"Los abusos de poder del Gobierno son intolerables" afirmó González Fraga
Javier González Fraga asevera que no será el ministro de Economía en las sombras en un eventual gobierno de Ricardo Alfonsín.
En rigor, su ambición no se limita a un solo ministerio, sino que va más allá. "El día que acepté la candidatura a vicepresidente yo le pedí una sola cosa a Alfonsín: tener un papel activo en la lucha contra la pobreza. Este objetivo excede un área puntual del Gabinete; abarca todas. Alfonsín aceptó", relata González Fraga, en una entrevista con La Nacion.
Este economista independiente enfatiza que sólo el radicalismo es capaz de resolver lo que, a su juicio, constituye "el mayor déficit del país": el problema institucional.
La falta de confianza y de reglas claras inhibe nuevas inversiones en el país, con lo que la producción se estanca, advierte; esto agrava la inflación y, por ende, el problema de la pobreza con todos los flagelos que ésta conlleva: la inseguridad, la droga y la marginalidad.
"Hay que solucionar la pobreza por varios motivos. El primero y obvio es porque hay un prójimo que sufre. Además, porque afecta la calidad de la democracia convirtiéndola en una democracia clientelar , en la que la pobreza se convierte en funcional a un partido", señaló González Fraga. "Solucionar la pobreza sería un excelente negocio económico: Brasil está creciendo por haber incorporado 30 millones de personas que estaban excluidas al mercado", explicó.
El compañero de fórmula de Alfonsín vislumbra un nuevo escenario tras las elecciones. "No tengo duda: cuando cambie el signo político, la Argentina se va a poner de moda para las inversiones". Y afirmó que "muchos amigos del Gobierno están con sus empresas en venta; buscan socios porque quieren hacer la caja y desaparecer, conscientes de que al mínimo cambio de viento político, tendrán problemas".
-¿Se puede erradicar la pobreza en una gestión de gobierno?
-Sí, al menos se puede empezar a hacerlo, pero para eso hay que tomar la decisión política. Hay que romper el círculo vicioso que genera cada vez más pobres y, como primera medida, deben destinarse más recursos a la vivienda, a la desnutrición infantil, a la educación.
-Pero este gobierno dice haber invertido más que ningún otro en esas áreas y la pobreza no baja.
-Son anuncios huecos sin efectividad. El caso Schoklender es un claro ejemplo. Las viviendas se transformaban en Ferraris y en aviones.
-El problema, entonces, es una mala asignación de los recursos públicos?
-Exacto. El Gobierno tomó decisiones de gasto público insólitas, destinando subsidios que no siempre van a los pobres, sino que en muchos casos benefician a los más ricos.
-De todas maneras, da la sensación de que la gente no cuestiona el rumbo económico porque sigue consumiendo. ¿Hay que enfriar el consumo?
-No, el consumo es muy bueno. Pero, además, hay que convencer a los empresarios para que inviertan y abastezcan con más producción. Sólo así se frena la inflación.
-¿Cuál es el índice de inflación que debería tener nuestro país?
-Las inflaciones tolerables son inferiores al 10 por ciento anual. Pero no podemos aspirar a bajar el veintipico por ciento de inflación real que hay hoy a un dígito rápidamente. Debemos conducir las políticas de ingresos, de tarifas, la política monetaria y cambiaria a un sendero de reducción gradual. No se necesitan ajustes; eso es un cuento. El mundo ha controlado la inflación sin recesión.
-Lo paso al plano político. ¿Qué opina de la candidatura presidencial de Binner?
-Yo le tengo un enorme aprecio y lamento que no esté el socialismo en este espacio. Sospecho que la razón no es [Francisco] De Narváez, como dicen; creo que los socialistas están convencidos de que Cristina Kirchner gana y actúan en consecuencia. La UCR está convencida de que Alfonsín puede ganar y por eso también actúa en consecuencia, con una apertura hacia independientes como yo, que reclamamos un restablecimiento de los valores institucionales.
-¿Por qué cree que la UCR puede lograr ese objetivo?
-Porque está mucho mejor posicionada que otros partidos para hacerlo. Porque tiene una tradición en la lucha por los valores institucionales; esto es muy caro a su ideología. Además, está menos dispuesta, por suerte, a entrar en negociaciones que garanticen impunidad. Creo que es la hora de un fortalecimiento moral, de un escarmiento moral. Porque los abusos de poder de este gobierno han sido intolerables.
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