27 enero, 2021

Por qué Alberto Fernández no le pidió la renuncia a Victoria Donda tras la denuncia de su empleada doméstica

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Compacto Político). Alberto Fernández ayer discutió el espinoso tema con algunos de sus ministros y secretarios más cercanos. En el Frente de Todos muchos esperaban que, después de la denuncia judicial de su empleada doméstica, la titular del INADI, Victoria Donda, dejara su cargo. Aunque acusó recibo de los cuestionamientos y arrastra malestares previos con la funcionaria, el Presidente no forzará su renuncia, basado en su evaluación del calibre de los hechos, y con el fin de preservar la unidad de la coalición de gobierno.

Las capturas de pantalla de los chats entre Donda y su empleada no solo provocaron una ola de indignación en los sectores críticos del Gobierno, sino también al interior del Frente de Todos. Esa incomodidad llegó hasta las oficinas de Alberto Fernández, quien a pesar de todo, decidió mantener el statu-quo político.

El primer mandatario esgrime dos argumentos para sostener a la titular del Inadi en su rol. Por un lado, cree que tuvo buenas intenciones al ofrecerle un plan social y un cargo a una señora que trabajaba para ella. “La están matando sin razón, quiso darle una mano a una mujer”, le dijo Alberto Fernández en la Quinta de Olivos a su círculo cerrado.

En Gobierno comparan el caso de Donda con el affair del canciller Felipe Solá, quien permaneció en su rol a pesar del escándalo que se generó cuando se conoció que había inventado detalles de una conversación entre Alberto Fernández y el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, poco después de las contradicciones en la postura oficial respecto de la crisis en Venezuela.

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El nuevo espacio de Donda se llama “En Común” y fue lanzado en diciembre junto a figuras de peso. En la Casa Rosada aseguran que, pese al impacto político y mediático de la denuncia, la titular del Inadi no tuvo apoyo de los movimientos sociales con los que compartió importantes espacios de poder, ni del albertismo y La Cámpora. “Ni siquiera de las organizaciones feministas”, deslizaban.

“No es ladrona”, insistían en la cercanía del Presidente, en medio de las críticas que llovían sobre Donda. Sin embargo, admitían que su actitud ante la empleada doméstica no cayó bien al interior del oficialismo por su “trasfondo ideológico”.

Y lo más importante para ella: Alberto Fernández ni siquiera sugirió un tirón de orejas. Al contrario: la respaldó cada vez que se tocó el asunto en la intimidad de Olivos.