4 marzo, 2021

El terror de dos mujeres que denunciaron a un hombre que dejó la cárcel por la pandemia

02El 28 de abril del 2020 era la fecha pautada para que Lucio Perdomo, un ex empleado de una empresa de seguridad acusado de intimidar y amenazar a su ex mujer y a la psicóloga de su hija menor de edad, fuera sometido a un juicio oral.

Siete días antes, sin embargo, los jueces Jorge Rimondi, Gustavo Bruzzone y Patricia Llerena de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron otorgarle arresto domiciliario, a pesar de que el Tribunal N°19, que llevaba su caso, ya se había opuesto.

La razón por el cual el hombre de 66 años abandonó la celda en la que vivió por aproximadamente siete meses en la cárcel federal de Marcos Paz y regresó a la casa de su hija en Merlo fue motivo de polémica en el suyo y muchos otros casos durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19 en Argentina: Perdomo, diabético y con una arritmia cardíaca, era considerado paciente de riesgo.

Perdomo pasó seis meses detenido en Marcos Paz y ahora deberá esperar el juicio en su contra desde su casa
Perdomo pasó seis meses detenido en Marcos Paz y ahora deberá esperar el juicio en su contra desde su casa

Todo empezó cuando su ex mujer, C., lo denunció por someter tanto a ella cómo a L., su hija de 9 años, a episodios de violencia doméstica que no llegaban a tornarse en agresiones físicas pero que incluían insultos y tratos denigrantes hacia ella y sus dos hijos de una pareja anterior. “Él se comporta así. Él es un piola bárbaro y los demás son todos unos estúpidos”, cuenta a Infobae una persona que lo conoce pero prefiere mantener su nombre en reserva.

En el marco de esa denuncia, la mujer presentó ante la Justicia un informe psicológico firmado por la terapeuta del Hospital Piñero que atiende a su hija en el que constaban esos hechos y que derivó en que el hombre no pudiera ver más a la menor.

Perdomo se enfureció. Para torcer esos resultados, luego de que su mujer cambiara su número de teléfono para evitarlo, empezó a acosar a la profesional.

Los primeros mensajes, injuriosos pero contenidos, rápidamente se tornaron cada vez más agresivos y comenzó un hostigamiento por redes sociales, llamadas desde al menos 10 líneas telefónicas diferentes cada 10 o 15 minutos y mensajes con fotos de su auto estacionado en distintos lugares.

Perdomo le pedía pruebas a la psicóloga, le preguntaba cómo podía saber que había violencia de género sin conocerlo.

Luego empezaron los envíos de imágenes pornográficas y las amenazas de muerte: “A ustedes que se juntan con basuras, van a terminar en el CEAMSE”, decía uno de sus mensajes. “Te voy a meter un tiro en la cabeza…voy a ir a tu trabajo y te voy a matar con un tiro en la cabeza”, le aseguró otro día. También llegó a ir hasta el hospital a preguntar en recepción por sus horarios y en una oportunidad supuestamente le obturó el caño de escape del auto con ramas y piedras, lo que provocó que su auto su ahogara y quedara detenido en el medio de una autopista.

Perdomo comenzó a hostigar a la terapeuta de su hija cuando la profesional firmó un informe en el que daba cuenta de hechos de violencia domésticaPerdomo comenzó a hostigar a la terapeuta de su hija cuando la profesional firmó un informe en el que daba cuenta de hechos de violencia doméstica

Por esa época, de acuerdo al testimonio de su ex mujer, también hostigó a quien había sido su suegra. Llegó a llamarla casi 70 veces en una noche, le envió imágenes sexuales explícitas y la perturbaba con la foto del hijo mayor de su ex, que murió a sus 16 años a causa de un cáncer de huesos. La mujer, ya mayor, prefirió no denunciarlo.

A principios de septiembre de 2019, Perdomo fue notificado de una prohibición de acercamiento de la denunciante dictada por el Juzgado Criminal y Correccional N°4.

En octubre lo allanaron: en su casa encontraron varios chips de distintas líneas telefónicas y hasta un manuscrito con la transcripción de un mensaje textual de los que recibió la psicóloga. Dos días después fue detenido y trasladado a Marcos Paz, donde supo que el fiscal Patricio Lugones de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°4 había solicitado la elevación a juicio, que finalmente se suspendió cuando se registraron los primeros casos de coronavirus en el país y comenzó la cuarentena.

El 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, cuando todavía estaba detenido, su ex mujer recibió en su teléfono lo que parecía ser un mensaje equivocado. Un supuesto joven de 21 años se disculpó por el presunto error, le aseguró que le habían pasado mal el número de un amigo e intentó igualmente iniciar una conversación.

Mientras ella insistía en cortar la charla, su interlocutor le hacía preguntas y comentarios extraños, que no parecían coincidir con el tipo de cosas que diría una persona de esa edad: “¿Comés con sal?”, “¿jugás a la quiniela?”, “mi helado favorito es el de limón”. Perdomo jugaba a la quiniela, también sabía que ella es hipertensa y que limón es su gusto predilecto.

La psicóloga del Hospital Piñero recibió amenazas y mensajes con fotos de su auto estacionado en distintos lugaresLa psicóloga del Hospital Piñero recibió amenazas y mensajes con fotos de su auto estacionado en distintos lugares

Ese día también recibió mensajes la psicóloga con un link falso que indicaba que su teléfono había sido hackeado. “Esto lo notificamos al Tribunal N° 19, y aun así lo liberaron. Lamentablemente el miedo es que esto se corte con un femicidio”, dice a este medio la psicóloga.

Luego la Cámara Nacional de Casación lo mandó a su casa y sus víctimas se pusieron en alerta.

No era la primera vez que Perdomo tenía que responder ante la Justicia. En 2016 ya había sido denunciado por violencia por su propia madre, con quien vivía. Perdomo era el apoderado desde el año 2004 de la pensión de su hermano menor, muerto durante la Guerra de Malvinas. Perdomo habría mentido sobre el monto que representaba el subsidio y la relación con su familia, que ya era tensa, se complicó aún más.

Cuando su sobrino, que fue quien quedó a cargo de la mujer, fue hasta su casa para hablar con él y hacerlo recapacitar, Perdomo salió armado a la puerta y los amenazó de muerte, según consta en el informe que una trabajadora social presentó ante el Juzgado de Familia N° 6 de Morón.

En ese documento, el sobrino asegura que en la fiscalía donde radicó la denuncia le informaron que Perdomo contaba con varias denuncias por violencia doméstica ya archivadas de sus parejas anteriores. Perdomo había estado casado con una mujer de la que luego enviudó y con la que tuvo tres hijos. Luego tuvo otra pareja, con la que tuvo tres hijos más y luego formó pareja con C., su última mujer, con la que fue padre de L. y con la que jamás convivió. Ante la Justicia él mismo aseguró que sólo tenía contacto con dos de sus siete hijos.

Por la denuncia de su madre, Perdomo se sometió a una pericia psiquiátrica. En ese informe, la profesional indicó que el hombre debería someterse a un tratamiento psiquiátrico, consideró que presentaba un trastorno de control de impulsos y una tendencia a minimizar y justificar las situaciones por las que era acusado.

El 20 de julio pasado, fecha en la que Perdomo hubiera cumplido su décimo aniversario de pareja con su última mujer, C. recibió un llamado de un número privado pero, del otro lado, nadie respondía. Lo mismo le ocurrió ese día a su hermana.

Por esa época, C. recibió también un “Me gusta” en su foto de perfil de Facebook de un tal Lucio Lobos -el apellido materno de Perdomo- que se identificaba con una foto de dos osos polares pero tenía su cuenta vacía, sin ninguna publicación o contenido. Sus denunciantes quieren esperar que la Justicia corrobore si realmente se trató de él en todas esas oportunidades, pero reconocen esos mensajes como un comportamiento “típico” de él.

“También notificamos al Tribunal N°19, pero con la excusa de la pandemia no se pueden tomar medidas”, señaló la psicóloga. “Si bien no escribe nada, demuestra claramente que está presente y continúa con el hostigamiento a través de una cuenta que utiliza y luego borra”.

Perdomo cumple su prisión domiciliaria en la casa de su hija en Merlo y tiene prohibido acercarse a sus denunciantesPerdomo cumple su prisión domiciliaria en la casa de su hija en Merlo y tiene prohibido acercarse a sus denunciantes

“Tanto la ex mujer de Perdomo como mi persona seguimos en peligro. Es lamentable que los juzgados no comprendan lo que sucede, que sólo nos den un botón antipánico, que las víctimas tengamos que salir a cumplir con nuestros deberes mirando hacia todos lados, porque no sabemos por dónde puede aparecer”, continuó la terapeuta. “Lamento que lo tomen como ‘el pobre viejito diabético’ cuando a pesar de su edad es muy ágil, inteligente y habilidoso. No estoy paranoica ni le tengo miedo, pero creo que la justicia está muy confiada y este hombre es peligroso. No tiene límites”.

Si bien los jueces Rimondi, Bruzzone y Llerena dictaminaron que Perdomo fuese puesto en prisión domiciliaria “con algún mecanismo de monitoreo electrónico”, sus denunciantes y la abogada Martha Rodríguez, que representa a la psicóloga, aseguran que no recibió una tobillera electrónica.

Mientras Perdomo, formalmente imputado por el delito de “amenazas coactivas en concurso real con desobediencia”, espera la reprogramación del juicio oral, su ex mujer, que debió anotarse en un comedor comunitario para poder alimentar a sus tres hijos y hacer changas, pelea para recibir la cuota alimentaria que deriva del sueldo de Perdomo como vigilador nocturno, que fue embargado por decisión de la Justicia.