a contar con un apoyo del Estado mucho más importante. Esto va a brindar un gran apoyo a parejas que no se animan pero que lo harían si supieran que el Estado los va a acompañar con recursos de todo tipo. Desde los económicos hasta los psicológicos o, también, ocupacionales. Los que fueren.
—Además, no separarían a una familia.
—Desde ya. La idea es, entonces, facilitar todo esto. El proyecto es muy completo. Por eso hemos tardado más de un año en formularlo. Son tres leyes. Una, por ejemplo, crea el programa de concientización y promoción de chicos con mayores dificultades; otra, la reforma del Código Civil para que el proceso de adopción sea más transparente y rápido. Quiero aclarar que con la idea de conservar siempre el tema del vínculo. Nosotros incluso decimos, en uno de los artículos, que ningún juez puede dar a un niño en adopción porque la mamá haya alegado que no tiene recursos económicos. Nosotros queremos el vínculo biológico pero cumplido. Es decir que la mamá demuestre que el niño va a la escuela, recibe sus vacunas, come lo necesario y que, realmente, desea criar a ese hijo.
—Pero, como decíamos, visitarlo una vez por año no es un vínculo aceptable.
—No. Hemos achicado el plazo a 90 días (tres meses) y que, además, la mamá tiene que demostrar la voluntad de criar a ese niño y que, no bien tenga las condiciones que le están faltando para tenerlo con ella, lo va a hacer. Entonces, el juez no puede nunca darlo en adopción porque la madre alegue problemas económicos. Es el Estado quien tiene que garantizárselo.
—Pero también está trabajando en otro tema, ¿no es cierto?
—Sí. Quizá no tenga tanta relación directa con los ciudadanos. Tiene que ver con el mejoramiento del Estado. Le explico: yo siempre digo que el Estado necesita buena gente. Y, además, necesita profesionalizarse para que las personas a cargo de algún servicio público sepan claramente cuál es su responsabilidad y conozcan bien el tema. Una de las cosas que nos están pasando en Argentina es que seguimos invirtiendo cada vez más plata en politicas sociales. Nadie podrá decir que el Gobierno nacional no ha invertido en policas sociales. Sin embargo, si vamos a ver los indicadores de calidad y lo que ocurrió con esa inversión, advertiremos que en educación hemos retrocedido; en planes sociales, estamos en una tercera generación de argentinos que no trabajan y en salud los indicadores han retrocedido. Y nos interrogamos: ¿cómo puede ser que estemos invirtiendo cada vez más plata del PBI y resulta que los indicadores retroceden? Entonces, lo que hemos hecho es crear una Agencia por ley (ojalá salga el año que viene, porque a México le cambió todos los indicadores de política social y en España ocurrió lo mismo), formada por gente que sabe de estos temas. Será un ente autártico e independiente. Por concurso. Con un directorio al que podrán entrar solamente quienes tengan una sólida formación en políticas sociales.
—¿Y la misión específica de esa Agencia?
—Evaluar los impactos de las políticas sociales. Por ejemplo, si usted invierte 100 pesos en una política social, esa Agencia tiene la obligación de demostrarnos que esos 100 pesos impactaron correctamente o fueron desperdiciados. Quizá no se comprenda demasiado la enorme importancia que tiene el impacto de esta política cuando se aplica correctamente. Significa, ni más ni menos, explicar que se va a cuidar el dinero de los argentinos que, con sus impuestos, le dan al Estado una ayuda mensual. Que el contribuyente vea que, a través de su ayuda, la pobreza, la desigualdad, la educación, etc. están mejorando. Si la Agencia señala aciertos y errores y los transmite a la Sigen, a la Auditoría General de la Nación, al Congreso y a la Presidencia de la Nación, esto tiene que ser información que esté al alcance de todos los ciudadanos. Imagínese cómo se rompe el clientelismo con este sistema. Es decir que, si públicamente se advierte que la plata no está donde debe estar, hay que averiguar adónde la han desviado. O, también, que se está administrando en forma ineficiente. Y esto es tan corrupto como desviar ese dinero.
—¿Y el tercer proyecto?
—Es tambien desviar el clientelismo político. Es decir que todo funcionario que manipule los dineros públicos destinados a obras sociales y pida algo a cambio estará sujeto a una figura legal (si es que aprueban este proyecto) que convierte en delito el clientelismo político con penas de prisión de uno a cinco años. Y el que va a ir preso no es el que recibe. Quedará como testigo protegido en su denuncia y, en cambio, el funcionario que está haciendo clientelismo será castigado. Otro de los temas en los que estoy trabajando (y se lo hemos presentado con mi equipo a Macri) es ocuparnos de las villas de la Ciudad unificando todas las acciones que realiza el Gobierno de la Ciudad en un organismo que conducirá Marina Klemensiewicz, que hasta ahora se ha ocupado de la politica de discapacidad y en tres años y medio ha logrado ser modelo en América latina.

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