5 abril, 2025

Cristina, entre Evo Morales y José Estenssoro

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El camino del poder de Cristina Kirchner se abre en dos direcciones. Una de ellas es la profundización de la situación de poder que ella ha alcanzado sin comparación en nuestra historia reciente, hasta llegar a un liderazgo populista que podría convertirla en la sucesora de Hugo Chávez en el sector más radicalizado de América latina. La otra es una moderación política y económica que podría acercarla a los gobiernos más responsables de la región, en la senda de Brasil y otros países exitosos como Chile, Perú, Uruguay y Colombia. ¿Hacia dónde se encaminará, finalmente, la Presidenta?
Ella tiene por delante dos vías y media . La primera de ellas, la sustitución de Chávez al frente de la alianza "bolivariana" que encabezaba el caudillo venezolano hasta su enfermedad, podría presentársele a una Cristina populista como una dorada oportunidad. Chávez es, todavía, candidato a una nueva reelección que tiene como fecha el próximo 7 de octubre, cuando se realizarán en Venezuela las elecciones en las cuales el presidente caribeño tendrá por primera vez un único adversario, Henrique Capriles, detrás del cual se alinea toda la oposición. Pero el combate inminente entre Chávez y Capriles no importa tanto por este desenlace electoral en sí mismo sino por una incertidumbre anterior : si Chávez conservará la fortaleza física necesaria para protagonizarlo. El hecho de que, ante su imposibilidad práctica para gobernar mientras en Cuba despliegan el incierto empeño de reanimarlo, se haya formado en Caracas un suerte de consejo de notables para rodearlo, plantea otra pregunta: este consejo, ¿apunta a "apoyar" a Chávez o es, más bien, el anticipo de una lucha feroz por "sucederlo"? ¿Cómo será, en resumidas cuentas, una Venezuela sin Chávez? Ya fuera en manos del que derrote eventualmente a sus rivales del "consejo" en la pugna por su sucesión, ya fuera en manos de los militares agazapados, ¿mantendrían en alto los sucesores de Chávez sus banderas ultrapopulistas o empezarían a inclinarse hacia la moderación? Si en el futuro de Venezuela puede brillar la moderación de los sucesores o un posible triunfo electoral de Capriles, ¿podría mantener Caracas el liderazgo de los países antinorteamericanos de la región? Desde el punto de vista del nacionalismo populista argentino, la agonía de Chávez se presenta como una inesperada oportunidad para que Cristina acuda en su reemplazo.
¿EVO O CRISTINA?
El boliviano Evo Morales y Cristina ¿podrían competir por la sucesión de Chávez al frente del populismo latinoamericano? Si la Presidenta decidiera participar en esta contienda sucesoria, cabe señalar que tanto ella como Evo están practicando el mismo método político: una secuencia incesante de estatizaciones de las corporaciones extranjeras que hasta ahora se ocupaban de los servicios públicos, en nombre del nacionalismo antiimperialista. Después del rotundo éxito político que ha obtenido Cristina al expropiar a YPF, gracias al cual aplastó a una vacilante oposición e hizo olvidar a Boudou, hasta podría decirse que el propio Evo ha tomado una ruta más prudente que la de ella en el curso de sus estatizaciones paralelas, y esto a un punto tal que su moderación ha sido elogiada por el propio gobierno español, que hoy es el nuevo "malo" de la película populista en reemplazo del clásico "malo" norteamericano. En palabras del nuevo zar económico argentino Axel Kicillof, la estatización de YPF aparece en este sentido como más radical aún que las de Bolivia y Venezuela, que en diversas ocasiones consintieron en indemnizar a las empresas extranjeras, mientras Kicillof ha dado a entender que no habría nada que pagarle a Repsol. A esto habría que agregar que la posición "interna" de Evo es mucho más débil que la de Cristina, ya que esos mismos movimientos indigenistas que lo llevaron al poder han empezado a manifestarse contra él porque no ha podido cumplir el sueño de liberación que les había inculcado.
Algunas señales recientes apuntan, por otra parte, en dirección contraria al ultrapopulismo eventual de Cristina. Estas señales son dos. Si la Presidenta decide poner al frente de la nueva YPF junto a Miguel Galuccio a un elenco de probados profesionales del petróleo capaz de rescatar la exitosa ruta que marcó José "Pepe" Estenssoro en los años noventa, se revelaría en el Gobierno un positivo proceso de aprendizaje después del desastre administrativo que ocasionó La Cámpora, con Mariano Recalde a la cabeza, en Aerolíneas Argentinas.
Pero esta rectificación sería insuficiente porque, para recobrar la interrumpida marcha hacia el autoabastecimiento, YPF necesitaría, además, ingentes capitales externos. ¿De dónde vendrían? ¿Acaso de la herida España o, como ahora se sugiere, de los Estados Unidos? En el país del Norte existen tanto los capitales como la tecnología necesarios para explotar la fabulosa reserva de Vaca Muerta, que no están al alcance de la Argentina. Si la Presidenta se inclinara al fin en esta dirección, su giro hacia la moderación, que también es una de sus opciones, podría alejarla del nacionalismo populista que hasta ahora la ha inspirado.
LA RE-REELECCCIÓN
Pero habíamos dicho que la Presidenta tiene por delante "dos vías y media". Una es la profundización del populismo. La otra, la moderación. ¿Cuál es la "media vía" que también habíamos mencionado? Es elzigzagentre el populismo y la moderación. Hasta ahora, Cristina ha oscilado entre ambos. Pero la intervención "militante" de YPF, ¿no marca acaso un paso para ocupar el vacío que está dejando Chávez o la "señal Galuccio" será al contrario más fuerte?
Si, después de haber intervenido YPF, la Presidenta prosigue por el camino de las estatizaciones y de las movilizaciones populares en otras áreas como la producción eléctrica o la red ferroviaria, señal será de que, entusiasmada por el apoyo popular que encontró, ha decidido salir en busca de la herencia regional de Hugo Chávez. Pero tanto esta apuesta como la apuesta antagónica de la moderación serán evaluadas por la Presidenta como medios alternativos para el único fin que persigue: la permanencia en el poder. Esta observación podría traducirse de este modo: ¿cuál de las dos vías y media contempladas se le ofrecerá a la Presidenta como el medio más conducente a su re-reelección?
En otros términos, ¿cuál sería para ella la vía mejor para asegurar a la dinastía kirchnerista a través del tiempo? Quizás un día, después de haberlo probado en la Cámara de Diputados, contemple la posibilidad de que su hijo Máximo prolongue la dinastía. Pero aún es demasiado pronto para asegurarlo. En busca de un derrotero más allá de 2015, la Presidenta necesita, por lo pronto, su re-reelección, tanto a través de las elecciones parlamentarias de 2013 como a través de las elecciones presidenciales de 2015.
Más allá de las cifras económicas, las cifras decisivas son, para Cristina, electorales. En el interior de ellas se le presentará su opción entre las dos "vías y media". La profundización del populismo le promete un éxito inmediato, pero sólo en el corto plazo. La vía de la moderación podría transportarla, al contrario, al mediano plazo. Entre ambas, la vía media del zigzag quizá se le ofrezca como una ruta equidistante. ¿Pero por cuánto tiempo podría prolongarla? ¿O, veterana cultora del poder como es, pronto caerá en la cuenta de que en un momento no lejano, por el desgaste del enfriamiento de la economía que ya la afecta, su opción entre el populismo y la moderación se le volverá impostergable?.
* Especial para La Nación

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