Cristina y Macri pasaron de la confrontación a la alianza táctica
El de Mauricio Macri y Cristina Kirchner es, hoy, un matrimonio por conveniencia. La jefa de Estado eligió al jefe de Gobierno como su “enemigo”, desechando al resto de los opositores. Macri no apoyó a ninguno de los rivales presidenciales (y difícilmente lo hará en octubre). Tampoco la criticó en la campaña local. CFK no se jugó por su candidato Daniel Filmus y no participó en ningun acto. El resultado: los dos se felicitaron mutuamente. Primero ella a él por el ballottage porteño, donde el líder del PRO se impuso por 27 puntos de diferencia. Después él a ella por la abrumadora victoria en las primarias. Bajaron el tono de la confrontación e hicieron acuerdos subterráneos. Macri propondrá una oposición “light” e ideológica. El kirchnerismo recogerá el guante.
Dos ministros de Macri reconocieron a PERFIL que en las últimas semanas se han intensificado los contactos entre ambas administraciones, en principio para trabajar sobre obras públicas. En la vereda kirchnerista reconocen que no quieren confrontar por un tiempo. Así responden a una demanda de parte de la clase media, que votó a ambos en un extraño cruce electoral.
El jueves hubo un gesto claro y abierto que va en sintonía con una buena relación. El ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, destacó en el diario Página/12 afín al Gobierno nacional las políticas sociales kirchneristas y el crecimiento económico. También cuestionó con dureza a la oposición, a la que le pidió “hablar menos y escuchar más”. Ayer, en la agencia estatal Télam apareció una sugestiva nota sobre el futuro de Macri, sin cuestionamientos, algo que no es habitual en ese medio de comunicación.
Macri no es ingenuo: la estrategia de una relación armoniosa le servirá para pararse como el principal referente de la oposición de cara a 2015. Los dos saben que tendrán que convivir otros cuatro años. Ninguno de los dos tiene reelección. Y no se interponen, porque uno se presenta como espacio de centroderecha y el otro como de centroizquierda.
Después del avance de la “ola amarilla” en la Capital Federal, la Rosada entendió que debía bajar los decibeles. El domingo 31 de julio, con los resultados puestos, CFK llamó a Macri para reconocer el triunfo. Buscó no alterar al posible voto cruzado. “Estaba en calzoncillos, en mi casa, preparando mi último discurso cuando recibí el llamado de la Presidenta”, precisó Macri. Ella, con sutileza y sonrisas, le devolvió la gentileza. Fue el lunes, después del arrollador triunfo K en las primarias. “Me llamó, sí. Le pregunté cómo estaba vestido, porque vieron lo que pasó la otra vez… Me confesó que lo agarraba medio desvestido de nuevo, en bermudas, porque estaba en un crucero por las costas italianas. Suertudo él”, disparó Cristina desde el Salón Sur de la Casa Rosada.
El macrismo necesita del Gobierno, sobre todo para poder lucir más su gestión. Un ejemplo es la autorización de créditos internacionales, que depende del Ministerio de Economía de la Nación.
Sintonía. Algunos de los guiños entre el Gobierno nacional y el porteño se plasmaron en estos días. El miércoles, Cristina anunció la llegada de una empresa de informática, Banghó, al polo tecnológico que creó Macri en Parque Patricios. En el acto había funcionarios nacionales y locales. El jueves, el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, anticipó la creación de un fideicomiso para financiar el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, una obra de 2.100 millones de pesos que fue adjudicada a Calcaterra, una empresa de cuño macrista. Está previsto que la semana que viene, CFK anuncie una inversión millonaria para renovar la flota de transporte de colectivos de la Capital Federal.
Además, Macri dispuso crear un Ministerio de Gobierno para su segundo mandato. Ese lugar, un cargo puramente político, estará a cargo de Emilio Monzó, quien fue ministro de Asuntos Agrarios de Daniel Scioli. Monzó, además de peronista, es amigo personal de Florencio Randazzo, y tiene buena relación con otros funcionarios kirchneristas e intendentes del Conurbano.
Otro nexo es el que mantienen los dos íntimos amigos de Macri, Nicolás Caputo y José Torello (quien además es el apoderado de PRO), con empresarios vinculados al Gobierno. Caputo SA tiene obras con el Ministerio de Planificación Federal. Una de ellas es la renovación del Hospital Nacional Posadas, por más de $ 170 millones.
Intervinieron, según las versiones, cuando a fines de 2008 Macri intentó firmar un nuevo convenio por el juego en la Ciudad, que beneficiaría a Cristóbal López. El contrato se cayó pero antes de estas elecciones porteñas, Macri renovó el que une a la Lotería con el Hipódromo y el Casino Flotante, controlados por López.