6 abril, 2025

Timerman, Zaffaroni y el RCH 287 rumbo al falso nacionalismo

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Tan difícil como inexplicable es el conflicto diplomático con USA que escala Cristina Fernández, apostando a una bocanada de chauvinismo y populismo demagógico.
Por mencionar un extremo lo suficientemente elocuente: así comenzó Leopoldo Fortunato Galtieri un enfoque que resultó trágico y vergonzoso para la sociedad argentina.
En la tarde del viernes 23/02, el Gobierno argentino justificó su negativa a entregarle a USA el material militar incautado por las autoridades argentinas y recordó que "no ha recibido aún una respuesta satisfactoria a la nota de protesta".
"El Gobierno argentino no ha recibido aún una respuesta satisfactoria a la citada nota de protesta y no considera como tal a la nota remitida el 16 de febrero pasado por el Departamento de Estado a la Embajada argentina en Washington", informó Cancillería en un comunicado.
Recordó que "el 14 de febrero pasado presentó a la Embajada de los Estados Unidos una enérgica nota de protesta sobre lo ocurrido en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza el 10 y 11 de febrero, tras la verificación de la carga del vuelo RCH 287 de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, oportunidad en la cual el personal aduanero argentino constató la presencia de un número importante de bienes no declarados".
Sin embargo, Silvia Pisani escribió en el diario La Nación, desde Washington DC:
"Lejos de superarse, el incidente con los Estados Unidos, que cumplió ayer dos semanas, se agravó con una escalada de reproches entre ambos gobiernos y, sobre todo, por un planteo del canciller Héctor Timerman, que causó malestar en la administración de Barack Obama.
Según fuentes del Departamento de Estado, en la tarde de ayer Timerman le hizo saber al encargado de negocios de la embajada norteamericana en Buenos Aires, Jefferson Brown, que los funcionarios de esa misión debían abstenerse de comentar la situación con los medios de prensa argentinos.
El planteo a Brown, que el vocero de la cancillería argentina dijo desconocer, se produjo en un contexto de malestar creciente por la confiscación en Ezeiza de material militar de un avión de la fuerza aérea de Estados Unidos que se iba a usar en un entrenamiento de efectivos de la Policía Federal.
La embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires no hizo comentarios sobre ese nuevo giro que agudiza el conflicto diplomático. "Estamos cada vez más desconcertados", admitió, en cambio, un funcionario norteamericano al confirmar el reclamo a Brown, número dos de la misión. La embajadora Vilma Martínez está fuera de la Argentina.
"Desde el primer momento hemos tratado de colaborar, pero es como si en el gobierno argentino no quisieran escucharnos", se lamentó el mismo funcionario en Washington. (…)".
Complementa la información, Ana Barón, para Clarín, también desde Washington DC:
"(…) Todo comenzó el martes a las 22:20 hora de Washington. Crowley utilizó Twitter para expresar el malestar de su gobierno con respecto a nuestro país. “Estamos sorprendidos porque la Argentina ha elegido no resolver una simple disputa sobre un material de entrenamiento. Y todavía queremos que nos devuelvan nuestro material”, dijo.
Durante la conferencia de prensa que da todos los días, Crowley dijo que si bien siguen “en comunicación con la Argentina recientemente hemos enviado un par de notas diplomática que la Argentina todavía no ha respondido”.
Crowley explicó que son conscientes de que en la Argentina hay un proceso legal en curso. “Pero seguimos dejando en claro que queremos que nos devuelvan nuestro equipo”.
“¿Está usted diciendo que la Argentina no quiere colaborar? ¿Hay alguna expectativa de que esto se resuelva en una, dos semanas?”, le preguntaron.
“Bueno todavía estamos perplejos sobre porque el material fue incautado en el primer lugar”, dijo Crowley. Los ejercicios de entrenamiento habían sido coordinados con el gobierno argentino. El equipo a bordo del avión era totalmente consistente con la naturaleza del entrenamiento, y pensamos que cualquier problema técnico que pudo haber surgido debió haber sido resuelto a nivel de trabajo. Pero fue elevado a un nivel superior, y no estamos seguros de por qué”.
Crowley se rió cuando le preguntaron si pensaba que el incidente se debía a la no visita de Obama a la Argentina. “Perplejo, estoy perplejo de que pueda haber política de por medio”. dijo.
A las pocas horas, Timerman convocó a Brown. Una fuente diplomática estadounidense dijo a Clarín estar sorprendida por la conducta del canciller. Si bien durante el encuentro con Brown Timerman pidió que el Departamento de Estado no hablara más con la prensa, poco después la Cancillería emitió un comunicado de prensa, sin advertirles . “Fue una emboscada” dijo la fuente. (…)".
¿Y cuál es el enfoque gubernamental de todo el asunto? Desde la transversalidad, que también frecuenta Timerman, así lo explicó Eduardo Blaustein en el semanario Miradas Al Sur:
> "Los soldados venidos en el Boeing Globemaster III pertenecen a un grupo de fuerzas especiales que intervino en Grenada y Panamá. EE.UU. apuesta a militarizar la guerra contra el crimen. La participación militar de EE.UU. a menudo parece tener poco que ver con los objetivos oficiales para la región y alienta a los militares latinoamericanos a asumir funciones que serían ilegales en los Estados Unidos.”
> “El rol del Pentágono en el diseño de políticas (para América latina) es cada vez mayor. Las actividades militares han ido creciendo en su participación, mientras que el Departamento de Estado y los presupuestos de ayuda exterior han caído o se ha estancado.”
Ninguna de las dos afirmaciones pertenece a algún funcionario del gobierno argentino proclive –según las interpretaciones de la prensa conservadora– a las desmesuras o las sobreactuaciones antiimperialistas. Ambas frases destacan en un artículo publicado en octubre de 2005 (“Militarizing Latin America Policy”, ver recuadro) por un conocido analista estadounidense, Adam Isaacson, máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Yale y director de Programas para América Latina del Centro para las Políticas Internacionales en Washington.
Siguiendo las tesis de Isaacson, la llegada del Boeing Globmaster III norteamericano cargado de “material sensitivo” se inscribe no necesariamente en una política exterior afinada (y menos aún controlada) por el gobierno de Obama, sino más bien en su ausencia, convenientemente explotada por la desproporcionada capacidad presupuestaria y operativa del Pentágono y del complejo militar yanqui. Los recursos estadounidenses destinados a “ayuda” a las fuerzas militares y policiales de América latina y el Caribe pasaron de US$ 225 millones en 1996 a un pico de casi US$ 900 millones hacia el 2009.
En un párrafo de aquel artículo, Isaacson se preguntaba: “¿Por qué las Fuerzas Especiales de EE.UU. necesitan entrenar a los comandos argentinos en las técnicas de la guerra de montaña?”.
Del mismo modo, podría preguntarse por qué fueron paracaidistas los que vinieron al país a entrenar a nuestros GEOs.
La pregunta quizá pueda responderse del siguiente modo: los visitantes que fueron traducidos por la prensa argentina como paracaidistas de las 7ª Brigada Aerotransportada con sede en Carolina del Norte son algo más que eso. Lo que en inglés se conoce como la 7th SFG Airborne, llamada “Brigada del Diablo”, es un cuerpo de fuerzas especiales con un largo historial en el entrenamiento de fuerzas militares y policiales en América latina (cuando se trata de “gobiernos amistosos”) en técnicas de contrainsurgencia y de combate contra el narcotráfico.
El Special Forces Group, crecido en tiempos del Gran Satán soviético al que aludía Ronald Reagan, participó en 1983 en la invasión de Grenada y en 1989 en la operación Causa Justa en Panamá. Tuvo un rol crucial en el entrenamiento de las fuerzas militares salvadoreñas (que crecieron de 12.000 a 55.000 efectivos), con el conocido saldo de un mar de espanto y de sangre.
Las SFG intervinieron también en la década del ’80 en diversos países del área andina: desde Venezuela a Colombia, desde Ecuador a Perú y Bolivia. Una de los sitios web derivados de la Brigada del Diablo se enorgullece en afirmar que sus demonios tienen presencia en 19 naciones de Centro y Sudamérica y en otras 13 del Caribe.
(…) La visita de las fuerzas especiales con asiento en Carolina del Norte parece ir en contra de cualquier estrategia de desmilitarización. Lo mismo sucede con las doctrinas de seguridad que los Estados Unidos pretenden fomentar en nuestros países, ya no necesariamente en las fuerzas armadas sino también en las policiales.
Raúl Eugenio Zaffaroni, miembro de nuestra Corte Suprema, viene advirtiendo hace tiempo sobre el asunto y volvió a hacerlo a propósito del putsch frustrado en Ecuador: “Hoy los golpes de Estado los dan las fuerzas de seguridad, no los dan los ejércitos. No son golpes de Estado tradicionales, son golpes de Estado desestabilizadores… En América latina hace ya quince años que lo voltearon a Nilo Batista en Río de Janeiro; lo volteó una organización de esta naturaleza, en combinación con la Red Globo”. (…)".

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