5 abril, 2025

La diplomacia de negocios, sin tapujos

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Por primera vez desde 2003, los rivales del kirchnerismo han llevado formalmente al Congreso sus cuestionamientos a uno de los principales anclajes de la política exterior: la alianza del matrimonio gobernante con Hugo Chávez. Que hayan tardado siete años en hacerlo es una señal de que la insensibilidad por las relaciones internacionales no es un rasgo exclusivo del oficialismo, sino que caracteriza a casi toda la elite política argentina.
La oposición, animada en este caso por Alfredo Atanasof y Patricia Bullrich, espera que pasado mañana el embajador Eduardo Sadous concurra a la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. A partir de sus previsibles declaraciones, se intentará crear un comité de investigación, capaz de convertir al escabroso vínculo bolivariano en un insumo para la campaña por la sucesión presidencial.
Este interés opositor por el rasgo más controvertido de las relaciones internacionales hizo que también el oficialismo tuviera que innovar. Por primera vez la Presidenta asignó un encuadramiento oficial a la diplomacia de negocios paralela que se ha venido desarrollando con Caracas.
El reemplazo de Jorge Taiana por Héctor Timerman es una jugada sólo comprensible en este nuevo tablero. Taiana se fue porque la dicotomía de la política exterior comenzó a resultar inconveniente para el proselitismo del Gobierno. Como su antecesor Rafael Bielsa, el ex canciller había preferido que las relaciones con el chavismo estuvieran a cargo de Julio De Vido, sobre todo desde que la valija de Antonini Wilson arrastró a las afueras del palacio a Claudio Uberti. Esa división del trabajo suponía que jamás un hombre de la Cancillería -en este caso Sadous- revelaría en un juzgado, o más tarde ante el Congreso, los rasgos menos edificantes de la hermandad bolivariana.
Taiana renunció al mostrarse impotente -o falto de interés- para disciplinar a los cuadros burocráticos de la Cancillería en relación con esta dualidad. La prueba está en que la primera misión que la Presidenta le asignó a Timerman no fue evitar que Brasil monitoree el río Uruguay, sino impedir que Sadous hable con franqueza en el Congreso. Ayer el nuevo canciller adelantó que interrumpirá su apostolado a favor de la transparencia informativa para recordar al embajador su obligación de observar el secreto diplomático. Es una recomendación trivial: el aporte de Sadous al escándalo no es decir lo que sabe, sino admitir lo que no sabe, ya que es esa ignorancia la que delata la existencia de un canal alternativo al oficial en la relación con Venezuela.
Displicencia
La principal víctima de la incapacidad -o de la displicencia- de Taiana para contener a Sadous es Julio De Vido. De allí que De Vido se haya propuesto tomar a su cargo el área económica de la Cancillería en la persona de Luis Kreckler, por quien Timerman no profesa demasiada simpatía (Kreckler debió interrumpir sus vacaciones en Miami, donde tomaba sol mientras se producían los cambios). De ese modo, la diplomacia paralela se haría cargo de la oficial. Ya no harán falta embajadas en las sombras porque habrá un canciller en las sombras: De Vido.
El paraguas de alguien como Timerman, sobre cuya decencia jamás se sospechó, es ideal para enmascarar este rescate del vínculo bolivariano. Al nuevo canciller le toca protagonizar un viejo rito de iniciación del kirchnerismo. También Sergio Massa debutó como jefe de Gabinete anunciando, con De Vido y Ricardo Jaime como escoltas, la estatización de Aerolíneas Argentinas, una de las razones del alejamiento de Alberto Fernández. Amado Boudou se hizo cargo del palacio de Hacienda después de que el jefe del Indec, Norberto Itzcovich, le anticipara desde la tapa de un diario que "hay Moreno para rato". Ahora le toca a Timerman pasar por esta vacunación, asumiendo como propio un escándalo con el que no tuvo que ver. Ayer comenzó a tomar la pócima, al denunciar una campaña de desprestigio contra su colega de Gabinete.
La expansión del "canciller" De Vido puede traer complicaciones políticas, no sólo judiciales o parlamentarias. Hay un rasgo de la conexión con Venezuela que ha permanecido en la penumbra y es que el encargado de cultivar esa amistad conduce también la política nuclear de la Argentina.
El capítulo atómico de las relaciones entre Buenos Aires y Caracas está destinado a provocar sobresaltos más perturbadores que las presuntas coimas del 15% que se les habrían cobrado a las pymes para dejarlas exportar. El ya célebre Convenio Integral de Cooperación entre los dos países, previó el intercambio de tecnología nuclear a cambio de fuel oil. En ese contexto, el instituto argentino Investigaciones Aplicadas (Invap) y el Ministerio de Salud venezolano suscribieron el contrato Nº 058-2004 de suministro de equipos de radioterapia y medicina nuclear, por un valor de US$ 53 millones. Según la presentación que realizó el propio Invap en un simposio de la American Nuclear Society de junio de 2009, la mayor parte de las máquinas transferidas no fueron fabricadas por ese instituto, sino por Philips. Es posible que a Sadous le pregunten en el Congreso si conoce cómo se seleccionó esa empresa y si los equipos salieron de la Argentina. También si la compañía Meditron, con sede en Caracas, ejerció alguna intermediación. Se trata de una firma de medicina presidida por Antonio Orlando, que representa en Venezuela al Invap y a Philips, al mismo tiempo. Orlando estaría vinculado al ex embajador de Chávez en Buenos Aires, Roger Capella, quien se desempeñaba como ministro de Salud de su país cuando se firmó el convenio. También Claudio Uberti, el informal embajador de Kirchner ante Chávez, estaría relacionado con Orlando.
El Invap es un organismo que reporta a De Vido, igual que la Comisión Nacional de Energía Atómica, que también firmó convenios con Venezuela. En octubre de 2005, Hugo Chávez anunció que compraría a la Argentina un reactor, destinado a la generación de energía. La dimensión nuclear del nexo bolivariano alarma a quienes creen que Chávez podría transferir tecnología a Irán, con cuyo régimen ha establecido una alianza muy estrecha. Las fantasías sobre esa afinidad se agigantaron desde que la compañía aérea Conviasa cubre la ruta Caracas-Teherán-Damasco, sin trasladar a demasiados pasajeros.
Esta cadena de incógnitas interpelará en especial a Timerman, quien ha ejercido una gran influencia en la orientación antiiraní de la política exterior. Gracias a ese sesgo, él consiguió que Barack Obama se reuniera con la señora de Kirchner. Los casos del Invap y la CNEA acaso también induzcan al Gobierno a definirse en una polémica más amplia, sobre los márgenes de autonomía de su política nuclear. Es, acaso, la cuestión más relevante que Lula da Silva acaba de introducir en la región, al acercar a Brasil con Irán y, a la vez, cuestionar a los Estados Unidos por no destruir su arsenal atómico, como exige el artículo 6º del Tratado de No Proliferación.
Otras relaciones
Hay otras relaciones exteriores en las que el canciller Timerman deberá lidiar con las gestiones del "canciller" De Vido, quien no exhibe las destrezas de un Tayllerand. Desde que Kirchner le encargó el desembarco en Telecom, De Vido no ha hecho más que empeorar las relaciones con Italia. El último incidente se produjo el mes pasado, en Roma, adonde los empresarios Matías Garfunkel Madanes y Raúl Moneta llegaron con una recomendación del ministro para quedarse con la parte de Telecom Italia en la telefónica local. Cuando los italianos examinaron las garantías bancarias presentadas por Moneta, descubrieron que eran falsas.
Ahora Telecom Italia podría iniciar una causa penal en Europa. Consecuencias: Garfunkel rompió la sociedad con Moneta en la administración de varias radios. De Vido salió en busca de otros ahijados: recayó en Eduardo Eurnekián, pero todavía le falta convencer a un amigo banquero. Mientras tanto, el gobierno y un grupo de eurodiputados italianos están por plantear una queja formal contra la Argentina. Desventuras de un arquitecto que devino diplomático.
* PARA LA NACION

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