6 abril, 2025

Cómo viven y qué hacen los ocupas de las tomas en Soldati

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Tras seis días de toma, los baños que usan están colapsados, los pañales están sucios y necesitan remedios para darle a sus hijos y para algunos enfermos (hay recién operados). Piden más frazadas y cigarrillos para subsistir hasta que el Gobierno les dé “una casa”.
Las decenas de familias que desde hace seis días encabezan la toma del Bajo Flores tienen bien claro de qué lado están: “Cristina Kirchner es una buena mujer y una buena madre, sabemos que nos va a apoyar y ayudar, ella va a resolver este conflicto”, reclaman, al unísono, la mayoría de los ocupantes, sentados en el piso, con mate y pañales sucios, tras días de vivir en las peores condiciones.
La mayoría de ellos salió de la Villa 1.11.14, la más peligrosa de la Ciudad, donde alquilan una pieza, a pocas cuadras del complejo de viviendas sociales que tomaron en la madrugada del domingo pasado tras organizarse, dicen, espontáneamente. También tienen otra premisa que desean cumplir: no se van a ir hasta que el Gobierno (sea cual sea) les dé una casa. “No queremos subsidios ni nada de Macri, sólo pedimos un techo para vivir con dignidad y para que nuestros hijos tengan un futuro.”
El jueves por la tarde, PERFIL fue el único medio que logró torcer la contención policial e ingresó para hablar con los ocupantes y recorrer el predio, que pertenece al Gobierno porteño y que iba a estar destinado para familias que iban que ser reubicadas tras un fallo de la Corte Suprema por vivir en la vera del río, en las peores condiciones.
Pero la realidad cambió porque, antes de que el Gobierno porteño pueda adjudicarlas, fueron ocupadas por otros vecinos que ahora, una vez más, son presa de una disputa entre el Gobierno nacional y el local.
Desde hace días se alimentan con algunas raciones de comida que le acercan familiares de afuera y alguna que otra botella de agua que les tiran a través de la reja que los separa del mundo de afuera.
El Gobierno porteño les cortó el agua, la luz y trató de reducir al máximo su capacidad de supervivencia, precisamente para lograr un desalojo natural y pacífico.
Pero no funcionó: los que sabían de electricidad usaron los cables de la obra para colgarse de una caja de electricidad externa, ingresan comida por la noche cuando los controles (y las cámaras de TV) no están tan atentos e improvisaron camas en el piso con el material que se usa como aislante en los techos.
Claro que con las carencias que eso significa, porque ni siquiera tienen pañales para sus bebes. Ayer por la tarde varias madres comenzaban a reemplazarlos por trapos limpios porque los desperdicios de días les comprometieron las zonas genitales.
Para tomar mate, por ejemplo, usan latas de pintura usadas y oxidadas como pava. No tienen frazadas para la noche y tampoco remedios para los más chicos. Las madres piden Ibuprofeno con urgencia.
El predio ocupado pertenece a la Corporación Sur, el brazo del Gobierno porteño que teje políticas habitaciones. Tiene 204 casas que fueron ocupadas por 120 personas, de los cuales 80 son chicos. Diez muejeres están embarazadas y una, denuncian, tuvo pérdidas tras una corrida con la Policía y terminó internada.
“Tenemos una sed bárbara”, sintetiza una de las mujeres más activas de la toma, y jura que la Policía Metropolitana les hace problemas para ingresar agua al predio. Aunque mientras PERFIL estuvo en el lugar, los vecinos pudieron ingresar sin mayores problemas varias botellas de jugo.
Uno de los casos más llamativos es el de Sonia, una bioquímica que se quedó sin trabajo hace diez años, se mudó a la 1.11.14 y vive con 16 hijos, la mayoría adoptados, en dos cuartos de la villa. Para ella, tener un techo propio es más que un sueño porque hoy “los tiene que colgar de la pared”.
Una de las principales preocupaciones de ellos, que no parecían estar organizados políticamente, era demostrar que no habían saqueado las viviendas.
Cuando llegaron los medios, algunos efectivos de las fuerzas de seguridad aseguraban que tuvieron que impedir que los ocupas se roben griferías, caños y tapas de luz.
Los ocupantes, lejos de llevarse materiales, argumentan que la policía de Macri los maltrata: “Nos amenazaban y nos dijeron que se nos iba a venir la noche, no nos dejan pasar los remedios que necesitamos”, denunciaron y pidieron, con simpática abstinencia, que sus familiares les envíen paquetes de cigarrillos para sobrellevar la toma.
Antes de que PERFIL pueda abandonar el lugar, volvieron a exigir el amparo de una figura que con los días, se convierte en mito: “Si estuviera vivo Néstor Kirchner, apoyaría una vez más a los pobres”.

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