17 enero, 2021

Avanza la causa contra un hombre que engañaba a mujeres con falsas promesas de trabajo y luego abusaba de ellas

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). Todo parecía legal cuando M., de poco más de 20 años, contestó un aviso en el sitio web Trovit en diciembre de 2016 que ofrecía trabajo (un puesto de playera en una estación de servicio de Wilde). Había un celular y una mujer llamada Diana le contestó. Le dijo que el puesto era suyo, que debía ir a una empresa en la calle Solís al 300 en Montserrat para pagar $ 600, el costo de su uniforme de trabajo. Debía llevar también su constancia de CUIL, una fotocopia de su documento y su currículum impreso.

Al llegar, según su testimonio, una camioneta de color negro frenó. “¿Vos estás esperando para el puesto de playera?”, le dijo uno de sus dos ocupantes, ambos hombres. La subieron a la camioneta. M. no recordó la marca del vehículo, solo que “era vieja”. En medio del camino, cubrieron su cabeza con un trapo. La llevaron a una casa. Uno de los hombres, el más alto de ellos, puso su pene sobre su cara. El otro la penetró por la fuerza. Luego, M. volvió a la cuadra donde la raptaron. Un comerciante de la zona le dijo: “No sos la primera a la que engañan”.

G. tenía 19 años, es migrante, madre soltera. También respondió un aviso durante 2016, otra oferta online para trabajar como playera. Llamó. Le dijeron que el puesto era suyo, que tenía que pagar el costo del uniforme, no solo para ella, sino para dos amigos a los que con su llamado les había conseguido trabajo, $ 1950 en total. Fue una mujer la que le atendió, luego coordinó una cita. La mujer, esta vez, fue más explícita. Para tener el trabajo, G. debía “acostarse con alguien”. Tenía que darle de comer a su hijo, así que, en sus cálculos, aceptó.

El procesamiento a Párraga firmado por el juez Martín Yadarola.
El procesamiento a Párraga firmado por el juez Martín Yadarola.

Se encontró en una esquina con un hombre, camisa celeste, pantalón de vestir negro, 25 años de edad aproximadamente, que le dio su nombre para identificarse y la llevó a un albergue transitorio. Estuvieron media hora allí. G. luego relataría cómo este hombre la golpeó en la cara con la mano abierta mientras abusaba de ella, le tiró del pelo, la insultó y la denigró. Días después volvería a escuchar la voz de la mujer, “Diana”, la misma que habló con la víctima anterior. Le dijo que llevara el dinero de los uniformes a la calle Solís. Ahí la esperaba el hombre que la había abusado para tomar su dinero junto a otro. Llevaba la misma camisa celeste.

Entregó la plata, pero el trabajo no llegaba. El hombre la llamó: la amenazó, le dijo que sabía de sus hijos. Oyó la voz de una mujer: “Caíste por pelotuda”, se burlaba.

El hombre en el hotel le había contado algo de su vida al borde de la cama, le dijo que tenía “una mujer, y un hijo de diez años, que no era la primera mujer que llamaba, que no le daba trabajo a cualquiera si no le daba algo cambio”.

Ambas mujeres fueron a la Justicia y denunciaron todo, declararon sus experiencias, los abusos que sufrieron.

Lo cierto es que Alexander Ismael Párraga, de 31 años, albañil según él mismo, vecino de la manzana 9 de la Villa 31 de Retiro, no le podía dar trabajo a nadie.

Párraga, tras ser detenido
Párraga, tras ser detenido

El 1° de noviembre de 2019, Párraga fue detenido por la Policía de la Ciudad. La víctima de su última estafa lo había denunciado y gracias a esa denuncia lo encontraron en la Plaza Fuerza Aérea de Retiro. El cuento había sido el mismo: trabajo de playera de estación de servicio, plata para uniformes, $ 2.000 en la ocasión. No hubo abuso esta vez. La víctima entendió rápidamente de que esto era una fábula donde no había ningún trabajo del otro lado y llamó a la Policía, luego de varios desencuentros y una cita en el edificio central de YPF.

Hoy, Párraga se sienta en una celda de la cárcel de Ezeiza tras negarse a declarar. Las dos mujeres que lo acusan y la víctima de la plaza no fueron las únicas. Hubo otras tres denuncias en su contra, compiladas e investigadas por el fiscal Martín Mainardi y el juez Martín Yadarola, a cargo del Juzgado N°4, que procesó con prisión preventiva a Párraga por integrar una asociación ilícita dedicada a la estafa, además de dos cargos de abuso sexual, uno de ellos agravado por haber sido cometido por un cómplice. Lo embargaron también por un millón de pesos. La figura penal cuenta la historia: un hombre dedicado a aprovecharse de mujeres vulnerables para sacarles la plata y atormentarlas.

Los otros relatos en la causa, sus otras víctimas con casos que van desde 2016 a 2019 repiten todos las mismas características: un aviso de internet, una voz de mujer en el teléfono, un pago y un engaño. Desde 2010 a 2016, Párraga había acumulado nueve empleos distintos. Uno de ellos fue en, precisamente, la empresa donde citaba a sus víctimas en la calle Solís, donde duró apenas dos meses. No fue difícil unificar los casos en su contra, los números de teléfono se repetían, las declaraciones de las víctimas hasta lo describen con la misma camisa celeste.

La voz en el teléfono, la tal “Diana”, todavía no pudo ser identificada. Sin embargo, el monólogo al borde de la cama en el albergue transitorio tenía algo de cierto. Párraga le habló de su familia a su víctima tras supuestamente violarla con un nombre falso.

Ese nombre falso era el de su propio hijo.

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