22 enero, 2021

La inflación, el dólar y el impuesto a la riqueza pronostican un fin de año con más turbulencias

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). La caída del dólar en los mercados financieros duró un suspiro y en los últimos días el tipo de cambio libre volvió a subir por encima de los $170. El peligro es que se vuelva a desbordar con todas las consecuencias que esto generaría en el nivel de brecha cambiaria, presión sobre la inflación y faltantes para la producción. El Banco Central tampoco encontró la calma: en los últimos cuatro días tuvo que vender más de USD 300 millones de sus ya exiguas reservas.

La situación del BCRA continúa siendo crítica. Las reservas líquidas son negativas, por lo que ya estaría utilizando dólares de terceros. Ante la falta de información oficial, los analistas suponen que hasta ahora viene usando las divisas que corresponden al sistema de seguro de depósitos (SEDESA), que son alrededor de USD 2.000 millones. El problema es que también esa “caja” se estaría agotando.

El último recurso es intocable. Se trata de los encajes de los depósitos en dólares que aún mantienen los ahorristas en el sistema, después de una caída superior desde las PASO, hace 15 meses. De por sí es un error contabilizarlos en las reservas del BCRA, ya que no son divisas propiedad de la entidad, aunque sí podría llegar a utilizarlas. Sin embargo, nadie lo avalaría, ante la posible estampida que esto generaría entre los depositantes.

  • Las reservas continúan en situación sumamente crítica. El Central ya no tiene dólares líquidos y habría utilizado buena parte de las divisas correspondientes al Seguro de Depósitos. Ahora se especula con utilizar el oro como garantía para recibir un préstamo del Banco de Basilea. ¿Manotazo de ahogado?
Una mujer camina frente al edificio del banco central de Argentina (BCRA), en Buenos Aires. Feb 19, 2020. REUTERS/Agustin Marcarian Una mujer camina frente al edificio del banco central de Argentina (BCRA), en Buenos Aires. Feb 19, 2020. REUTERS/Agustin Marcarian

Una salida intermedia sería recurrir al Banco de Pagos de Basilea (BIS) para que le preste al Banco Central contra garantía del oro. Se trataría de una solución temporal, una suerte de “puente” que le permita al Gobierno aguantar hasta la próxima cosecha de soja sin devaluar. Pero aún faltan muchos meses.

La evolución de las reservas se transformó en la nueva medición del riesgo país. Imposible ver la luz al final del túnel si el Central no logra empezar a recuperar parte de las divisas que perdió en los últimos meses.

El tratamiento del impuesto a la riqueza también promete generar ruido. La iniciativa era resistida por el propio Presidente y varios ministros del ala económica. Con buen criterio, consideraban que se trata de una iniciativa espanta inversiones. Así se lo hicieron saber los principales hombres de negocios de la Argentina al Presidente. Nunca hubo tanta coincidencia en el campo y la industria a la hora de señalar lo negativo que significaría el nuevo tributo, que la mayoría de los expertos considera confiscatorio. Pero nada de esto importó.

  • El campo, la industria y hasta los propios ministros del área económica desaconsejaban el avance del proyecto de impuesto a las grandes fortunas. Pero la iniciativa es de Máximo Kirchner y no estaba dispuesto a que el tema quede en la nada. Ahora va camino a transformarse en ley antes de fin de mes

Todo esto ocurre en una situación de gran inestabilidad. La economía se va recuperando lentamente de los efectos de la cuarentena. La industria y la construcción ya están en niveles de actividad superior a los de antes de la pandemia. Sin embargo, la suba de la inflación de octubre a 3,8% y el nuevo repunte del dólar marcan los límites de esta mejora.

El piso de la inflación pasó del 1,5% en abril y mayo (los peores meses de la cuarentena), a poco más de 2% a partir de agosto y ahora claramente ya se ubica por encima del 3 por ciento. Todo indica que al menos en los próximos tres meses se ubique por encima de ese nivel, con el impacto que esto representa en salarios que han tenido escasos aumentos a lo largo del año. La “puja distributiva’ será uno de los principales temas del 2021.

El salto del dólar libre y la elevada brecha cambiaria tuvieron un derrame inevitable en la inflación. En octubre fue del 3,8%, pero además el piso para los próximos tres meses está cómodamente arriba del 3%. El impacto sobre los salarios será muy fuerte, ante los escasos ajustes que hubo a lo largo del 2020
Una mujer hace compras en un supermercado de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo
Una mujer hace compras en un supermercado de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Las negociaciones con el FMI se concentran ahora en el exceso de pesos producto de la ayuda que el Estado tuvo que volcar a empresas e individuos por el efecto de la pandemia. La alternativa que encontró el ministro de Economía, Martín Guzmán, tampoco es del agrado del organismo. La colocación de bonos dolarizados por parte del Tesoro para reducir la dependencia del BCRA está lejos de ser una solución óptima. Tiene un elevado costo, complica más el panorama en caso de una devaluación y además le quita financiamiento de los bancos al sector privado.

Pero las cuentas no cierran por ningún lado. El Gobierno pateó para adelante el pago de la deuda con acreedores privados, consiguiendo tres años de gracia para empezar a devolver el capital. Y ahora se negociará lo mismo con el Fondo. El programa de Facilidades Ampliadas que se discute incluye cuatro años de gracia para la devolución de los USD 44.000 millones y luego seis años con pagos semestrales.

La acumulación de vencimientos es enorme a partir de 2025 y los inversores se preguntarán de dónde piensa sacar los recursos la Argentina para hacer frente a semejantes obligaciones. La historia que se repite una y otra vez en los últimos 40 años.