5 abril, 2025

Crisis institucional en puerta

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Amado Boudou está batiendo un récord histórico: es el primer vicepresidente de la Nación en funciones que es formalmente investigado por presuntos hechos de corrupción. Ya tiene condición de "sospechoso" para la Justicia. Este precedente respaldaría, eventualmente, una citación judicial a indagatoria, que podría ponerlo, a su vez, a las puertas de un procesamiento. El escándalo, que está abriendo paso a la posibilidad de una seria crisis institucional, ya tiene consecuencias políticas para la propia Presidenta. Jamás consultó con nadie antes de encaramarlo a Boudou en el segundo lugar en importancia de la República, hace apenas seis meses.
La política oficial se ha entretenido demasiado en aclarar si Boudou era amigo -o no- del presidente de la ex Ciccone Calcográfica, Alejandro Vandenbroele. Este actual directivo, un ex indigente en términos empresariales, fue nombrado en ese cargo por una misteriosa empresa, The Old Fund, que controla la mayoría accionaria de una de las más grandes imprentas del país. Esa amistad, existente o inexistente, es irrelevante para la Justicia.
Las preguntas que se están haciendo el juez y el fiscal de la causa son más simples y más expeditivas. ¿Intervino Boudou, con el poder del Estado, en el trámite que depositó la empresa en sus actuales manos? ¿Influenció ante la AFIP para que ésta aceptara primero el levantamiento de un pedido de quiebra y para que, luego, aprobara un excepcional plan de pagos? ¿Instigó las intervenciones en el caso del titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, y del secretario de Comercio, Guillermo Moreno?
Echegaray tuvo, según otro juez, un "llamativo" interés en el proceso de quiebra de la ex Ciccone, como publica hoy LA NACION, y Moreno fue decisivo para desplazar a la empresa Boldt, ex controlante de Ciccone, del dominio de la impresora en cuestión. Echegaray acusó a Boldt de serios delitos fiscales, pero eran los mismos de los que se acusaba a Ciccone. El jefe de la AFIP no aclaró nunca esa contradicción.
Si las respuestas a aquellas preguntas confirmaran la participación de Boudou a favor de The Old Fund, ¿el vicepresidente intervino también para beneficiar a otras empresas o a bancos privados?
Una pregunta ya está respondida: Boudou intervino personalmente para que la AFIP aceptara un ventajoso plan de pagos de la deuda impositiva por parte de la ex Ciccone. Su participación fue revelada ante la Justicia por la propia AFIP, luego de que el vicepresidente negó públicamente cualquier "intervención directa" en el trámite. El caso de la ex Ciccone es el segundo en toda la historia en que la AFIP aceptó el levantamiento de un pedido de quiebra, hecho por la propia AFIP, sin que antes se hubiera saldado la deuda impositiva o se hubiera acordado un plan de pagos. El caso es absolutamente excepcional y sugerente. Sin embargo, no hay pruebas contra Boudou en el trámite del levantamiento de la quiebra, pero sí en los pasos posteriores de la administración.
La AFIP pidió la opinión del Ministerio de Economía sobre el plan de pagos. La respuesta de Boudou le llegó sólo 65 horas después. En tan poco tiempo pasó por dos direcciones del ministerio y por el despacho del entonces ministro Boudou. Ningún trámite en la administración pública dura tan poco tiempo si no está empujado por alguien con mucho poder , aceptó un ministro kirchnerista. Echegaray desligó luego a Boudou de cualquier intervención en el levantamiento de la quiebra, pero nadie habló de eso. Las pruebas actuales señalan que el vicepresidente intervino para que se aprobara un plan de pagos de la ex Ciccone, no en el trámite de la quiebra. Fue Echegaray quien se interesó en la quiebra.
A principios de 2011, la Casa de Moneda, bajo control de una aliada de Boudou, pidió con urgencia a la Auditoría General de la Nación una auditoría contable. La razón de la urgencia consistía en que la institución argentina proyectaba hacer una empresa transitoria con su homóloga de Brasil para que se fabricaran en el país vecino 130 millones de pesos argentinos. Pero la urgencia desapareció. El argumento esgrimido fue que la Casa de Moneda compraría la imprenta Ciccone y que eso solucionaría el problema de la impresión de billetes. Por esas mismas semanas, se gestaba el desembarco definitivo de The Old Fund en Ciccone. Nunca se supo, hasta ahora, quiénes son los auténticos accionistas de The Old Fund. Ni Boudou ni Echegaray averiguaron quiénes son los dueños para, al menos, descartar cualquier posibilidad de lavado de dinero.
El fiscal de la causa, Carlos Rívolo (un funcionario con fama de serio e independiente), recibió varios testimonios con pedido de reserva de nombres. Son empleados de la ex Ciccone o viejos acreedores de esa empresa. Todos le aseguraron que Vanden-broele llegaba a ellos con un mensaje claro y reiterativo: el poderoso Boudou estaba detrás de los negocios que se apoderaron de la ex Ciccone.
No existe, entonces, sólo el testimonio de la ex esposa de Vandenbroele, que aseguró que su ex marido es testaferro de Boudou. La mujer, Laura Muñoz, le acercó a la Justicia la grabación de una conversación de ella con su ex marido. Es una larga discusión para tramitar los asuntos de un amor concluido. En medio de esa discusión, la mujer le recordó que ella conocía los negocios de él con "José María", el nombre de Núñez Carmona. Núñez Carmona es un viejo amigo de Boudou y el hombre que uniría a Boudou con Vandenbroele.
¿Por qué la AFIP entregó a la Justicia documentación que compromete seriamente a Boudou? ¿Por qué, si la AFIP suele preservar, incluso ante los fiscales, esa clase de documentos amparándose en el derecho a la intimidad de los investigados? El fiscal lo notificó en el mediodía del miércoles al abogado de Boudou de que existía en su poder ese documento de la AFIP. Le dijo algo más: dos diarios lo habían llamado para chequear esa información. En el juzgado que investiga a Boudou aseguran que ellos no filtraron esa información. Que se equivoquen si se quieren equivocar, pero esa información no salió de aquí , dijeron. Presuroso, Boudou dijo esa misma noche en televisión que había "una nota" suya en el expediente. El episodio abre un debate sobre la fortaleza o la debilidad de Boudou.
Hay síntomas de que el vicepresidente sufre -o sufrió- un abandono político. Vandenbroele, el hombre que podría fulminar a Boudou, llegó en un taxi a los tribunales para buscar dos fotocopias y se llevó la notificación de que está imputado. Los protegidos del poder no padecen tanta desinformación. Oyarbide se declaró incompetente en una vieja denuncia contra Boudou por la ex Ciccone, luego de que la Presidenta averiguó qué hacía ese juez metiéndose en las desventuras del vicepresidente.
Oyarbide desarchivó una denuncia extravagante que antes había archivado, pero lo hizo porque confundió los intereses del Gobierno. Fuentes judiciales aseguraron que aquella antigua denuncia fue una clara "operación judicial" de Boldt, antes de abandonar la empresa. La política no olvida los panfletos contra Boudou en el Congreso el día en que había un solo espectáculo y una solista: la Presidenta y su discurso, con Boudou a su lado. Esos panfletos salieron del kirchnerismo.
Boudou es, más allá de sus provocadoras remeras y de sus desafinadas guitarras, el vicepresidente de la Nación. Hasta la Justicia pondera ese dato; por eso, es probable que la causa tenga un trámite rápido. Boudou tiene también fueros. Puede ser llamado a indagatoria y podría negarse a concurrir. Los fueros impedirían que fuera llevado por la fuerza pública. Si no lo declararan inocente, un paso inevitable sería su procesamiento. A partir de cierto límite del juicio común, si su libertad estuviera en riesgo, el caso debería pasar al Congreso para que éste activara el juicio político. El Congreso, no obstante, puede activarlo en cualquier momento.
El escándalo calló al kirchnerismo hasta que habló Echegaray. Boudou no sufriría nunca una caída solitaria. Su crisis judicial afectaría políticamente a la Presidenta. Al propio Néstor Kirchner nunca le gustó la frivolidad manifiesta del entonces ministro de Economía. Boudou carece de militancia peronista y de las aptitudes de un buen funcionario. Cristina lo hizo vicepresidente a pesar, incluso, de la opinión contraria de su propio hijo, Máximo. La soledad de Boudou no es, entonces, una buena receta. Al final, advirtieron el tamaño de la escandalosa tormenta que aparece en un horizonte que ya no está lejos..
* Especial para La Nación

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