6 abril, 2025

Cristinismo explícito

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Qué pasa/ qué pasa general/ que está lleno de ‘boudúes’/ el gobierno popular.” Las redes sociales multiplicaron, con una ligera variación, aquella consigna con la que los Montoneros le echaron en cara a Perón un viraje ideológico que instaló a muchos gorilas en su entorno. Lo nuevo es que, esta vez, el reclamo en 140 caracteres fue dirigido a Cristina por varios fieles militantes de su espacio. Conclusión: para la Presidenta no será gratis tirar a Esteban Righi por la ventana sin siquiera recibirlo personalmente, como si fuera igual a Mauricio Macri. Muchos cristinistas sintieron que se cruzó un límite. Que por primera vez se llega a semejante nivel de ingratitud y maltrato con la propia tropa para someter a la Justicia. Es cierto que muchos dirigentes leales a Cristina se hartaron y se fueron antes. Pero a Righi le tiraron un balde de basura sobre su prestigio y lo mandaron a dar explicaciones a la Justicia sobre el tráfico de influencias y la venta de protección del estudio de abogados de su familia. Es muchísimo más grave. Una escena de cristinismo explícito que demuestra que, sin culpas ni estómago, es capaz de fusilar políticamente aun a los más cercanos.
En términos simbólicos, podríamos decir que se trató del entierro del Grupo Calafate, esa corriente que nació para apoyar a “Eduardo Duhalde presidente” pero que fue el germen nacional del kirchnerismo. Muchos de los integrantes de la “Línea Fundadora” de aquel espacio de centroizquierda que deliberó en el hotel Los Alamos en octubre de 1998 han fallecido o dejaron de estar en el corazón de la Presidenta, que fue la que se encargó de organizar aquel “retiro espiritual” cerca del glaciar Perito Moreno.
Murieron Néstor Kirchner (el único gobernador que respaldó a Duhalde), el agente cultural –como le gustaba autodenominarse a Elvio Vitali– y el lúcido sociólogo Norberto Ivancich. Su director en la revista Unidos, el periodista Mario Wainfeld, encendió una luz de alerta en Página/12 cuando llamó al cristinismo a no perder aliados o compañeros de ruta en estos momentos. A Righi lo perdieron para siempre. En cambio, Jorge Argüello, Carlos Tomada y Carlos Kunkel siguen firmes junto a la Presidenta. Alberto Fernández, Alberto Iribarne y Julio Bárbaro, más cerca de Daniel Scioli, hoy intentan construir un peronismo poscristinista. El caso del ex canciller Jorge Taiana es especial. Se fue al Movimiento Evita sin criticar a Cristina, porque se sigue considerando soldado de un proyecto colectivo más allá de quién lo lidere. Pero, curiosamente, renunció porque Cristina –en aquel momento y a los gritos– le recriminó algo que hoy recobra mucha actualidad: “Vos no sos como Boudou”. Prácticamente la misma factura tácita que le pasó a Esteban Righi, que vivió sus últimas horas en el poder con mucho dolor.
Hace 14 años, hubo que convencerlo para que volviera a la política. Lo rechazaba con la misma frase de siempre: “Por 49 días de funcionario pagué ocho años de exilio”. Pero finalmente fue a El Calafate. Alejandro Dolina no viajó por su fobia a los aviones, y envió un video que funcionó como disparador del debate. El primer orador fue Righi, quien dijo que lo principal era “recuperar el valor de la palabra empeñada en la política”.
Hoy, por segunda vez en su vida, Esteban Righi deja la función pública en mal estado. Marchará ahora a un autoexilio de silencio. Se sabe que Alberto Fernández fue convertido por Cristina en uno de sus principales enemigos. Su conclusión sobre el Boudougate fue tan feroz como suele ser Cristina. Dijo: “El Gobierno está corriendo detrás de un inepto e ignorante como Boudou. La Presidenta terminó con la meritocracia. Para la Presidenta, la meritocracia es la obediencia, y el más obediente es el que más mérito tiene”.
Quien esto escribe piensa que Cristina es la continuación de la guerra de Néstor por otros medios, pero es parte de otra discusión. Lo cierto es que Fernández no hablaba con Righi desde hacía casi cuatro meses, pese a que es un amigo con el que escribió tres libros. Lo veía demasiado alineado y acrítico con Cristina. Y dejó de llamarlo para no pelearse, para no tirar el afecto por la borda de la política. Esta semana marcó su número. El diálogo fue imperdible:
◆ “Lo que más me duele es confirmar que yo tenía razón.” (Alberto Fernández)
◆ “Puede ser, pero no te la voy a dar en este momento.” (Esteban Righi por teléfono, y no por WhatsApp)
Hace tiempo advertimos un volantazo conservador de Cristina, que se expresa tanto en su metodología de aislamiento como en la elección de sus colaboradores. Que Amado Boudou y Guillermo Moreno sean el motor privilegiado de la gestión es todo un dato. Ellos parieron la candidatura de Daniel Reposo, que puede provocarle a Cristina una severa derrota política en el Senado a tan poco tiempo de su histórica victoria del 54%. Por explicaciones que debe a la Justicia, por ausencia de méritos académicos y por subordinación sobreactuada, el pliego de Daniel Reposo puede ser rechazado.
Pero es apenas una cuenta más del rosario de malas decisiones que le hizo bajar alrededor de veinte puntos en imagen positiva a la Presidenta. La falta de claridad en la conducción política, las marchas y contramarchas en temas tan delicados como YPF y los subsidios marcan un punto de inflexión. No en vano trató como trató a los docentes y los movimientos sociales. Llama la atención que reaparezcan tan cerca del poder Alberto Samid, Gerardo Martínez y Roberto Dromi. Que el castrense Sergio Berni haya reemplazado a la garantista Cristina Caamaño. Que se piense que Oscar Lescano es mejor que Hugo Moyano. O que Boudou es mejor que Righi. O que Juanchi Zabaleta es mejor que Martín Sabbatella. Enrique Martínez tuvo que irse del INTI porque Débora Giorgi le pidió que trabajara “menos con los pobres y más con las empresas”. ¿Eso es profundizar el modelo o ir por todo?
Después de la cumbre entre la Presidenta y Barack Obama, tal vez ayude a comprender estos cambios aquel encuentro de Néstor Kirchner con George Bush. Le puso la mano sobre la rodilla y le dijo: “Tranquilo, George; nosotros no somos de izquierda: somos peronistas”. Sólo falta Boudou, guitarrita en mano, con una nueva remera que diga “Righi miente”. El Presidente en ejercicio habilitó una pregunta: ¿desde cuándo Esteban Righi comete esos delitos? ¿Desde que fue designado por Néstor Kirchner? Porque eso le pondría un manto de sospecha a todo lo actuado hasta ahora, sobreseimiento del matrimonio presidencial por enriquecimiento ilícito incluido. Algún día se podrá responder la pregunta de fondo. ¿Roban para la corona o para ellos?
* Especial para Perfil

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