5 abril, 2025

Doctora Kirchner, tenemos un problema

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En abril de 1970 Jim Lowell, comandante de la Apollo XIII, sintió en medio del espacio que la nave espacial que guiaba sufría un desperfecto mayúsculo que casi la hace volar en mil pedazos en medio del espacio. Y, como era un profesional, no entró en pánico y dijo una frase hoy célebre: "Houston, tenemos un problema". Y como en el centro de control en Houston había profesionales que no desoyeron la advertencia ni la negaron, buscaron una solución y la encontraron.
Hace tiempo que en la Argentina hay un problema de inflación y apreciación cambiaria. Y son muchos los que han dicho: "Doctora, tenemos un problema". Pero el Gobierno prefiere ignorar la realidad, decir que la inflación no existe, que si la hubiera todo habría volado por el aire, implantar el cepo cambiario y profundizarlo al punto que la AFIP ya niega la posibilidad de comprar divisas para viajar a quienes simplemente se identifiquen como monotributistas, incluso aunque tengan además ingresos como asalariados.
Los signos de sobrevaluación cambiaria aparecen por todos lados y han comenzado a erosionar distintas fuentes de ingreso de divisas.
Hasta las estadísticas del Indec reconocen que por décimo mes consecutivo cayó la llegada de turistas extranjeros a la Argentina. Y si la partida de argentinos al exterior no es mayor es simplemente por la cantidad de trabas que se colocan para impedir el gasto de divisas fuera del país.
En agosto aún no regía el impuesto del 15% a los gastos realizados en el exterior con tarjetas de crédito o débito. Pero las noticias son malas: incluso con la devaluación del peso que ese impuesto supone, los precios en el exterior pueden resultar todavía más bajos que en la Argentina. En algunos casos, incluso aunque se compren divisas en el mercado informal y se pague un valor más alto, los precios son iguales y a veces menores que los de consumos similares en el país.
En París, en la zona más coqueta de Champs Élysées, es posible almorzar un menú fijo con plato y vino por $ 86 al tipo de cambio oficial más el impuesto del 15%, o a $ 96 con el euro comprado en el mercado blue. Nada muy distinto de lo que cuesta algo parecido en Palermo Hollywood.
Y si se opta por un menú con entrada, plato principal y postre el precio es de 114,50 al euro turista y de 127en el blue, a lo que habrá que sumar la bebida. Nada que asuste en la comparación con las zonas más coquetas de Buenos Aires, sobre todo si se tiene en cuenta que un extranjero aquí no contaría con descuentos y promociones como las que ofrecen los bancos por consumos con sus tarjetas y pagaría el precio de lista.
Es una comparación con uno de los barrios más caros del planeta y la Argentina no queda bien parada. Hasta la divisa comprada en el mercado informal parece subvaluada.
En las Galería Lafayette, frente a la Opera de París, los pepinos agridulces en frasco de 850 gramos cuestan $ 32 con el euro turista y 34,8 con el marginal. Aquí se pagan $ 32,69 por bastante menos: 660 gramos.
En estos dos casos vale la comparación, puesto que se trata de productos nacionales en los dos países, que, en un esquema parecido al "índice Big Mac" inventado por The Economist, da una idea de los tipos de cambio comparados.
El Gobierno también ha hecho todo lo posible por esconder ese índice y la revista económica más prestigiosa del mundo dejó de publicar las estadísticas nacionales diciendo que no se sumaría más al fraude. El título del lapidario artículo que lo explicó fue "Don’t lie to me, Argentina" ("No me mientas, Argentina", en obvio juego de palabras con el título de la canción de la ópera rock Evita).
Otros productos menos comparables tienen precios idénticos, comparando supermercados argentinos con áreas boutique parisinas, como las mencionadas galerías frente a la Opera. Allí las papas fritas Lay’s en envase grande tienen los mismos valores que aquí.
Pero si se quiere disfrutar de unos mates, más vale llevar la yerba, que cuesta allí aproximadamente el doble en algunos casos.
Los ejemplos se repiten con la indumentaria, aunque no hay época de ofertas. Y las camisas de Banana Republic frente al Rond Point de Champs Élysées compiten en precio y frecuentemente superan en calidad a las de la oferta argentina comparable.
La Argentina se ha vuelto cara en moneda extranjera por culpa de la inflación, que, según el Gobierno, no existe. Y por ello menos personas quieren venir a hacer turismo aquí y muchos argentinos preferirían pasear afuera. Sobre todo ahora que la restricción para ir al exterior empuja todavía más hacia arriba los precios de los centros de veraneo locales.
Por supuesto, en París el transporte es más caro. Un pasaje unitario de subterráneo cuesta 1,75 euros, aunque hay descuento si se compran de a diez y los parisinos que usan una tarjeta similar a la SUBE pagan bastante menos. Y el servicio de teléfonos celulares es tremendamente caro y llega 0,45 centavos de euro el minuto. Los inmuebles del Triángulo de Oro, el barrio mejor cotizado, llegan a valer 20.000 euros el metro cuadrado, a lo que hay que sumar 10% de impuestos. Pero se trata de productos "no transables", bienes y servicios que valen por el lugar donde están y donde se prestan. No es lo que consumen los turistas, del mismo modo que aquí ya no abundan los extranjeros para comprar inmuebles porque cuestan menos que en Europa..

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