21 enero, 2021

Murió el “Gringo” Martínez Vidal, su último y definitivo nacimiento

*Por Ricardo Mangano

Hoy, 16 de junio de 2020, me llega la noticia del fallecimiento de mi amigo personal Antonio “el Gringo” Martínez Vidal. Me consuela saber que se encontraba acompañado de su inseparable compañera de vida, su esposa Mónica Arrúa y su amada hija Micaela Martínez Vidal. Me regocija saber que los colegas que lo conocieron en su Corrientes Natal y en el Chaco donde residía y trabajaba, lo despidieron como se despide a un gran Periodista, pero sobre todo a buena persona. Como decía el periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta, Ryszard Kapuściński : “Para ser un buen periodista primero hay que ser buena persona”. El gringo tenía esas dos cualidades. Ya no habrá censura en el cielo querido amigo.

“No es posible que la vida sea lo máximo, porque la vida surge de algo. La vida es algo transitorio y breve comparada con aquello de donde surge” dijo alguna vez Bert Hellinger, quien expresaba que “en la muerte el hombre se encuentra con el niño, la edad avanzada con la juventud, el final que se acerca con el comienzo. Camina su vida que se va a cerrar para formar un círculo al que ahora aún le falta una última parte: la paz”.

Jorge Luis Borges decía que la muerte “es el límite que la da sentido a la vida, haciendo preciosos cada uno de los instantes que vivimos, resignificando misterios”.

“Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida.” dijo alguna vez, Mario Benedetti.

Al querido “Gringo” lo conocí allá por el año 1991, cuando cuando compartimos trabajo en Radio Nacional. Fue amor a primera risa, a primera Bella Vista, su ciudad natal. Quienes lo conocimos sabemos que Antonio Martínez Vidal, el periodista serio, era un hombre muy ocurrente y divertido, amante de los carnavales y su comparsa. Hincha fanático de Boca. En aquella época, el hacía sus columnas de deporte y quien escribe estas líneas, era informativista. Los dos aprendimos juntos, con el gran José Olivera, nuestro jefe, que con su voz ronca, amable y cariñosa, nos enseñaba todos  los secretos de la radio. Compartimos micrófonos con Cacho Fontana, Hugo Guerrero Marthineitz, Dante Zavatarelli, Antonio Carrizo, Julio Maharbiz, Rina Morán, Beba Vignola, Juan Carlos Mareco, Carlos Legnani. ¡La pucha si tuvimos maestros!.  Algunos de ellos lo están esperando en el cielo para hacerse una panzada hablando de lo que más amaban: el Periodismo.

Nos hicimos amigos inseparables y hasta compartimos un pequeño departamento en el barrio de Palermo. Crecimos como personas y como profesionales. El destino hizo que nos separáramos físicamente, pero no desde nuestra alma. Antonio tenía una belleza del alma que lo hacía único e irrepetible. Maravillosa fue la experiencia de volver a trabajar juntos en LT 7 Radio Provincia de Corrientes,  cumpliendo mi rol de corresponsal en el Congreso de la Nación Argentina, es su programa de las tardes.  

Apasionado por el periodismo y honesto por donde se lo mire. En eso coincidíamos y por eso fuimos amigos por casi 30 años. “Hacer periodismo es contar lo que nos pasa sin dobleces”, repetía  y fue su horizonte en nuestra maravillosa profesión. Su mayor triunfo fue trabajar de lo que le gustaba y compartir su sapiencia.  Amaba ser Periodista y había estudiado mucho para ser lo que fue: un maestro para mucho de nosotros.  Como buen lector tenía escritores favoritos como: Julio Cortázar, Osvaldo Soriano y Gabriel García Márquez. Amaba la música de Astor Piazzola, Paco de Lucía, Louis Armstrong, John Coltrane, Eric Clapton y el querido Ernesto Montiel. Amaba, y en eso también coincidíamos, la familia, la amistad y la paz. Admiraba a  José de San Martín, Manuel Belgrano, Mahatma Gandhi y Juan Pablo II. De no ser periodista, hubiera querido ser un cruzado, aquellos caballeros medievales que participaban en expediciones militares dirigidas contra los infieles para recuperar la Tierra Santa de Jerusalén. Sus héroes en la vida real, eran los padres. Juntos dimos buenas y malas noticias: Argentina Campeón del Mundo y el Atentado de la AMIA. Era un tipo práctico, amable y sentimental, que soñaba con conocer Egipto.  

Conocer a Antonio Martínez Vidal, fue sanador. De él  aprendí que todos formamos parte de gran red en las que estamos interconectados e incluidos. Que nuestro primer derecho es pertenecer.

Su eterna presencia, su compás calmo, su infinita mirada gris-celeste, su transformadora apariencia, su mente sagaz El cielo de su alma, los jilgueros en su voz, su generosidad perenne; quedarán entre nosotros. En su pasar por el mundo ha alumbrado lo importante en lo infinito y puesto fin a lo banal. Hoy lo despedimos y lo honramos con el respeto máximo con que él trató a cada ser que conoció en su vida. Seguiremos cultivando con responsabilidad los campos; que con orden y amor sembró; porque sólo nos llevamos a la muerte, aquello que dimos en vida. ¡Y él querido gringo ha dado todo con amor, profesionalismo y humildad!

No es decible en palabras la inmensa fortuna de haber tenido un amigo y maestro como el Gringo. El Alma podría expresarlo, sólo que su esencia es silencio que abraza todas las melodías y luz natural que alumbra todas las formas y colores. Este silencio y esta luz vivían en el centro de su pecho y eso transmitía tocando el corazón de tantos. Ojalá hayamos sabido transmutar en sustancia viva y creativa lo que él nos legó. Ojalá su inspiración en nosotros siga tocando corazones, trayendo paz, amor y reconciliación. Gracias para siempre y por tanto. Seguramente nos encontraremos, pues ¿no será su muerte… su último y definitivo nacimiento?.

* Periodista y Licenciado en Comunicación Social