Flaquezas del poder
La Presidenta premia, castiga y deja ganadores y heridos. El nuevo escenario y los que ya apuestan a 2015.
Scioli radiografió la enfermedad que está sufriendo el gobierno de Cristina: “Siguen sacando conejos de la galera pero son cada vez más flacos y se mueren antes”. Pepe, el hermano del gobernador, se refería a los anuncios de alto impacto, como la cristinización de YPF, la remalvinización de la Cancillería o la reiteración de promesas de megaplanes para la construcción de viviendas. Tienen cada vez mayor fugacidad y menos penetración en la opinión pública.
El excelente discurso de la Presidenta en la ONU fue rápidamente erosionado por el nulo resultado que produjo y porque fue abismal la diferencia entre lo que hace (adentro) y dice (afuera). El ruego de: “Somos argentinos, queremos dialogar” pareció un chiste de la imitadora del programa de Jorge Lanata. Es sorprendente cómo la aparición de fisuras en la economía real acelera la demanda social de otros valores que tenían olvidados cuando el bolsillo estaba lleno y el futuro sólo traía buenas noticias. Preocupaciones como la inflación, desocupación, corrupción e inseguridad subieron rápidamente en la tabla de posiciones de todas las encuestas. Es proporcional a la caída de imagen positiva de la Presidenta y a la exposición obscena de torpezas políticas, pero básicamente a la recesión como horizonte posible.
Se podría argumentar con decenas de ejemplos. Pero las suspensiones de obreros de Fiat y Renault (la exportación de autos cayó 45% en mayo), el despido de albañiles de la Uocra Rosario por falta de pago en las obras públicas, la parálisis del mercado inmobiliario, la sequía que cercenó más de 12 millones de toneladas de granos y la sangría de 5 mil millones de dólares que huyeron de los bancos desde noviembre muestran la multiplicación de las incertidumbres. Para colmo, la falta de sucesión en el Gobierno diseminó estas grietas entre la propia tropa oficialista. Un Gobierno mudo, casi unipersonal, siempre se mostró como una roca impenetrable que castigaba a los traidores y les daba a elegir entre el silencio o la persecución. “Vos te vas de acá muerto o preso”, es la respuesta que le dio Cristina y que dejaron trascender desde fuentes cercanas a Julio De Vido. Era una manera de explicar los motivos de su atracón de sapos sin intentar la mínima queja. Desde ese mismo lugar, que fuera el riñón y la caja de Néstor Kirchner, hoy se les están entregando carpetas con información inconveniente para otros miembros del gabinete a periodistas “hegemónicos”. Algo cambió. Hay fisuras que filtran discusiones o batallas que antes no existían o se mantenían como parte de la omertà. Esos trapitos sucios que en muchos casos ya no se lavan adentro afectaron la carrera de José Ottavis, degradado y condenado a la Siberia; de Nilda Garré, Hernán Lorenzino o el propio De Vido, reemplazados por Sergio Berni, Guillermo Moreno y Axel Kicillof sin siquiera avisarles a los titulares. El banco de suplentes está en pleno calentamiento precompetitivo. Hay ministros que tienen casi el cien por ciento de desconocimiento porque no participan del debate público por temor a los gritos de Cristina y no a un periodista “monopólico” que les haga una zancadilla.
En otro momento de solidez económica y blindaje político, tal vez Esteban Righi hubiera estado mucho más solo en su reaparición pública cuando calificó a Amado Boudou, el presidente en ejercicio, como “autor de una infamia”. Sin embargo, estuvo abrazado solidariamente por figuras simbólicas del kirchnerismo no beligerante como Eugenio Zaffaroni, Jorge Taiana, Carlos Arslanian, Daniel Rafecas y hasta el lúcido periodista de Página/12 Mario Wainfeld. Todos se arriesgaron a una sanción disciplinaria, una tarjeta amarilla por lo menos, por ponerle el cuerpo a lo que piensan. Hay muchos kirchneristas que todavía defienden una verdad de sentido común: “Se puede apoyar a un gobierno sin convertirse en un robot que levanta la mano y aprueba todo a libro cerrado”.
Un funcionario impecable, de prosa exquisita, como Rafael Bielsa, tal vez no se hubiera permitido en otro momento comparar en una lista de “sacerdotes que idearon sus tribunales de la Gráfica Inquisición” a escribas de origen ideológico tan antagónico como Felipe Romeo (Triple A), José Gómez Fuentes (vocero de la dictadura durante Malvinas) y a Horacio Verbitsky, entre otros. Claro que probablemente fue en respuesta a un informe de inteligencia publicado por Verbitsky que le atribuía a Bielsa ser poco menos que abogado de un enemigo como Clarín, al solo efecto de defender a la futura procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó.
En el plano sindical, debajo de las grandes luces que van a culminar con inéditas cinco centrales sindicales a fines de julio, hay también discusiones ideológicas impensables. Distraídos por las CGT de Moyano, Caló y Barrionuevo y las CTA de Micheli y Yasky, no registramos la manera desembozada con la que el Gobierno opera en la interna gremial, incluso con solicitadas firmadas por José Pedraza desde la cárcel donde se encuentra, acusado por el asesinato de un militante del PO. Cristina le ordenó al resucitado ministro Florencio Randazzo que citara de urgencia a una reunión a Viviani (taxistas), Fernández (UTA), Suárez (marítimos) y Maturano (La Fraternidad). ¿Cuál fue el motivo? Salirle al cruce a un documento de valor histórico que redactó Juan Carlos Schmid (del sindicato de Dragado y Balizamiento), el flamante jefe de la Confederación de Trabajadores del Transporte y uno de los que integran la mesa chica del moyanismo. Allí, entre líneas, y sin nombrar a nadie, se les reclama a ex compañeros como Horacio Ghillini que, si están enojados con Moyano, se podrían refugiar en su gremio y en sus intereses de clase y no asociarse a millonarios sindicalistas menemistas (ahora kirchneristas) y propatronales como Cavalieri o Lescano.
Ni qué hablar del Movimiento Evita, que se desmarcó a la velocidad de la luz de Daniel Scioli para sumarse a paso redoblado al espacio Vélez, que comandan Cristina y Máximo, pese a que habían sellado un fuerte acuerdo de ayuda mutua. Andrés Larroque, comandante de La Cámpora, reveló, al borde del sincericidio, lo que piensan la madre y el hijo: “Sea quien sea presidente en 2015, la conductora del país va a ser Cristina”. No todo el peronismo sueña lo mismo. Por eso hay aprestos de rebelión en la granja K. El rompecabezas del poder cruje e imagina nuevos escenarios. Los conejos que salen de la galera apenas son pingüinos disfrazados.
* Especial para Perfil