6 abril, 2025

A 7 meses de las elecciones, la oposición busca una brújula

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La gran pregunta es cómo forzar una 2da. vuelta electoral, que es la gran hipótesis de los opositores, intentando imitar a lo que ocurrió con Carlos Menem en 2003… y benefició a Néstor Kirchner.
Tal como ocurrió en aquella ocasión, Eduardo Duhalde y Grupo Clarín, quienes eran promotores de Kirchner, ahora lideran esa apuesta… contra la heredera de Kirchner, su viuda, Cristina Fernández.
Les acompañan, igual que entonces, el diario La Nación, la UCR y algunas agrupaciones políticas menos voluminosas.
Obviamente Cristina y el abanico casi inverosimil que la acompaña -desde Hugo Moyano al Partido Humanista, desde Mario Ishii a La Cámpora, desde Gerardo Martínez a Hebe de Bonafini- insisten en ganar en 1ra. vuelta para, entonces, "profundizar la revolución", un concepto impreciso pero que provoca mucho temor en quienes no integran la masa clientelar del Frente para la Victoria.
La prioridad del no kirchnerismo más corporativo es cómo unificarse. Si Ernesto Sanz ganaba las internas de la UCR, todo quedaba facilitado, por la confluencia posible con Francisco de Narváez y Mauricio Macri, aunque quedaban afuera Hermes Binner, Margarita Stolbizer y otros; pero Sanz no tiene la más remota posibilidad, y Ricardo Alfonsín ya dijo que con PRO ni a la esquina y, probablemente, tampoco con De Narváez.
Según consigna Urgente24, hay que reagruparse nuevamente.
Aqui algunos recortes dominicales:
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación, de Ciudad de Buenos Aires:
"Los límites, imprecisos aún, de las probables alianzas electorales están ahora en el centro del debate interno de la oposición. Reuniones secretas, conversaciones en voz baja y trascendidos apenas audibles rondan sobre qué deberían hacer los antikirchneristas. Están frente a un gobierno con creciente apoyo social, pero cada vez más radicalizado. El duro documento del viernes, en el que se juntaron firmas que nunca estuvieron juntas, fue, quizás, un ensayo para eventuales acercamientos más prácticos.
La primera constatación a la que llegó la oposición es que han dejado de existir, por ahora al menos, los tres tercios en lo que se repartía hasta hace poco el electorado.
Uno de esos tercios, el del oficialismo, ha crecido, pero mucho más han descendido los otros dos tercios de la oposición, que ya no son dos tercios. Estos estaban formados por el arco no peronista y por el peronismo disidente.
La segunda constatación que conmovió a la oposición, aunque no lo diga, es que Cristina Kirchner pasa por su mejor momento político desde que accedió personalmente al poder. Arropada por un porcentaje importante de la sociedad, que no está dispuesta por ahora a ver los muchos y peligrosos errores de su gobierno, la Presidenta se beneficia también de la falta de alternativas políticas. Ella cosecha en sectores sociales conformes con el alto nivel de consumo. La economía soporta una inflación alta, pero compensada con aumentos salariales y créditos. El equipo de campaña de Cristina es una máquina que produce hasta cuando ella duerme.
Tal vez los actuales halagos electorales ni siquiera sean obra del equipo ni de su jefa. Nadie en el campo contrario es candidato presidencial definitivo, las eventuales alianzas se demoran y la fragmentación prevalece sobre los acuerdos posibles. Hasta los radicales, que son los que mejor administran sus disidencias internas, están divididos en dos bandos. En ese contexto, en el que jugaron también los significativos atropellos a las libertades de los últimos tiempos, se inscribió el documento de anteayer. El documento sería poco si se quedara sólo en ese documento , adelantó un dirigente opositor.
La importancia de esa carta no sólo radica en su texto, inusualmente duro, sino también en la categoría de los firmantes. Nunca antes se habían visto las firmas conjuntas, en un mismo papel y con las mismas ideas, de Elisa Carrió, de Mauricio Macri y de Eduardo Duhalde.
Las rúbricas de los radicales Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz y del peronista Felipe Solá eran más previsibles porque se trata de sus ideas, pero también porque no tienen grandes resquemores con el resto de la dirigencia política. Si hubiera un próximo presidente no kirchnerista a partir de diciembre, saldría de entre esos dirigentes. La presencia de Francisco de Narváez contiene otro mensaje: es el único político que le ganó una elección a Néstor Kirchner. (…)".
¿Y cómo ven desde el kirchnerismo ese intento de reagrupación de los opositores? No iban a perderse la oportunidad de disfrutar del mal momento de sus adversarios.
Aquí la opinión de Fernando Cibeira desde el kirchnerista Página/12:
"El decepcionante resultado obtenido en las dos primeras elecciones del año en combinación con las encuestas que cada vez con más convencimiento sostienen que Cristina Kirchner ganará en primera vuelta en octubre provocó –son tiempos de la ciberpolítica al fin– algo así como la desconfiguración de la oposición.
Una de las dos preinternas convocadas para este mes –la radical– quedó en la nada y la otra –del Peronismo Federal– arrancará hoy pero devaluada.
Mauricio Macri buscó mostrarse como el único opositor en pie pese a que el PRO ni siquiera participó –es decir, no sacó ni un voto– en los dos comicios provinciales. Dijo que en sus encuestas estaba segundo, aunque con la mitad de intención de voto que Cristina Kirchner, y desde ese lugar convocó a un acuerdo opositor detrás del barbarismo del “peor momento de la democracia desde el año ’83”.
El primer paso fue un reagrupamiento parcial del viejo Grupo A para un documento vacuo sobre la defensa democrática y prometen más. Sin embargo, difícilmente esa alianza tome un formato electoral cuando sus propios componentes reconocen grandes diferencias y hasta intereses a contramano.
Lo que adelantan es que este documento –muy en el tono del discurso que buscan instalar los medios opositores luego del bloqueo a las plantas de Clarín y de La Nación– que llevó la firma de cinco aspirantes presidenciales podría ser el primero de otros que expondrían sobre diversos temas en los que habría coincidencia.
Una vez más el objetivo sería esbozar el reclamado “Pacto de la Moncloa argentino” con presuntas políticas de Estado a largo plazo que cada candidato opositor se comprometería seguir en caso de resultar electo. Implícita o explícitamente, podría significar un acuerdo para apoyar al candidato opositor que llegara a competir en la segunda vuelta contra el kirchnerismo.
El problema es que, así como están las cosas, puede que ningún opositor llegue a esa instancia. Pero para avanzar más allá de ese punto la heterogénea entente antikirchnerista debería conseguir una afinidad que no es posible distinguir hoy ni siquiera dentro de cada una de las fuerzas que la componen. Por el momento, quienes trabajaron en el documento que llamó a “defender la democracia” se contentarían con conseguir que quienes firmaron aquel papel se junten para una foto. (…)".
Pero es una realidad que Cristina Fernández tiene hoy día sólidos argumentos para ambicionar a una reelección. Sus más enconados adversarios comienzan a reflexionar acerca de esa hipótesis.
Eduardo van der Kooy escribió en el diario Clarín (que apoyó la elección de Cristina en 2007, vale la pena recordarlo):
"Muy pocas veces la Argentina ha tenido como ahora, en medio de un proceso electoral, un anticipo del futuro.
Ese anticipo, retratado en varias ocasiones la semana que pasó, pareciera ligado a la posibilidad de que Cristina Fernández consiga la reelección. Otro panorama con seguridad diferente, aunque desconocido, se abriría en caso de una victoria opositora.
La oposición constituye todavía un mosaico, un verdadero enigma.
Cristina llegó en el 2007 al poder con un discurso que prometía moderación. Sedujo con la famosa inserción de nuestro país en el mundo, superada la gran crisis, que jamás cumplió. Su gestión dio un viraje y se radicalizó, en especial, desde el conflicto con el campo.
Nunca volvió de esa política de confrontación.
Sólo varió su estilo luego de la muerte de Néstor Kirchner y del impacto que provocó en el humor social.
¿Por qué razón no podría aguardarse otro giro, en sentido inverso, si llegara, en efecto, a conseguir la reelección?
Por tres motivos:
> difícilmente se animaría a cambiar después de remontar la cuesta que significó la dura derrota del 2009;
> la supuesta victoria sería adjudicada sólo a las virtudes políticas y no –como ya sucedió en el 2007– también a las orfandades de la oposición;
> la construcción del sistema de poder que rodea a Cristina –que ella acicatea– está pensado para la radicalización y no para un tiempo de mayor armonía colectiva.
Hay figuras que son también emblemas premonitorios.
La embestida y el protagonismo incesante de Hugo Moyano. La transa con Carlos Menem, que desnuda intenciones de mantener paralizado el Congreso y consagrar impunidad. Algo similar a lo que sucedió con Ramón Saadi para permitirle al kirchnerismo alcanzar el triunfo en Catamarca.
El floreo de Hugo Chávez, al tiempo que se mantiene irresuelto un pleito increíble con Barack Obama, denunciaría dónde están los intereses y las comodidades del Gobierno en materia de política exterior.
El regreso a la escena del piquetero Luis D’Elía, respaldado en un acto, entre otros, por el ministro Carlos Tomada, podría anticipar otro rumbo profundo de la política internacional.
El juez Daniel Rafecas, a quien el kirchnerismo siempre elogia, advirtió sobre un supuesto financiamiento de Irán a las actividades de D’Elía.
Las dudas empiezan a derramarse sobre si el Gobierno seguirá insistiendo con la responsabilidad de ex jerarcas iraníes por los atentados en la AMIA y la Embajada de Israel.
¿No pudo ser también otro anticipo del futuro, acaso, el bloqueo que ocurrió el domingo pasado en las plantas impresoras de los diarios Clarín y La Nación?
(…) La Presidenta le sacó el cuerpo público al conflicto planteado por el bloqueo. Pero nadie puede suponer que Garré y Tomada actuaron como actuaron sólo por decisión propia. La idea de circunscribir el acto de censura a un problema sindical formó parte de una elaboración previa y conjunta.
Cuando la cuestión amagó con transformarse en un incendio, Cristina regresó al libreto político que viene ejecutando desde que murió Kirchner. El que la exhibe siempre como moderadora. Hizo saber que le había ordenado al ministro de Trabajo solucionar rápido el pleito con Clarín. Avaló también el repudio al bloqueo que votó el Senado a partir de un proyecto oficialista. Diputados no pudo decir nada por dos motivos: carece allí de número para hacer prevalecer cualquier iniciativa; no podía permitir una sesión en la que el arco opositor tratara la suba del mínimo no imponible que la Presidenta se reservó para anunciarlo ella, como una manera de prolongar la tregua que mantiene con Moyano. Mucho marketing para ocultar las verdaderas intenciones. (…)".
Pero hay que regresar a los pensadores del kirchnerismo para conocer su punto de vista sobre la coyuntura.
Soledad Salinas entrevistó al gurú del populismo demagógico en su versión más berreta, Alberto Laclau, y lo publicó en el kirchnerista diario Tiempo Argentino:
(…) –¿Qué análisis le merece el actual discurso de la derecha?
–El discurso de la derecha es tratar de oponer la movilización popular a las instituciones y presentar toda movilización popular como potencialmente autoritaria y opuesta al orden institucional dado. Lo que nunca aparece es una reflexión acerca de por qué el orden institucional es como es, por qué este orden no es neutral y sólo refleja el equilibrio de fuerzas sociales en un país determinado. La cuestión es que si uno quiere un proceso de cambio, necesariamente va a tener que alterar la formas institucionales vigentes. No alterarlas de una manera autoritaria ni antidemocrática, pero sí ponerlas en cuestión tal como existen. En la Argentina ha existido por muchos años un régimen clientelista de tipo conservador en el que los caudillos locales manejaban a las masas sin darles ninguna participación. Entonces, cuando se produce ese levantamiento de masas empiezan también a alterarse las formas institucionales que habían existido hasta ese momento. Ahora, todo el juego del discurso de la derecha es plantear que las instituciones tal como existen son el orden institucional sagrado de la sociedad, y que entonces todo proceso de cambio puede ser dejado de lado con una tendencia populista de carácter autoritario. Pero a ese juego ya estamos acostumbrados.
(…) –Otra vez la sociedad se moviliza y expresa. Los jóvenes tienen otra presencia en la esfera política. ¿Estas ganas de participar se la debemos al kirchenerismo?
–En efecto, esta es una de las grandes victorias del kirchnerismo. Frente a los que dicen que se ha tratado de un autoritarismo que manipula a la voluntad popular, se produjo la incorporación de varios sectores al quehacer colectivo. Hay un populismo en el buen sentido del término, es decir, la creación de una identidad popular global, pero al mismo tiempo esto se hace a partir de una pluralidad de procesos de participación que son profundamente autónomos.
–A veces se suele malinterpretar el concepto “populismo”.
–Si uno busca ejemplos en otros países existen populismos autoritarios, pero son cada vez menos populistas. Por ejemplo Zimbawe, con Mugabe, es un régimen que usa lemas populistas, pero lo único que movilizan son grupos armados de pandillas ligadas al Estado. La participación popular es mínima. Por otro lado, en África hubo otros procesos de un populismo más auténtico, donde la voluntad popular se ha multiplicado y se ha expresado, por ejemplo el régimen de Nyerere en Tanzania. Y cuando uno ve este tipo de alternativas, decir que en la Argentina hay un populismo autoritario es tan absurdo como sostener que los marcianos gobiernan Washington."
¿Y qué dicen los presidenciables opositores?
Jaime Rosemberg entrevistó a Mauricio Macri en el diario La Nación:
"(…) -Ha hablado de un amplio acuerdo opositor. ¿Cuán grande podría ser? ¿Cuál es el límite?
-El límite es la sensatez, el compromiso democrático, el reconocer que con la ausencia de esos valores, la violación sistemática de la ley, el bloqueo a la libertad de prensa y opinión, la violencia, no hay soja ni Brasil que nos salve.
-¿Negociaría con la UCR?
-Sí. Creo en la frase de Ernesto Sanz, en la que él dice que con el radicalismo se puede empezar, pero que con la UCR sola no alcanza. Tenemos que hacer un gran acuerdo que le demuestre a la gente que como mínimo vamos a tener un compromiso con la gobernabilidad.
-¿Y como máximo?
-El objetivo de máxima es unificar todo en una única propuesta presidencial.
-¿Y si esa propuesta incluyera su postulación en la Ciudad?
-Hablé de un acuerdo con generosidad, de compromiso y amor por la patria. Si convoco a una mesa, no voy con imposiciones. Me siento con capacidad de liderar, pero en esa mesa seré uno más.
-La oposición parece deshilachada. ¿Sirve para algo la interna del PJ disidente?
-Si la hacen, les debe servir.
-¿Y cómo está el diálogo con ese sector?
-Ellos están en un proceso interno del cual Pro no es parte.
-En Chubut hubo irregularidades y Das Neves parece haber quedado golpeado…
-Creo que allí perdieron todos; ésta es una muestra del deterioro institucional en el que nos ha sumido el kirchnerismo. Esta negativa a evolucionar en sistemas electorales más transparentes, cuando menos en la boleta única, es notable.
-Pero se acusa al sector de Das Neves por las irregularidades.
-No tengo los elementos para opinar de eso. Pero no le han hecho ningún favor a la democracia; ha contribuido a lo que considero el peor momento de la democracia desde 1983. El riesgo de ser como Venezuela es cada vez mayor.
-¿El peronismo disidente formaría parte de esa alianza que usted propone?
-Hablo de un acuerdo con todos los que quieran defender la democracia frente al avance autoritario. (…)".

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