15 enero, 2021

Cómo afecta la fatiga mental y física durante la pandemia del COVID-19

CIUDAD  DE BUENOS AIRES (Compacto Político). El cansancio y la pérdida de energía forman parte de un conjunto de sensaciones que ponen en evidencia el desgaste que sufre la mente y el cuerpo resultado de las múltiples acciones cotidianas y por el inevitable paso del tiempo. La plasticidad del Sistema Nervioso ante los numerosos y diferentes estímulos nos vuelven más aptos para enfrentar las diferentes circunstancias que nos presenta la vida.

Sin embargo, la sobrecarga de acciones tiene un costo que muchas veces pasa desapercibido o se justifica pensando que es “normal” que así suceda. La vida moderna nos desafía a generar una sucesión de proyectos, algunos vividos como imperativos obligados: estudio, trabajo, familia, hijos, techo propio, responsabilidad con los padres, etc. Todos ellos, y muchos más, se convierten en factores de crecimiento y felicidad, pero también pueden provocar altos grados de ansiedad con estrés y sensación de pérdida de energía.

Dificultades para adaptarse a lo nuevo

Todas las áreas se vieron afectadas y a cada una de ellas el organismo humano, tuvo que dar respuestas lo más eficaces posibles para sostener la organización interna y externa. El peligro de perder el trabajo, el home office, la organización de la vida diaria, la presencia de los hijos, las clases por plataformas virtuales, la falta de espacio o de medios tecnológicos, la merma económica, la distancia con los seres queridos, etc., todas y cada una de estas situaciones provocó una exigencia interna desmedida que influyó en el estar general, con malestar y diferentes síntomas: falta o exceso de sueño (y abundancia de pesadillas), contracturas musculares, problemas en la concentración y la fatiga cada vez más intensa.

El cansancio y las mujeres

El peligro de perder el trabajo, el home office, la organización de la vida diaria, la presencia de los hijos, las clases por plataformas virtuales, fueron algunos de los temas más recurrentes del 2020 por la pandemia del COVID-19 (Shutterstock)El peligro de perder el trabajo, el home office, la organización de la vida diaria, la presencia de los hijos, las clases por plataformas virtuales, fueron algunos de los temas más recurrentes del 2020 por la pandemia del COVID-19 (Shutterstock)

Cuando la fatiga de convierte en una patología

1) Presencia de fatiga médicamente inexplicable con una evolución de al menos 6 meses que no se explica por el ejercicio físico, no se alivia con el reposo y reduce el nivel de actividad.

Algunos de los diagnosticos pueden ser: alteraciones de la memoria, de la concentración, dolores de garganta, musculares, articulares, cefaleas, adenopatías (ganglios inflamados) (Shutterstock)Algunos de los diagnosticos pueden ser: alteraciones de la memoria, de la concentración, dolores de garganta, musculares, articulares, cefaleas, adenopatías (ganglios inflamados) (Shutterstock)

En general la fatiga es un síntoma frecuente, siendo referido por un 6 a un 7,5 % de la población general, pero sólo entre un 0,2 a un 2,6% son diagnosticados como SFC. Se ha demostrado que hace un pico estacional en otoño, quizá por la incidencia de enfermedades infecciosas. Es más frecuente en mujeres. Los niños y adolescentes también pueden padecerla. El pronóstico empeora cuando el síndrome aparece después de los 38 años, con duración de la fatiga por más de 1,5 años, historia previa de depresiones crónicas y de enfermedades físicas. Respecto a la personalidad previa, un estudio efectuado en la Universidad de Amberes, Bélgica (publicado por la Academia de Medicina Psicosomática de EEUU), concluye que existirían determinantes de base temperamental.

El cansancio y la pérdida de energía forman parte de un conjunto de sensaciones que ponen en evidencia el desgaste que sufre la mente y el cuerpo  (Shutterstock)El cansancio y la pérdida de energía forman parte de un conjunto de sensaciones que ponen en evidencia el desgaste que sufre la mente y el cuerpo (Shutterstock)

La evitación del daño las vuelve más cautas, temerosas, inseguras, pesimistas, incluso ante la presencia de personas conocidas o confiables. Además, se demostró que las puntuaciones altas para la evitación del daño, promueven la persistencia de la conducta, ya que la persona vive lo impredecible o incierto con angustia, por lo tanto, prefiere reproducir en forma rígida los comportamientos conocidos. La rigidez de las tendencias innatas del temperamento determina personalidades predecibles, con un mal manejo de la ansiedad (tensión interna), perfeccionismo, pensamiento reservado y dificultades en la expresión de las emociones. Es notable cómo la fatiga y la frustración son retos para la superación y no “luces rojas” para reflexionar, evaluar alternativas, o simplemente, descansar. Muchos son definidos como “adictos al trabajo” “incapaces para delegar”, “sujetos de alto rendimiento” o “sujetos que no pueden decir “no” a las demandas de los demás”. Parece que en los “mejores competidores”, el sobreentrenamiento puede ser un factor que induzca al Síndrome.

Factores que pueden disparar la fatiga crónica

El manejo del estrés es fundamental para hacerle frente a la fatiga crónica (Shutterstock)El manejo del estrés es fundamental para hacerle frente a la fatiga crónica (Shutterstock)

Un estudio publicado en 2019 (Journal Psychosomatic Research) investigó los factores que pueden inducir la aparición del Síndrome de Fatiga Crónica, revela que la mayoría de las personas han tenido por lo menos tres factores estresantes durante los últimos seis meses, sobre todo enfermedades físicas (infecciones, traumas, cirugías, etc.) y enfermedades mentales con bajo manejos del estrés (trastornos de ansiedad, depresiones), sin embargo, la asociación entre las situaciones vitales (problemas económicos, laborales, familiares, de pareja, etc.), tuvieron una influencia moderada en los síntomas de fatiga. Estos resultados permiten diferenciar los precipitantes del Síndrome de Fatiga Crónica del cansancio o fatiga fácil más común y frecuente, los que son muy molestos, pero no configuran un Síndrome Crónico o prolongado. En estos casos (muy frecuentes y en aumento por la pandemia) los factores que los provocan sí tienen que ver con situaciones vitales y están menos influidos por las enfermedades físicas.

Afrontando la fatiga

– El manejo del estrés es fundamental para hacerle frente a la fatiga.

-Lo primero es reconocer la diferencia entre el cansancio normal, es decir, el que surge de las actividades realizadas a diario, del cansancio patológico, el cual comprende la sensación de fatiga al realizar actividades que no deberían provocarla, además de la persistencia de la misma. Muchos pacientes refieren “siento un agobio, desde la cabeza a todo el cuerpo”, otros comentan “ruego que no suceda nada porque no aguanto más”.

-Entre tantas preocupaciones que “llenan la cabeza” establecer prioridades. Seguramente no todas tienen el mismo nivel de relevancia.

Tomar distancia de las situaciones estresantes y evaluar los pasos a seguir para encararlas. La ansiedad induce a tomar decisiones apresuradas.

Programar actividades recreativas y prácticas de relajación/respiración.

Para afrontar la fatiga crónica se pueden practicar técnicas de meditación o relajación (Shuttersotck)Para afrontar la fatiga crónica se pueden practicar técnicas de meditación o relajación (Shuttersotck)

-Tratar de compartir los problemas con las personas queridas o de confianza. No quedarse con el malestar ni hacer un esfuerzo por disimularlo.

Modificar hábitos diarios: frecuencia de comidas, tomarse el tiempo para estar con uno mismo y con los demás, realizar ejercicio físico, bajar el consumo de alcohol y de tabaco, controlar el peso corporal.

-Aprender a centrarnos en el cuerpo y en las sensaciones/sentimientos que provienen de él. La práctica de poner atención en el propio cuerpo: tensión/relajación; placer/displacer; ganas/exigencia, permite cambiar el foco de atención que casi siempre se dirige a las preocupaciones que llenan la cabeza “no puedo parar de pensar”.

Generar momentos, aunque sean breves, para estar con uno mismo.

No sentir culpa cuando pedimos estar solos un rato para relajarnos.

Realizar los controles médicos y solicitar ayuda profesional.